jueves, 19 de enero de 2017

TERRIBILIS DUBIUM

En un agudo e irónico twitter del pasado 5 de enero, el Cardenal Napier se interrogaba:

«Si los occidentales en situaciones irregulares pueden recibir la comunión, ¿hemos de decir a nuestros polígamos y otros “inadaptados” que a ellos también se les permite?»

Con gran sentido común el Card. Napier ha puesto sobre el tapete la espantosa duda que suscita la ambigüedad latente de algunos párrafos de Amoris Lætitia. Cierto; pues si un católico divorciado y vuelto a casar, sin intención de guardar continencia, puede acceder a la sagrada Comunión, ¿hay alguien que no pueda hacerlo?

Twitter orignial aquí

domingo, 15 de enero de 2017

JESUCRISTO, EL CORDERO DE DIOS

Leemos en el evangelio de este domingo las palabras con que el Bautista presentó a Jesucristo a las muchedumbres que acudían a él para bautizarse en el Jordán: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29). Tomás de Aquino, en su comentario al Evangelio de San Juan, nos ofrece una hermosa y profunda exégesis sobre la conveniencia del nombre de Cordero para señalar al Redentor. Dice el Doctor Angélico:

« ¿Por qué entonces, el Bautista, dando testimonio de Cristo nombró especialmente el cordero? La razón de esto es que, como se dice en Números (28, 3 ss.), aunque se llevaran a cabo otros sacrificios en el templo en los demás tiempos, sin embargo uno era cotidiano, en el cual se ofrecía continuamente un cordero a la mañana y otro al atardecer; y esto no se modificaba nunca sino que era cumplido como principal, en cambio otros por añadidura. Y por esto mediante el cordero, que era el sacrificio principal, se significa a Cristo que es el sacrificio principal. Pues aunque todos los santos que padecieron por la fe de Cristo sean de provecho para la salvación de los fieles, sin embargo no logran esto sino en tanto que son inmolados sobre la inmolación del Cordero (super oblationem agni), como una oblación añadida al sacrificio principal…»
«Mas se llama a Cristo Cordero primeramente por su pureza, como se dice en Éxodo 12, 5: el cordero será de un año, sin mancha… Y Pedro señala en I pt 1, 16: no fuisteis redimidos por el oro o la plata corruptibles… En segundo lugar [se llama a Cristo Cordero] por la mansedumbre, según la descripción de Isaías (53, 7): como cordero mudo ante quien lo degüella… En tercer lugar [se llama a Cristo Cordero] por lo que nos proporciona. En efecto, como se dice en Proverbios (27, 26) 'los corderos te dan tu vestimenta. Y esto en cuanto a la indumentaria; pues pasando de la figura a la realidad, el Apóstol dice a los Romanos (13, 14): revestíos del Señor Jesucristo. Luego por el alimento, pues como dice el Señor más abajo (Juan 6, 52): mi carne es vida del mundo. Y esta es la razón por la que Isaías (16, 1) rogaba: envía, oh Señor, el cordero dominador de la tierra» (Santo Tomás de Aquino In Io I lect 14, n° 257-258)

jueves, 12 de enero de 2017

MISA TRADICIONAL Y DESEO DE DIOS

«Queridos sacerdotes, intentad redescubrir la Misa tradicional»

Publicamos en español un extracto de la homilía que Don Rinaldo Bombardelli, sacerdote italiano rector de la iglesia de la Santissima Annunziata en Trento, pronunció el pasado 29 noviembre de 2016. El padre Bombardelli celebra todos los domingos y fiestas de precepto la Misa tradicional en dicho templo. El texto íntegro de la homilía ha sido publicado en la Carta n° 575, del 2 de enero de 2017 por Paix liturgique.
Fuente: paixliturgique.

Hermanos y Hermanas:

«Nuestra hermosa fe católica nos ofrece la posibilidad de poder escuchar la palabra viva del Evangelio, por medio del magisterio milenario de la Iglesia, en la firmeza de la doctrina, por la gracia de los sacramentos, la oración y la liturgia.

