lunes, 24 de julio de 2017

LA IGLESIA Y SU DEBER PARA CON EL LATÍN


Publico la traducción castellana de un sugerente artículo del padre David Friel sobre los lazos que atan la Iglesia y la lengua latina. Inspirado en un texto de Juan Pablo II, el Padre Friel hace un planteamiento ingenioso de las relaciones entre la Iglesia y el latín: no nos recuerda tanto los beneficios del latín, sino que nos invita a pensar sobre los deberes que la Iglesia guarda para con esta lengua señera que ha acompañado su vida desde los orígenes. El interés con que hoy tantas naciones y culturas tratan de rehabilitar y conservar sus lenguas aborígenes, contrasta con el generalizado desinterés que se observa dentro de la Iglesia por las lenguas con las que guarda vínculos históricos indisolubles.

JPII: "La Iglesia romana tiene obligaciones
especiales con el latín"

Por Fr. David Friel
Artículo original: ccwatershed.org

¿C
uál es el papel del latín en la Iglesia contemporánea? Por un lado, el latín sigue siendo el idioma oficial de la Iglesia y de su liturgia; por otra parte, el estudio del latín se abandona en gran medida y no se utiliza en la mayoría de sus ámbitos posibles.
¿Cuál debería ser el rol de la lengua latina en la Iglesia del siglo XXI?
Nos vendría bien revisar algunas palabras escritas por el Papa San Juan Pablo II en su carta del Jueves Santo de 1980. En la tercera sección de la carta, el Santo Padre aborda el tema de las "dos mesas del Señor" (Palabra y Eucaristía). El reconoce las dimensiones positivas de las lecturas en lengua vernácula introducidas después del Concilio Vaticano II: «El hecho de que estos textos sean leídos y cantados en la propia lengua, hace que todos puedan participar y comprenderlos más plenamente» (Dominicae cenae, 10).
Pero a renglón seguido, Juan Pablo II observa que la introducción de la lengua vernácula también ha causado ciertos efectos negativos. Dice al respecto:
«No faltan, sin embargo, quienes, educados todavía según la antigua liturgia en latín, sienten la falta de esta ‘lengua única’, que ha sido en todo el mundo una expresión de la unidad de la Iglesia y que con su dignidad ha suscitado un profundo sentido del Misterio Eucarístico. Hay que demostrar pues no solamente comprensión, sino también pleno respeto hacia estos sentimientos y deseos y, en cuanto sea posible, secundarlos, como está previsto además en las nuevas disposiciones» (Dominicae cenae, 10).
Luego, como restándole importancia, el Santo Padre hace una declaración portentosa: «La Iglesia romana tiene especiales deberes con el latín, espléndida lengua de la antigua Roma, y debe manifestarlo siempre que se presente la ocasión» (Dominicae cenae, 10).
Se trata, por cierto, de una declaración absolutamente extraordinaria. No dice simplemente que la Iglesia tiene una relación amistosa con el latín; no dice solamente que hay una conexión histórica entre la Iglesia y la lengua latina; tampoco dice que el latín haya sido solamente útil a la Iglesia. El tenor de esta afirmación se mueve al nivel de un «deber». La Iglesia, según San Juan Pablo II, tiene obligaciones hacia la lengua latina.
Esta visión de la relación de la Iglesia con el latín es muy diferente a la perspectiva sostenida por muchos liturgistas postconciliares. Considérese, por ejemplo, la siguiente reflexión de la obra clásica de Martimort, La Iglesia en Oración:
«Por otra parte, queda todavía lugar, por más restringido que sea, para el repertorio tradicional, testigo de la oración de las diversas generaciones  cristianas, y sobre todo para el canto gregoriano latino, que es el único que puede asegurar fácilmente la participación de todos en una asamblea internacional» (A.G. Martimort, La Iglesia en Oración. Introducción a la Liturgia, Ed. Herder, Barcelona 1987, p. 194).
Esta visión considera el latín como una cosa curiosa, si bien amable, del pasado histórico de la Iglesia. Tal enfoque me parece irónicamente miope. Martimort comienza por reconocer que el lugar del repertorio latino tradicional es bastante limitado, para terminar alabando el valor del repertorio latino en las reuniones internacionales. Esto es esencialmente una profecía autodestructiva. Si el uso del canto gregoriano va a ser generalmente reducido por ser hoy bastante «limitado», después de un período bastante corto, dejará de ser una fuente efectiva de unidad entre los fieles en las reuniones internacionales.
Parece que aquí se puede observar algo evidente; después de todo, ¿no es este el modo en que la situación se ha desarrollado durante los años transcurridos desde el concilio? El abandono extendido de la herencia musical de la Iglesia a raíz del Concilio ha dejado a generaciones enteras de católicos sin el conocimiento práctico o la experiencia vivida del canto gregoriano, de tal manera que el uso del latín en las reuniones internacionales rara vez logra ayudar a los fieles «a participar fácilmente».
El efecto natural de «limitar» el repertorio tradicional parece tan evidente, que uno se pregunta si la ignorancia generalizada del latín y del canto no se deba más bien a un proyecto.

