jueves, 27 de diciembre de 2012

EL EVANGELISTA JUAN PRESENTADO POR TOMAS DE AQUINO

Como muestra de veneración y gratitud al evangelista Juan, el discípulo predilecto del Señor, reproduzco un texto de Santo Tomás de Aquino tomado de su comentario al Evangelio de San Juan, obra verdaderamente sublime del Angélico, donde la sabiduría del teólogo, la contemplación del santo y, en ocasiones la belleza expresiva del poeta, convergen en un texto de inmenso valor doctrinal y espiritual.
 
           
"Sigue ahora la presentación del autor. A la luz de cuanto se ha dicho, ésta puede ser considerada en relación a cuatro cosas: en relación al nombre, a la virtud, a la figura y en relación al privilegio.
En relación al nombre, el autor de este Evangelio se llama Juan, y Juan significa "aquél en el que está la gracia". En efecto, los secretos de la divinidad no pueden ser vistos sino por quienes tienen en sí la gracia de Dios; y por esto dice el Apóstol: las cosas de Dios nadie las conoce, sino el Espíritu de Dios (1 Cor 2, 11).
Pero Juan vio al Señor sentado sobre su trono elevado y sublime gracias a su virtud, ya que fue virgen y a ellos compete ver al Señor: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8).
En relación a la figura hay que decir que Juan es representado por el águila. Y la razón es la siguiente: ocupándose los otros tres evangelistas de las cosas que Cristo hizo en la carne, se les representa convenientemente por medio de  animales que se mueven sobre la tierra, a saber, por el hombre, el buey y el león. Pero Juan, remontándose sobre la nube de la debilidad humana, como águila que vuela, contempla con los ojos altísimos y firmísimos del corazón, la luz de la verdad inconmutable, alcanzando la misma divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, por la que es igual al Padre, cuidando sobre todo recomendarla en la medida que creyó ser necesario para todos los hombres. Y a propósito de este vuelo de Juan se dice en el libro de Job: ¿Se remonta el águila, es decir, Juan, por orden tuya? (Job 39, 27). Y más adelante: desde muy lejos descubren sus ojos (ibid 29), porque Juan ha contemplado con los ojos de la mente al mismo Verbo de Dios en el seno del Padre.
En relación al privilegio hay que decir que, entre todos los discípulos del Señor, Juan fue el más amado de Cristo. Este es el discípulo a quien amaba Jesús (Jn 21, 24), como dijo de sí mismo ocultando su nombre. Y ya que los secretos se revelan a los amigos, según las palabras del Señor: Yo os llamo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer (Jn 15, 15), a este discípulo particularmente amado, el Señor encomendó de modo especial sus secretos. Por eso se dice: A los gigantes -es decir a los soberbios- esconde la luz (Job 36,32). Esto significa que Cristo esconde la verdad de su divinidad y la revela a su amigo, a Juan, para que le pertenezca (ibid). De aquí que el mismo Juan, habiendo contemplado de modo más excelente la luz del Verbo encarnado, sea también quien nos la señale: El era la luz verdadera (Jn 1, 9).
Así, pues, queda aclarada la materia, el orden, la finalidad y el autor de este Evangelio de san Juan, que tenemos entre manos". (Tomás de Aquino, Comentario al evangelio de San Juan, Prólogo, n° 11).

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