Y a propósito de liturgia, precisamente en esta iglesia dedicada a María Santísima de la Anunciación, en Trento, –y sin ocultar una pizca de orgullo por pertenecer a esta iglesia de Trento que ha tenido el honor de hospedar, a pocos metros de dónde os estoy hablando, uno de los más grandes concilios de la historia de la Iglesia, el Concilio de Trento, concilio que ha llevado a cabo una inmensa reforma en la Iglesia protagonizada por una multitud de Santos y Santas–, tenemos la gracia de poder celebrar aquí todos los domingos la Santa Misa según el rito antiguo.

Ahora bien, esta liturgia contiene, en sus silencios, en su carácter sagrado, en la centralidad que otorga al Sacrificio de Jesús sobre la Cruz, la respuesta a aquel Quærere Deum, ese buscar a Dios, al que me refería al principio. Es una liturgia que atrae mucho a los jóvenes, aunque esto pueda parecer increíble.

En realidad, y aquí me permito dar un consejo a mis hermanos sacerdotes que ahora me escuchan: nosotros hemos intentado de muchos modos atraer a las jóvenes generaciones a la iglesia y la Santa Misa. Recuerdo de pequeño las “misas beat”, después también las “misas rock” o las misas caracterizadas por particulares y hasta extravagantes modos de atraer a los jóvenes. Lo hemos hecho de buena fe, quizá con grandes expectativas pero que a menudo nos han dejado decepcionados.

Queridos hermanos sacerdotes, intentad redescubrir la Santa Misa antigua que, además de ser un extraordinario alimento para nuestra espiritualidad sacerdotal, ella también atrae, y mucho, a los jóvenes. Sucede en todo el mundo, y también aquí. ¿Por qué no debería suceder también entre vosotros? 

El mundo necesita de Dios. Las naciones buscan a Dios. La Iglesia puede y debe ofrecer a Dios. Es nuestra tarea, es nuestro preciso deber, y al mismo tiempo es la alegría que llena nuestra vida. Esa alegría que tiene un nombre preciso: Jesucristo, el Hijo de María Santísima».

lunes, 9 de enero de 2017

¿Y DE DÓNDE TANTA ADMIRACIÓN POR LA REFORMA?

Desearía estar equivocado, pero me temo que tras la efervescencia ecuménica de algunos católicos -casi siempre minorías clericales de salón- por festejar los 5oo años de la Reforma, más que el deseo de exaltar a los corifeos del protestantismo, se oculta una solapada y quizá hasta inconsciente celebración: la de la propia y personal apostasía.

Al respecto me parece necesario tener presente, tal como lo señalara Maritain en su obra Tres reformadores, que Lutero representa el advenimiento del yo sobre cualquier otra realidad. «El infeliz –dice el pensador francés- cree no confiar ya en sí mismo, sino solamente en Dios. Sin embargo, al no admitir que el hombre pueda participar realmente y en su interior de la justicia de Jesucristo y de su gracia –que, según él, permanece siempre fuera de nosotros, que no puede producir en nosotros ningún acto vital–, se cierra entero, para siempre, en su yo; se aparta de cualquier otro punto de apoyo, excepto su yo; erige en doctrina lo que es principalmente la catástrofe de su perfección personal; sitúa el centro de su vida religiosa, no en Dios, sino en el hombre. En el momento en que, después de las borrascas desencadenadas por la cuestión de las indulgencias, levanta en el mundo su yo contra el Papa y contra la Iglesia, ha acabado de derrumbarse su vida interior dentro de él». Y más adelante concluye: «…el inmenso desastre que fue para la humanidad la Reforma protestante no es más que el efecto de una prueba interior que resultó mal en un religioso sin humildad… «En sus orígenes y en su causa, el drama de la Reforma ha sido un drama espiritual, un combate del espíritu». (Jacques Maritain, Tres Reformadores, Ed. Encuentro, Madrid 2008, p. 17-18).

viernes, 6 de enero de 2017

ORO, INCIENSO Y MIRRA

Recojo esta piadosa consideración de Fray Luis de Granada sobre el misterio de la Epifanía del Señor.