◊     ◊     ◊

El Papa Juan Pablo II no especificó cuáles eran esas «obligaciones hacia el latín» por parte de la Iglesia cuando las mencionó en 1980. Tal vez valga la pena hacerlo ahora.

viernes, 21 de julio de 2017

EL PADRE SOSA Y LAS VIEJAS RÚBRICAS


Por fin un jesuita iunctis manibus ante pectus, con las manos juntas ante el pecho, conforme a la antiquísima rúbrica del misal romano.

jueves, 20 de julio de 2017

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL NOMBRE DE DIOS

La revelación del nombre de Dios contenida en el libro del Éxodo ha inspirado profundas reflexiones en muchos Padres y Doctores de la Iglesia. San Agustín nos ha dejado unas valiosas consideraciones sobre el misterio de Dios al meditar las respuestas que Dios da a Moisés sobre cuál es su nombre. Ser inmutable y eterno; Creador misericordioso amante de los hombres, son las principales notas que Dios ha querido revelar a su siervo Moisés. En los siguientes comentarios de San Agustín se puede apreciar una vez más, cómo su honda formación platónica y su fe profunda en la revelación divina, se funden en una armoniosa síntesis teológica al servicio de la comprensión de la fe: fides quærens intellectum.

«H
abla Dios a Moisés… Dice, pues: Yo soy el que soy; me envió el que es. Al preguntar por el nombre de Dios, se le contestó eso: Yo soy el que soy. Dirás a los hijos de Israel: El que es, me envió a vosotros. ¿Qué significa eso? ¡Oh Dios, oh Señor nuestro!, ¿cómo te llamas? Contesta: me llamo “Es”. ¿Y qué significa “Me llamo Es”? Que permanezco eternamente, que no puedo cambiar. Porque las cosas que cambian no son, pues no permanecen. ¿Qué significa permanecer? Lo que se muda fue algo y será algo; pero no es, puesto que es mudable. Luego la inmutabilidad de Dios se dignó presentarse con este vocablo: Yo soy el que soy».
¿Por qué entonces después se puso otro nombre al decir: Y dijo el Señor a Moisés: Yo soy el Dios de Abrahán. El Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Porque como Dios es inmutable, hizo todas las cosas por misericordia, y el mismo Hijo de Dios se dignó tomar carne mudable, permaneciendo en su ser Verbo de Dios, para venir y socorrer al hombre. Se dignó, pues, revestirse de carne mortal aquel que es, para que pueda decirse: Yo soy Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob». (San Agustín, Sermón VI sobre La vocación de Moisés, 4-5, Ed. BAC, Madrid 1981, Vol. VII, p. 106)

«D
ecía, pues, el ángel, y en el ángel el Señor a Moisés, cuando le preguntaba su nombre: Yo soy el que soy. Esto dirás a los hijos de Israel. El que es me envió a vosotros. Ser es vocablo de inmutabilidad. Todo aquello que cambia deja de ser lo que era y comienza a ser lo que no era. El ser es. Un ser verdadero, un ser puro, un ser auténtico no lo tiene sino aquel que no cambia. Él es el ser verdadero. De quien se dice: Todo lo cambias y se cambiará, pero tú eres siempre el mismo. ¿Qué significa: Yo soy el que soy, sino soy eterno? No soy criatura, ni cielo, ni tierra, ni ángel, ni virtud, ni trono, ni dominación, ni potestad. Siendo, pues, este nombre propio de eternidad, es mayor la dignación con que toma nombre de misericordia.
Yo soy Dios de Abrahán, y Dios de Isaac y Dios de Jacob. Aquel nombre era para él, éste para nosotros. Si él hubiese querido ser sólo en sí mismo, ¿qué seríamos nosotros?  Si entendió, o mejor, puesto que entendió cuando le dijeron: Yo soy el que soy, el que es me envió a vosotros, creyó que esa sublimidad era excesiva para los hombres, y vio que esa sublimidad distaba mucho de los hombres. Porque quien entendiere dignamente lo que es y auténticamente es, y fuere tocado por la luz de la esencia veracísima, aunque sea repentinamente como un relámpago, se ve muy inferior, muy distante, muy desemejante… Dios reanima al que desespera, pues le vio temeroso, como diciéndole: porque he dicho: Yo soy el que soy, y también: El que es me envió, has entendido qué es el ser, y has desesperado de comprenderlo. Levanta la esperanza: Yo soy Dios de Abrahán, Dios de Isaac y de Jacob. Soy el que soy, soy el mismo ser, pero de modo que quiero estar con los hombres. Así, de algún modo podremos buscar a Dios y descubrir al que es; y por cierto, no está lejos de cada uno de nosotros: pues en él vivimos, nos movemos y somos. Por lo tanto, alabemos su esencia y amemos su misericordia» (San Agustín, Sermón VII sobre La zarza que arde, 7, Id p. 117).

