jueves, 17 de enero de 2019

ANTONIO, ASCETA Y MAESTRO

Francisco de Zurbarán. San Antonio Abad

En su célebre Vita Antonii, San Atanasio nos ha dejado un grandioso retrato de San Antonio Abad, uno de los más ilustres eremitas de la historia de la Iglesia, muerto en el año 356, con más de 100 años.  Entrenado en el rigor del desierto y victorioso de las innumerables asechanzas que el demonio le tendía, en el corazón de Antonio se albergó desde joven un profundo amor a la Iglesia y a su fe. Como prueba de ello, Atanasio nos muestra la fortaleza con que Antonio siempre rehuyó el trato con los herejes, pues «pensaba y enseñaba que amistad y asociación con ellos perjudicaban y arruinaban su alma».

«E
n asuntos de fe, su devoción era sumamente admirable. Por ejemplo, nunca tuvo nada que hacer con los cismáticos melecianos, sabedor desde el comienzo de su maldad y apostasía. Tampoco tuvo ningún trato amistoso con los maniqueos ni con otros herejes, a excepción únicamente de las amonestaciones que les hacía para que volvieran a la verdadera fe. Pensaba y enseñaba que amistad y asociación con ellos perjudicaban y arruinaban su alma. También detestaba la herejía de los arrianos, y exhortaba a todos a no acercárseles ni a compartir su perversa creencia. Una vez, cuando unos de esos impíos arrianos llegaron donde él, los interrogó detalladamente; y al darse cuenta de su impía fe, los echó de la montaña, diciendo que sus palabras eran peores que veneno de serpientes.
Cuando en una ocasión los arrianos esparcieron la mentira de que compartía sus mismas opiniones, demostró que estaba enojado e irritado contra ellos. Respondiendo al llamado de los obispos y de todos los hermanos, bajó de la montaña y entrando en Alejandría denunció a los arrianos. Decía que su herejía era la peor de todas y precursora del anticristo. Enseñaba al pueblo que el Hijo de Dios no es una creatura ni vino al ser "de la no existencia," sino que "Él es la eterna Palabra y Sabiduría de la substancia del Padre. Por eso es impío decir: 'hubo un tiempo en que no existía', pues la Palabra fue siempre coexistente con el Padre. Por eso, no se metan para nada con estos arrianos sumamente impíos; simplemente, 'no hay comunidad entre luz y tinieblas' (2 Co 6,14). Ustedes deben recordar que son cristianos temerosos de Dios, pero ellos, al decir que el Hijo y Verbo de Dios Padre es una creatura, no se diferencian de los paganos 'que adoran la creatura en lugar del Dios creador' (Rm 1,25). Estén seguros de que toda la creación está irritada contra ellos, porque cuentan entre las cosas creadas al Creador y Señor de todo, por quien todas las cosas fueron creadas" (Col 1,16).
Todo el pueblo se alegraba al escuchar a semejante hombre anatemizar la herejía que luchaba contra Cristo. Toda la ciudad corría para ver a Antonio. También los paganos e incluso los mal llamados sacerdotes iban a la Iglesia diciéndose: "Vamos a ver al varón de Dios," pues así lo llamaban todos» (San Atanasio, Vida de San Antonio, c. 9).

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