"¡Oh maravillosa niñez!, a cuyos pañales velan los Ángeles, sirven las estrellas, temen los reyes y se inclinan en tierra los seguidores de la sabiduría. ¡Oh bienaventurada choza! ¡Oh silla de Dios, segunda del Cielo, adonde no resplandecen antorchas encendidas, sino resplandecientes estrellas! ¡Oh palacio celestial!, donde no mora rey coronado, sino Dios humanado, que tiene por estrado real un duro pesebre y por palacios dorados una choza ahumada, pero adornada y esclarecida con resplandor celestial.
Después de esto nos queda por mirar la ofrenda con que estos santos varones acompañaron su fe, reconociendo que la fe no ha de ser sola y desnuda, sino acompañada con buenas obras. Y considerando más profundamente el misterio de esta ofrenda, hallaremos que en ella nos está significada la suma de toda la justicia cristiana. Porque tres son las principales cosas que comprende esta justicia. La primera es hacer el hombre lo que debe para con Dios; la segunda, para consigo, y la tercera, para con su prójimo. Y con todo esto cumple el que espiritualmente ofrece las tres especies que estos Santos ofrecieron.
Porque por el incienso entendemos la oración, que es obra de la virtud de la religión, a la cual pertenece adorar y honrar a Dios. Por lo cual decía el Profeta: «Suba, Señor, mi oración así como incienso» (Sal 140,  2). Porque así como el incienso sube a lo alto con suavidad de olor, así la oración sube de la tierra al Cielo con grande suavidad y aceptación de Dios.
Mas por la mirra que, por una parte, es muy amarga y, por otra, muy saludable y de muy suave olor, entendemos la mortificación de nuestros apetitos y pasiones, la cual es muy amarga a nuestra carne, mas muy saludable y muy suave a nuestro espíritu.
Por el oro entendemos la caridad, porque así como el oro es el más precioso de los metales, así la caridad es la más excelente de las virtudes.
Pues, según esto, el que quisiere hacer lo que debe para con Dios, ofrézcale incienso, que es un corazón devoto y levantado siempre de la tierra al Cielo por consideración y memoria de su santo nombre, porque esto es ofrecer incienso, cuyo olor sube siempre a lo alto.
Mas el que quisiere hacer lo que debe para consigo, ofrezca mirra de mortificación, castigando su carne, refrenando su lengua, recogiendo sus sentidos y mortificando todos sus apetitos, porque ésta es mirra de suavísimo olor ante el acatamiento de Dios, aunque sea muy desabrida y amarga a nuestra carne.
Pero el que además de esto desea cumplir con sus prójimos, ofrezca oro de caridad partiendo lo que tiene con los necesitados, sufriendo y perdonando con caridad a los descomedidos y tratando benignamente a todos. De suerte que el que quisiere ser perfecto cristiano ha de trabajar por traer siempre en un corazón tres corazones: uno para con Dios, otro para consigo y otro para con su prójimo; conviene saber: un corazón de­votísimo y humildísimo para con Dios, otro muy áspero y muy severo para consigo y otro liberalísimo y benignísimo para con su prójimo.
Bienaventurado el que adora la Trinidad en unidad, y bienaventurado. el que tiene estas tres maneras de corazones en un corazón.
Después de esto puedes considerar la alegría que la Sagrada Virgen recibiría en este paso, viendo la devoción y fe de estos santos varones, y levantando los ojos a las esperanzas que aquellas tan dichosas primicias prometían, y viendo este nuevo testimonio de la gloria de su Hijo sobre los otros que habían precedido, que eran: hijo sin padre, virgen y madre, parto sin dolor, cantar de Ángeles, adoración de pastores y ahora esta ofrenda de personas tan principales venidas del cabo del mundo.Pues ¿cuáles serían aquí las alegrías de su alma, las lágrimas de sus ojos, los ardores y júbilos de su corazón, mayormente viendo que ya comenzaba a reinar el conocimiento de Dios en el mundo y fundarse la Iglesia y cumplirse todas las maravillas que estaban profetizadas? Pues la que tanto deseaba la gloria de Dios y la salud de las almas, ¿qué tanto se alegraría con las primicias de esta tan grande obra? Si tanto se alegró su espíritu con las promesas de estas maravillas, ¿cuánto se alegraría con tan, prósperos principios y prendas de ellas?" (Fray Luis de Granada, Vida de Jesucristo, Ed. Rialp, Madrid 1990, c. VI De la Adoración de los Magos, p. 42-43).