domingo, 16 de julio de 2017

VIRGEN DEL CARMEN BELLA

Tu gloria Ierusalem, tu lætitia Israel,
tu honorificentia populi nostri

Tú eres la gloria de Jerusalén, la alegría de Israel,
el honor de nuestro pueblo

sábado, 15 de julio de 2017

SAN BUENAVENTURA, RENDIDO POR LA CIENCIA DE LA CRUZ

Hacia el final de su opúsculo espiritual La vida mística o tratado de la pasión del Señor, San Buenaventura pone en labios de Cristo, como resumen de lo que nos ha querido enseñar con su pasión y cruz, esta conmovedora súplica: «Premia mi Encarnación y Pasión, entregándote todo a mí. Por ti me encarné, por ti padecí. Yo me di a ti; date tú a mí». Luego cierra su escrito con esta oración humilde y encendida:

«¡Oh dulcísimo buen Jesús! Padre de las lumbres de quien procede toda dádiva buena y doto don perfecto (Sant 1, 7), mira con ojos de misericordia a los que humildes te confesamos, a nosotros que verdaderamente sabemos que nada podemos hacer sin Ti; Tú, que te diste en precio de nuestro rescate, haz que, aunque menos dignos de tanto precio, nos rindamos a tu gracia íntegramente, perfectamente y en todo; y así conformados a la imagen de tu pasión, recobremos también aquella que perdimos pecando, la imagen de tu divinidad. Por nuestro Señor. Amén». (San Buenaventura, en Diez opúsculos místicos, Buenos Aires 1947, p. 347)

jueves, 13 de julio de 2017

ENLOQUECIDA POR EL AMOR


Si el Evangelista Juan pudo escribir: «hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), a Santa Teresa de los Andes se le podría atribuir, parafraseando al discípulo amado, una sentencia similar: he conocido el amor que Dios me tiene y he enloquecido por él. Solo un crecimiento vertiginoso en el amor a Dios puede explicar que un alma pura y delicada, antes de alcanzar los 20 años, fuera elevada a las más altas cumbres de la santidad y de la contemplación infusa.
Teresa desde muy joven se sintió cautivada por el Corazón de Cristo: «En este instante estoy presa por Él. Me tiene encarcelada en el horno del amor. Vivo en él, mi hermana querida. ¡Qué paz, qué dulzura, qué silencio, qué mar de bellezas encierra ese divino Corazón!». Locura es el término más apropiado para describir su vida. Al poco tiempo de entrar en el Carmelo, escribe una carta a su hermano Luis donde se halla una de sus frases célebres: «Cuando una ama, no puede hablar sino del objeto amado. ¿Qué será cuando el objeto amado reúne en sí todas las perfecciones posibles? No sé cómo puede hacer otra cosa que contemplarle y amarle. ¿Qué quieres si Jesucristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca»?
¡Cuánta razón llamar a los santos los locos de Cristo! ¡Y qué locura más razonable y dichosa!

sábado, 8 de julio de 2017

PRIMERA MISA SOLEMNE EN LA CATEDRAL DE PAMPLONA

E
n el grandioso templo de la Catedral de Pamplona, el joven sacerdote José María Egurrola, natural de Bilbao y perteneciente al Instituto del Buen Pastor, celebró su primera misa solemne en la forma extraordinaria del rito romano.  A continuación algunos momentos de la emotiva y hermosa celebración, que tuvo lugar el pasado 4 de julio.




jueves, 6 de julio de 2017

SUMMORUM PONTIFICUM, UN ACTO DE JUSTICIA

Gratias tibi o Benedicte!

Con motivo del décimo aniversario del Motu Proprio Summorum Pontificum por el que Benedicto XVI levantó las absurdas trabas que pesaban sobre el uso de la antigua liturgia, me parece interesante releer un texto extraído de las memorias del papa Ratzinger, cuya atenta lectura ayuda a comprender hasta qué punto a sus ojos Summorum Pontificum era un acto de justicia que no consentía más demora. En este aniversario agradecemos de todo corazón al papa emérito haber devuelto a la Iglesia lo que era suyo, lo que no podía dejar de pertenecerle, y que de un modo hasta entonces desconocido se le había arrebatado.

«P
ara la mayor parte de los padres conciliares la reforma propuesta por el movimiento litúrgico no constituía una prioridad; más aún, para muchos de  ellos ni siquiera era un tema a tratar. Por ejemplo, el cardenal Montini, que después, como Pablo VI, se convirtió en el verdadero papa del Concilio, al presentar su síntesis temática al comienzo de los trabajos conciliares, había dicho con claridad que él no alcanzaba a encontrar en este asunto ninguna tarea especial para el Concilio. La liturgia y su reforma se habían convertido, desde el final de la Primera Guerra Mundial, en una cuestión apremiante solo en Francia y Alemania y, de un modo más preciso, desde el punto de vista de una restauración lo más pura posible de la antigua liturgia romana; a ello se unía también la exigencia de una participación activa del pueblo en el acontecimiento litúrgico. Estos dos países, entonces teológicamente en primer plano (a los que se necesitaba añadir obviamente Bélgica y Holanda), consiguieron obtener en la fase preparatoria que se elaborase un esquema sobre la Sagrada Liturgia, que se insertaba de un modo más bien natural en la temática general de la Iglesia. Que después este texto haya sido el primero en ser examinado por el Concilio no dependió en absoluto de que creciera un interés por la cuestión litúrgica en la mayoría de los padres, sino del hecho de que no se preveía que hubiera grandes polémicas y de que, en cualquier caso, se consideraba el conjunto como objeto de un ejercicio en el que se podían aprender y experimentar los métodos de trabajo del Concilio. A ninguno de los padres se le habría pasado por la cabeza ver en este texto “una revolución” que habría significado el “fin del Medievo”, como a la sazón algunos teólogos creyeron deber interpretar…»
«En este contexto, no sorprende que la “misa normativa” que debía entrar –y entró– en el lugar del Ordo missæ precedente fuese rechazada por la mayor parte de los padres convocados en un sínodo especial en el año 1967. Que algunos (¿o muchos?) liturgistas que estaban presentes como asesores tuviesen ya desde el principio la intención de ir mucho más allá, hoy se puede deducir de algunas de sus publicaciones; no obstante, seguramente no habrían recibido el consentimiento de los padres a estos deseos» (Joseph Ratzinger, Mi vida, Ed. Encuentro, Madrid 2005, p. 119-121).

