lunes, 11 de junio de 2018

LAS LEYES SUPREMAS DE LA VIDA DEL ESPÍRITU


Resumo con cierta libertad un artículo del conocido teólogo dominico Reginald Garrigou-Lagrange sobre las leyes supremas de la vida de la gracia. Ante la amenaza de reducir lo cristiano a un híbrido confuso de solidaridad y sentimiento, este texto de Garrigou-Lagrange nos presenta la especificidad de la vida cristiana como participación en la vida íntima de Dios, resumida en siete principios generales, de indudable belleza y valor teológico, que rigen el despliegue de la vida espiritual desde su origen en el baustismo hasta su consumación en la gloria.

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omo sucede en los demás géneros de vida, también la vida sobrenatural o vida de la gracia tiene sus leyes o principios generales que son para el cristiano fuente de esperanza y consuelo espiritual. ¿Cuáles son estas leyes principales? Garrigou-Lagrange señala estas siete fundamentales. 

1. La primera dice así: Solo Dios puede producir la vida sobrenatural de la gracia santificante en nuestra alma espiritual e inmortal. En efecto, solamente Dios puede producirla porque ella es una participación de su vida íntima, el germen de la vida eterna, por la cual veremos a Dios cara a cara tal como Él se ve a sí mismo, y por la cual le amaremos eternamente sin que nada pueda apartarnos de su contemplación. La vida de la gracia –semen gloriae (semilla de la gloria)– es como el germen de la visión beatífica y del amor sobrenatural de Dios y de los justos, visión de amor que no cesará jamás.

2. La segunda ley se puede formular así: De esta vida sobrenatural de la gracia, derivan en nuestras almas las virtudes infusas teologales y morales y los dones del Espíritu Santo. Es por esto que la gracia santificante o habitual es llamada “gracia de virtudes y dones” (S. Th., III, q.62, a.2). La gracia es el principio radical de las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad. Y cuando la fe y la esperanza desaparezcan para dar lugar a la posesión de Dios por la visión beatífica, la caridad, amor sobrenatural de Dios y del prójimo, permanecerá para siempre.

3. La tercera ley, que deriva de las precedentes, está formulada por Santo Tomás de la siguiente manera: El menor grado de gracia santificante en el alma de un niño pequeño recién bautizado vale más que el bien natural de todo el universo: "bonum gratiae unius maius est quam bonum naturae totius universi". (I-II, q.113, a.9, ad 2). Esta ley nos pone delante el inestimable valor de la gracia santificante en comparación a cualquier otro bien natural.

4. La cuarta ley de la vida sobrenatural puede formularse así: La gracia santificante, una vez producida en nuestra alma por el bautismo, debería permanecer siempre en nosotros, y de hecho duraría siempre si el pecado mortal que nos separa de Dios, y que es irreconciliable con ella, no nos la hiciera perder. Esta ley nos muestra el precio de la vida sobrenatural y la gravedad del pecado mortal.

5. Una quinta ley de la vida sobrenatural enseña que la gracia santificante y la caridad deberían no solamente permanecer siempre en nosotros, sino que deberían crecer siempre en nosotros hasta nuestro último suspiro. Deberían crecer siempre por la Sagrada Comunión «ex opere operato», por nuestros méritos «ex opere operantis» y por nuestras oraciones. Por esto en la parábola del sembrador se dice que uno rinde 30 otro 60 y otro 100. Las contrariedades cotidianas aceptadas y llevadas por amor sirven para dar más fruto y crecer en caridad. Son como peldaños de una escalera que nos aproximan un poco más a Dios. Los Padres de la Iglesia expresan el mismo contenido de esta ley pero con otras palabras: En el camino hacia Dios, el que no avanza, retrocede. De modo semejante a un niño que no crece y permanece deforme, así un alma cristiana que no avanza llega a ser un alma retrasada. Santo Tomás enseña que cuando nuestros actos de caridad son débiles (remissi) al punto de ser inferiores en intensidad al grado en que esta virtud se encuentra en nosotros, ellos no obtienen el aumento de caridad que merecerían. Sólo lo obtendrán si son actos más intensos o generosos. (Cfr. II-II, q. 24, a.6 ad 1).

6. Una sexta ley dice así: la gracia santificante y la caridad deberían crecer en nosotros de una manera uniformemente acelerada. Santo Tomás enseña que el movimiento natural, por ejemplo la piedra que se aproxima al centro de la tierra, es tanto más rápido cuanto más se acerca a su término. La gracia nos inclina como una segunda naturaleza; por tanto las almas en gracia deben crecer más conforme se aproximan más a Dios. De hecho, la caridad de los santos suele crecer mucho más en los últimos años de su vida que en los 10 o 20 años primeros tomados en conjunto. El Santo Doctor ha entrevisto la ley de la gravitación universal y de la aceleración de la caída de los cuerpos y la ha aplicado al movimiento de las almas justas que se mueven hacia Dios.

7. Una séptima ley de la vida de la gracia toca al fin de nuestra vida terrena y se puede formular así: El orden radical de la vida de la gracia debería continuarse en vida eterna inmediatamente después de nuestra muerte, si no tuviéramos faltas que expiar. La razón es que el purgatorio es una justa pena que Dios no puede infligir más que por una falta evitable y reparable antes de la muerte. Así se explica que el mayor dolor de las almas del purgatorio consista en la privación de la posesión de Dios contemplado cara a cara. Estas almas sufren mucho más de esta privación que durante su vida en la tierra. ¿Por qué? Porque después de la muerte sería natural, según el orden radical de la vida de gracia, poder disfrutar inmediatamente de la visión beatífica. Las almas del purgatorio tienen un hambre y sed de Dios que de momento no pueden saciar. Les pena el que por su culpa no hayan llegado a tiempo a su cita con Dios. Esta séptima ley es propia de un orden muy elevado: se cumple especialmente en la vida de los santos mártires y debe cumplirse también en aquellos que están dispuestos a padecer el "martirio del corazón" mediante la penitencia y la expiación. En todo caso vale la pena recordar lo que fue revelado a Santa Teresa: que de todos los religiosos que había conocido en vida, solo tres habían evitado el purgatorio.
Otra ley superior de la vida de la gracia consiste en que debido al progreso en el amor a Dios y al prójimo, Nuestro Señor nos incorpora más y más a Él, como miembros cada vez más vivos de su Cuerpo Místico. Por esta progresiva incorporación Él nos asocia primeramente a su vida de infancia, después a su vida oculta, más tarde a su vida apostólica y finalmente a su vida dolorosa, antes de asociarnos a su vida gloriosa en el cielo.

Texto original del artículo en francés: salve-regina.com

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