jueves, 5 de enero de 2017

DEO GRATIAS

«El movimiento por la restauración 
de la misa tradicional es obra
del Espíritu Santo, y es imparable»
(Mons. Schneider)


martes, 3 de enero de 2017

LETANÍAS EN HONOR DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

Un Niño nos ha nacido y un Hijo se nos ha dado;
tiene sobre sus hombros el imperio
y será llamado Ángel del gran consejo
(Is 9.6)

Kýrie, eléison.
Christe, eléison.     
Kýrie, eléison.
Iesu, audi nos.
Iesu, exáudi nos.    

Pater de cælis, Deus, miserere nobis.           
Fili, Redémptor mundi, Deus,                
Spíritus Sancte, Deus,                   
Sancta Trínitas, unus Deus,        

Iesu, Fili Dei vivi, miserere nobis.
Iesu, esplendor Patris,
Iesu, candor lucis æternae,
Iesu, rex glóriæ,
Iesu, sol iustítiæ,
Iesu, Fili Maríae Vírginis,
Iesu, amábilis,
Iesu, admirábilis,
Iesu, Deus fortis,
Iesu, pater futúri sæculi,
Iesu, magni consílii ángele,
Iesu potentíssime,
Iesu patientíssime,
Iesu oboedientíssime,
Iesu, mitis et húmilis corde,
Iesu, amátor castitátis,
Iesu, amátor noster,
Iesu, Deus pacis,
Iesu, auctor vitæ,
Iesu, exémplar virtútum,
Iesu, zelátor animárum,
Iesu, Deus noster,
Iesu, refúgium nostrum,
Iesu, pater paúperum,
Iesu, thesáure fidélium,
Iesu, bone pastor,
Iesu, lux vera,
Iesu, sapiéntia ætérna,
Iesu, bónitas infiníta,
Iesu, via et vita nostra,
Iesu, gáudium Angelórum,
Iesu, rex Patriarchárum,
Iesu, magister Apostolórum,
Iesu, doctor Evangelistárum,
Iesu, fortitúdo Mártyrum,
Iesu, lumen Confessórum,
Iesu, púritas Vírginum,
Iesu, coróna Sanctórum ómnium,
Propítius esto, parce nobis, Iesu.           
Propítius esto, exáudi nobis, Iesu.
Ab omni malo, líbera nos, Iesu. 
Ab omni peccato,
Ab ira tua,
Ab insídiis diáboli,
A spíritu fornicationis,
A morte perpétua,
A negléctu inspiratiónum tuárum,
Per mystérium sanctæ incarnatiónis tuae,
Per nativitátem tuam,
Per infántiam tuam,
Per diviníssimam vitam tuam,
Per labóres tuos,
Per agóniam et passiónem tuam,
Per crucem et derelictiónem tuam,
Per languóres tuos,
Per mortem et sepultúram tuam,
Por resurrectiónem tuam,
Por ascensiónem tuam,
Por sanctíssimæ Eucharistiæ institutiónem tuam,
Per gáudia tua,
Por glóriam tuam,

Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, parce nobis, Dómine.      
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, exáudi nos, Iesu.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, miserére nobis, Iesu.       

Iesu, audi nos.
Iesu, exáudi nos.

Oremus.
Dómine Iesu Christe, qui dixísti: Pétite et accipiétis; quaérite et inveniétis; pulsáte et aperiétur vobis: quaésumus, da nobis peténtibus diviníssimi tui amóris afféctum, ut te toto corde, ore et ópere et diligámus et a tua numquam laude cessémus.
Sancti Nóminis tui, Dómine, et timórem páriter et amórem fac nos habére perpétuum: quia numquam tua gubernatióne destítuis, quos in soliditáte tuae dilectiónis instítuis. Qui vivis et regnas en saécula saeculórum. Amén.
(Indulgentia partialis, Ench. Indul. n° 29.)