lunes, 3 de julio de 2017

CARDENAL BURKE: NO PARECE QUE LA ANTIGUA LITURGIA SEA COSA DE CARCAMALES

Cardenal R. L. Burke. Foto Fratres in Unum
Extracto de la entrevista concedida por el cardenal R. Leo Burke a la página católica Fratres in Unum, durante su reciente estancia en Brasil.
El próximo mes el motu proprio Summorum Pontificum cumple 10 años. ¿Cuál es la importancia de este documento para crecer en el amor a la Sagrada Eucaristía y cómo valora su Eminencia la recepción y aplicación que ha tenido?

«El documento es importantísimo porque después del Concilio Vaticano II se difundió la idea de una nueva liturgia, o dicho con otras palabras, una Sagrada Liturgia completamente diferente a la que la Iglesia venía celebrando durante siglos. Por ejemplo, la forma de la Santa Misa se había mantenido prácticamente sin cambios desde la época de San Gregorio Magno. Luego, sucedió que el rito de la misa fue en primer lugar acortado drásticamente, muchas de sus riquezas fueron eliminadas, y lo que volvió la situación aún peor, fueron las experiencias litúrgicas que se realizaron con el rito.
Y así, con tantas experiencias mundanas, en las que el hombre es colocado como centro, se perdió el sentido de que la misa es una acción de Cristo mismo. Es Cristo quien actúa en la Santísima Eucaristía para hacer presente sacramentalmente su sacrificio del Calvario. Así, el Papa Benedicto XVI ha expresado muy claramente en su carta a los obispos con ocasión de la promulgación del motu proprio Summorum Pontificum, que era su esperanza de que la celebración de las dos formas del único Rito Romano sirviera para restaurar el sentido de lo sagrado en la Sagrada Liturgia. Parece extraño decirlo, pero desde la promulgación del motu proprio, hubo cierta resistencia por parte de algunos obispos y sacerdotes, si bien por parte de otros obispos, sacerdotes y valerosos fieles, hubo un gran sentimiento de alegría, al ver restaurada la hermosa forma de la Misa tal como fue conocida durante siglos. Y veo, en donde voy a celebrar la forma extraordinaria de la misa, que siempre hay un gran número de fieles, entre ellos muchos jóvenes y también jóvenes familias, y esto me muestra que la forma extraordinaria del Rito Romano es importantísima para comunicar el don incomparable que es la Sagrada Eucaristía. A veces, escucho: “¡Ah, tendremos la forma extraordinaria solo hasta que todos estos viejos se mueran!”. Sí, hay personas mayores, como yo, que aman la forma extraordinaria de la Misa; pero hay muchos, muchos jóvenes que, a diferencia de mí, nunca la conocieron cuando niños, pero han llegado a conocerla ahora y están muy, pero muy vinculados a ella».

sábado, 1 de julio de 2017

SUMÉRJAME EN LA SANGRE DE CRISTO

El calendario de la forma extraordinaria del rito romano celebra hoy la fiesta de la preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Maravilloso misterio que no ha cesado de introducir a los discípulos de Cristo, comenzando por los apóstoles Pedro y Pablo, por caminos de amorosa contemplación hacia su Redentor.  La admiración de Pedro por haber sido rescatados de nuestro vano vivir «no con plata y oro corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha» (1 Pe 1, 19); la constante exaltación que Pablo hace de la sangre de Cristo como medio de nuestra justificación (Cf Rom 5, 9; Ef 1, 7); la ardiente y conocida súplica de Ignacio: «Sangre de Cristo, embriágame»; la conmovedora insistencia con que Isabel de la Trinidad pide a los sacerdotes que se acuerden de ella en el altar y sumerjan su alma en la Sangre del Cordero para que sea bautizada, bañada y empapada por esa Sangre de la que está sedienta (cf M.M. Philipon, Doctrina espiritual de sor Isabel de la Trinidad, Buenos Aires 1943, p. 1984); el ansia apostólica de Josemaría al considerar que cada alma ha costado a Cristo «toda su Sangre» (Forja n° 881), bastan para testimoniar hasta qué punto hemos de amar la Sangre redentora de Cristo y trabajar para que ni una sola gota haya sido derramada en balde.


jueves, 29 de junio de 2017

LA PÚRPURA CARDENALICIA. UNA REFLEXIÓN DEL CARDENAL RATZINGER

«En un discurso al Colegio Cardenalicio en la Sala Clementina del Vaticano, el Papa nos ha dirigido palabras muy serias. Nos ha recordado que la vestidura roja de los cardenales es símbolo de la disposición al martirio. La Iglesia lo explica con la siguiente fórmula: quien la lleva debe estar dispuesto a responder de la fe usque ad effusionem sanguinis, hasta derramar su sangre. Nos ha recordado además al cardenal inglés John Fischer, que recibió la púrpura en la cárcel, en la que ingresó por oponerse al poder del rey en favor de la Iglesia universal, de la que consideraba como único representante al Papa, al obispo de Roma. Un mes después de haber sido nombrado cardenal hubo de reclinar su cabeza sobre el patíbulo. De este modo se ha tocado un segundo aspecto de este pontificado, que, en su primer mensaje al mundo en la Capilla Sixtina, el Santo Padre vertió en el lema fidelitas (fidelidad). De esta forma, a la confrontación superficial entre conservadurismo y progreso el Papa opuso algo distinto y completamente olvidado: la fidelidad, que es creadora conservando» (Joseph Card. Ratzinger, Cooperadores de la verdad, Madrid 1991, p. 251).

lunes, 26 de junio de 2017

SAN JOSEMARÍA, AMANTE DE LA EUCARISTÍA


«Hoy, en la Misa, he recordado la primera vez que toqué al Señor, siendo diácono, en una procesión eucarística. Y le he dicho, sin ruido de palabras: Señor, que no me acostumbre a estar cerca de Ti; que te quiera como aquella vez, cuando te toqué temblando por la fe y el amor» (San Josemaría Escrivá, Palabras de un coloquio del 14 de noviembre de 1970).

jueves, 22 de junio de 2017

EN EL CORAZÓN DE JESÚS

La necesidad de buscar refugio en el Corazón de Cristo ha sido una constante en la vida de los santos. Solo si nuestras vidas están ancladas en ese Corazón Sacratísimo podremos llegar a ser objeto de las complacencias del Padre. Es el mensaje que Juan Pablo II nos ofrece en esta hermosa reflexión sobre una de las letanías del Sagrado Corazón.

«Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias.

Rezando así, particularmente ahora, en el mes de junio, meditamos en aquella complacencia eterna que el Padre tiene en el Hijo: Dios en Dios, Luz en Luz.
Esa complacencia significa también Amor: este Amor al que todo lo que existe le debe su vida: sin Él, sin Amor, y sin el Verbo-Hijo, no se hizo nada de cuanto se ha hecho. (Jn 1, 3).
Esta complacencia del Padre encontró su manifestación en la obra de la creación, en particular en la del hombre, cuando Dios “vio lo que había hecho y he aquí que era bueno... era muy bueno” (Cf Gen 1, 31).
¿No es, pues, el Corazón de Jesús ese «punto» en el que también el hombre puede volver a encontrar plena confianza en todo lo creado? Ve los valores, ve el orden y la belleza del mundo. Ve el sentido de la vida.

Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias.

Nos dirigimos a la orilla del Jordán.
Nos dirigimos al monte Tabor.
En ambos acontecimientos descritos por los evangelistas se oye la voz del Dios invisible, y es la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia. Escuchadle” (Mt 17, 5).
La eterna complacencia del Padre acompaña al Hijo, cuando Él se hizo hombre, cuando acogió la misión mesiánica a desarrollar en el mundo, cuando decía que su comida era cumplir la voluntad del Padre.
Al final Cristo cumplió esta voluntad haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, y entonces esa eterna complacencia del Padre en el Hijo, que pertenece al íntimo misterio del Dios-Trino, se hizo parte de la historia del hombre. En efecto, el Hijo mismo se hizo hombre y en cuanto tal tuvo un corazón de hombre, con el que amó y respondió al amor. Antes que nada al amor del Padre.
Y por eso en este corazón, en el Corazón de Jesús, se concentró la complacencia del Padre.
Es la complacencia salvífica. En efecto, el Padre abraza con ella ―en el corazón de su Hijo― a todos aquellos por los que este Hijo se hizo hombre. Todos aquellos por los que tiene el corazón. Todos aquellos por los que murió y resucitó.
En el Corazón de Jesús el hombre y el mundo vuelven a encontrar la complacencia del Padre. Este es el corazón de nuestro Redentor. Es el corazón del Redentor del mundo». (S. Juan Pablo II, Ángelus, domingo 22 de junio de 1986)

miércoles, 21 de junio de 2017

UN BALUARTE DEL CREADOR

Cordillera de los Andes frente a Santiago de Chile  (Junio 2017)

«Majestuosa es la blanca montaña,
Que te dio por baluarte el Señor»
(Himno nacional de Chile)

martes, 20 de junio de 2017

SACRA LITURGIA 2017. INTERVENCIÓN DEL CARDENAL BURKE

 El cardenal Burke oficiando con el rito antiguo en la capilla de Nuestra Señora 
de los Dolores (Brasilia) el pasado sábado 17 de junio.

Presento la traducción española del artículo de Lorenzo Bertocchi sobre la intervención del Cardenal Burke en el reciente Congreso Sacra Liturgia 2017, realizado en Milán.


Misa en la forma extraordinaria, una señal de continuidad
Lorenzo Bertocchi
06.09.2017

«La intervención del cardenal Raymond Leo Burke en el congreso Sacra Liturgia ha versado sobre el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI tras diez años de su publicación, en julio de 2007. El documento, al que también está dedicado el dossier de la revista Il Timone del mes de junio, ha vuelto a expresar la plena ciudadanía de la Liturgia romana tradicional anterior a la reforma de 1970.

Ayer por la mañana el cardenal estadounidense ha abierto los trabajos de la tercera jornada del congreso que concluye hoy en el Duomo de Milán con las Vísperas solemnes en el rito ambrosiano. Refiriéndose al discurso del papa Ratzinger sobre el contraste entre las dos interpretaciones de las reformas suscitadas por el Vaticano II, Burke ha dicho que «la hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura niega la unidad orgánica de la Sagrada Liturgia, tal como se ha transmitido a lo largo de los siglos desde los tiempos Apostólicos. Esta forma de interpretar tiene su origen en un falso sentido de la Tradición, según el cual todo lo que ha sucedido después de la experiencia de la Iglesia primitiva es visto con recelo y como una corrupción de la pureza de la experiencia de la Iglesia en los primeros años de su vida. (...) La visión de la Iglesia primitiva por parte de la hermenéutica de la discontinuidad es ingenua y no toma en cuenta las dificultades que la Iglesia ha experimentado desde sus primeros días a causa de la infidelidad de algunos de sus miembros a la doctrina y la moral de Cristo transmitidos por el ministerio Apostólico».

Según Burke esta hermenéutica de la discontinuidad, que se caracteriza por un cierto «arqueologismo», no por casualidad «se concentró con particular vehemencia en el desmantelamiento de la Sagrada Liturgia, porque es en la vida litúrgica de la Iglesia donde se manifiesta de modo más claro y perfecto la inhabitación del Espíritu Santo, la presencia de Cristo en medio de nosotros, en todos los tiempos y lugares en los que se encuentran sus miembros. La Sagrada liturgia testimonia del modo más perfecto posible el orden que el Espíritu Santo, inhabitando la Iglesia y las almas de sus miembros, siempre refleja y promueve».

Benedicto XVI, durante el encuentro del 27 de junio de 2007 en el que se presentó a algunos obispos y cardenales la disciplina litúrgica del Motu Proprio, constataba que la forma extraordinaria del rito, esto es, la anterior a la reforma de 1970, no solo respondía al deseo de algunas personas mayores, sino también al de muchos jóvenes.

«En mi experiencia en varias partes de Europa y Estados Unidos, ha dicho el cardenal Burke, las asambleas, bien numerosas, que asisten a la celebración de la Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano, están compuestas de muchas familias jóvenes e incluso muchos adolescentes y jóvenes adultos no casados. Hablando con ellos, se hace evidente que su atracción por el “Usus Antiquior” se basa en la articulada sacralidad de la Forma Extraordinaria. Muchos de estos jóvenes han experimentado el vacío y la condición incluso nociva de la cultura contemporánea en que viven, dicho con palabras del Papa San Juan Pablo II, “como si Dios no existiera”. Esta nueva generación, profundamente decepcionada por la cultura secular y atea, ahora busca la manifestación evidente de la presencia de Dios. No desean una forma de la Sagrada Liturgia que esté contaminada por elementos de una cultura que ellos mismos han experimentado como nociva».

Interesante también la importancia que Burke ha dado al hecho de que la forma extraordinaria no significa algo «anormal» o «raro». Por el contrario, la celebración de la forma extraordinaria, que también se llama con justa razón «Usus Antiquior», es normativa en el sentido de que se trata de un uso normal de la Sagrada Liturgia en el Rito romano.

Para muchos, la «la misa en latín» sigue siendo una concesión a ciertos grupos;  el cardenal dice, por el contrario, que el Usus antiquior debe ser «visto cada vez más como una riqueza común de la vida litúrgica de la Iglesia». «Algunos, ha dicho, siguen pensando que el Usus Antiquior es un interés de algunos miembros de la iglesia pero no un interés general de todos en la Iglesia. Por ejemplo, no existe un esfuerzo por dar una catequesis integral sobre la Liturgia, que incluya el aprecio por la forma más antigua del rito romano. (...) Ciertamente, la formación de los seminaristas debe incluir la instrucción en la Forma Extraordinaria del rito romano junto a la teología que está implícita o la sustenta, y también la preparación para celebrar la Santa Misa según la Forma Extraordinaria.


sábado, 17 de junio de 2017

ECCE PANIS ANGELORUM

Ecce panis angelórum,
factus cibus viatórum.
vere panis filiórum,
non mitténdus cánibus.

Ostensorio de la custodia de la Catedral de Toledo

He aquí el pan de los ángeles,
hecho pan de los viajeros.
Es el verdadero pan de los hijos,
no se arroje a los perros

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Sit laus plena, sit sonóra,
sit iucúnda, sit decóra
mentis iubilatio

Procesión del Corpus (Valencia 2013)

Sea la alabanza plena,
sea sonora, sea alegre,
sea pura la alabanza del alma.

(Santo Tomás de Aquino, Secuencia Lauda Sion)

miércoles, 14 de junio de 2017

SACRA LITURGIA 2017. INTERVENCIÓN DEL CARDENAL SARAH (II)

Cardenal Robert Sarah. Foto: Fr. Lawrence, OP.

«DIABÓLICO QUIEN HA ATACADO A BXVI: DESTRUYE LA IGLESIA»
Por Lorenzo Bertocchi
(Continuación)


PERMANECER VUELTOS A CRISTO
El cardenal ha recordado a continuación unas palabras de san Ambrosio dirigidas a un bautizado: “Recuerda las preguntas que se te han propuesto, vuelve a pensar las respuestas: tú de vuelves hacia el oriente, porque quien renuncia a Satanás mira a Cristo cara a cara” (De Mysterii). «A través del uso de una postura física común, de profundo significado junto a sus hermanos, el neófito toma su lugar como cristiano en el culto de la Iglesia. He hablado en varias ocasiones sobre la importancia de recuperar esta orientación, de estar vueltos hacia oriente durante la celebración de la liturgia de hoy, y sigo sosteniendo lo que he dicho. Simplemente me gustaría señalar que en las palabras de San Ambrosio podemos apreciar el verdadero poder, la belleza, incluso el sentido de cuando miramos al oriente. Así permanecemos unidos en la Iglesia, que se vuelve hacia el Señor para adorarle, para contemplar a Cristo “cara a cara”.

En definitiva, «un cristiano es una persona que sabe ocupar su lugar preciso en la asamblea litúrgica de la Iglesia, que toma de este manantial la gracia y la enseñanza necesaria para la vida cristiana. Estas personas comienzan a penetrar, y por tanto a vivir siempre más, los profundos misterios transmitidos por la Sagrada Liturgia. Por eso, participar en la Sagrada Liturgia, es algo esencial para el cristiano».

LA COMUNIÓN EN LA BOCA Y DE RODILLAS
«Hoy querría expresamente llamar a pensar y promover la belleza, la conveniencia y el valor pastoral de una práctica desarrollada durante la larga vida y tradición de la Iglesia, esto es, el acto de recibir la Santa Comunión en la lengua y de rodillas. Si San Pablo nos enseña que “al nombre de Jesús doble la rodilla todo cuanto hay en los cielos, en la tierra y en las regiones subterráneas” (Fil 2, 10), cuanto más debemos doblar nuestras rodillas cuando recibimos al Señor en el sublime e íntimo acto de la Sagrada Comunión».

Para reflexionar sobre este tema tan delicado, el cardenal ha propuesto a los presentes el ejemplo de dos Santos: Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcuta. «La vida entera de Karol Wojtyla estuvo marcada por un profundo respeto por la Santa Eucaristía. (...) Hoy les pido simplemente que piensen en los últimos años de su ministerio: un hombre marcado en el cuerpo por la enfermedad; pero Juan Pablo II nunca se ha sentado delante de la Eucaristía. Siempre se ha obligado a arrodillarse. Necesitaba la ayuda de otros para doblar las rodillas y luego levantarse. Hasta sus últimos días ha querido darnos un gran testimonio de veneración al Santísimo Sacramento».

La madre Teresa «seguramente tocaba todos los días el “cuerpo” de Cristo presente en los cuerpos acabados de los más pobres. Sin embargo, con asombro y veneración respetuosa, decidió no tocar el cuerpo de Cristo transubstanciado. En cambio, lo adoraba. Lo contemplaba silenciosamente. Se arrodillaba y postraba delante de Jesús en la Eucaristía. Y lo recibía como un niño pequeño humildemente alimentado por su Dios. Ver a cristianos recibir la Sagrada Comunión en sus manos le llenaba de tristeza y dolor. Ella misma dijo: «cuando voy por el mundo, lo que me hace estar más triste es ver a la gente que recibe la comunión en sus manos».

Sarah se ha declarado consciente del hecho de que «la legislación actual contiene el permiso para recibir la Eucaristía de pie y en la mano, pero recibirla de rodillas y en la lengua es la norma de los católicos de rito latino».

martes, 13 de junio de 2017

SACRA LITURGIA 2017. INTERVENCIÓN DEL CARDENAL SARAH (I)

Foto Sacra Liturgia

Presento en dos partes la traducción castellana de un artículo de Lorenzo Bertocchi publicado en Nuova Bussola Quotidiana. Se trata de un buen resumen de la conferencia inaugural que dictó el cardenal Robert Sarah en el marco del congreso Sacra Liturgia 2017, en Milán.

«DIABÓLICO QUIEN HA ATACADO A BXVI: DESTRUYE LA IGLESIA»
 Por Lorenzo Bertocchi 
7-06-2017

Con el discurso de apertura tenido ayer a las 17.30 h. por el cardenal Robert Sarah se dio inicio a los trabajos del congreso internacional Sacra Liturgia: cuatro días en que se verán ocupados relatores de todo el mundo. Este año el encuentro se desarrolla en Milán, y el discurso pronunciado ayer en el Aula Magna de la Universidad Católica por el actual prefecto de la Congregación para el Culto Divino era particularmente esperado.

En su discurso de bienvenida, monseñor Dominique Rey, obispo de Toulon, recordó el epílogo que el papa emérito Benedicto XVI escribió para la edición alemana del libro de Sarah, La fuerza del Silencio. Como sabemos, este breve texto de Joseph Ratzinger ha hecho perder el norte a cierto personaje interesado en el tema, que ha ido demasiado lejos en sus apreciaciones pesadas hacia la persona de Benedicto XVI y el prefecto.

«Rezo devotamente», ha dicho Sarah en el inicio de su discurso, «por los que tienen el tiempo y la paciencia de leer atentamente este libro: que Dios los ayude a olvidar la vulgaridad y bajeza usadas por algunas personas cuando se han referido al “Prefacio” y a su autor, el Papa Benedicto XVI. La arrogancia, la violencia del lenguaje, la falta de respeto y el desprecio inhumano por Benedicto XVI son diabólicos y cubren la Iglesia con un manto de tristeza y vergüenza. Estas personas destruyen la Iglesia y su naturaleza profunda. El cristiano no combate contra nadie. El cristiano no tiene enemigos que derrotar.

Luego, la intervención del cardenal se ha desarrollado tratando de focalizar el tema tantas veces expresado por Joseph Ratzinger sobre el hecho que la Iglesia se levanta y se cae con la liturgia. Para comprender esto ha llamado la atención sobre tres preguntas: ¿Quién es Jesús?; ¿Cómo conocer a Jesucristo?; ¿Qué significa ser cristiano?

NO SEPARAR EL CRISTO DE LA HISTORIA DEL CRISTO DE LA FE
En la liturgia «no estamos celebrando al “Jesús de la historia”, y tampoco “al Cristo de la fe”. Reconocemos humildemente a Cristo resucitado, como Dios y Señor nuestro. No viene desmitizado y alejado por todo aquello que se refiere a nuestra fe: a pesar del valor académico de esta separación, no puede ser considerada una empresa legítima en el culto de la Iglesia. Cuando celebramos la Sagrada Liturgia, participamos en la adoración del Cristo hecho hombre por nuestra salvación, plenamente humano y plenamente divino». Por tanto, ha subrayado Sarah, «la liturgia no puede convertirse en mera celebración fraterna, sino que tiene que convertirse en culto a Dios».

CRISTO SE ENCUENTRA EN LA IGLESIA
Como persona viva Cristo se encuentra en la Iglesia. «Nuestra relación con Cristo parte de la única verdadera Iglesia que Él ha fundado para este fin. Como dice el Papa Benedicto XVI: “Cristo lo descubrimos, lo conocemos como Persona viviente, en la Iglesia. Ella es 'su Cuerpo'”. Hoy, ha añadido, «esta realidad es negada porque se acoge a Jesús pero no a la Iglesia. El encuentro personal es una semilla que no puede madurar y producir fruto por sí sola: tiene necesidad de nutrirse de la vida de la Iglesia». Luego el cardenal ha hecho referencia al llamado que Juan Pablo II hizo en Sidney, en 1996, dirigiéndose a los bautizados: “Volved a casa”. Es cierto, en efecto, que muchos bautizados se ausentan de la liturgia; esto es considerado por Sarah como «un permanente y grave escándalo en la Iglesia que pone en peligro la vida eterna de ellos. Si decimos a la gente que vuelva, debemos estar seguros que la Sagrada Liturgia sea hecha como quiere la Iglesia».

En referencia a la así llamada “reforma de la reforma”, el cardenal ha dicho que «hace falta considerar esta cuestión con urgencia. En algunos ambientes existe una separación entre “viejo” y “nuevo” (rito); esta oposición no puede continuar. La liturgia no puede ser modificada según cada desarrollo eclesiológico. La Iglesia antes y después del Concilio no tiene dos identidades separadas».

sábado, 10 de junio de 2017

LA TRINIDAD Y LOS SANTOS

Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto


«El conocimiento de la Trinidad
es el fruto y el fin de toda nuestra vida»
(Santo Tomás de Aquino)

«Querría tener mil bocas, mil corazones más,
que me permitieran vivir en una continua alabanza
a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo»
(San Josemaría Escrivá)

«La Trinidad: he ahí nuestra morada,
nuestro «hogar», la casa paterna
de donde nunca debemos salir»
(Santa Isabel de la Trinidad)

«Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo,
en el que cuanto más busco más encuentro,
y cuanto más encuentro más busco»
(Santa Catalina de Siena)