sábado, 11 de febrero de 2017

YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN

¡Qué bien se corresponden las apariciones de la Virgen con su carácter maternal! Una buena madre no deja pasar mucho tiempo sin visitar a sus hijos. Así también María; de una manera siempre discreta no ha cesado de visitar nuestro mundo para alegrarnos con su presencia gloriosa, traernos las bendiciones del cielo y convertir ciertos lugares de la tierra en fuentes de gracia y conversión. Sin duda Lourdes es uno de esos lugares benditos. La Iglesia sin esa corona de santuarios marianos que la adornan quizá pronto se convertiría en un desierto.

«Volví a ir allí durante quince días. La Señora se me apareció como de costumbre, menos un lunes y un viernes. Siempre me decía que advirtiera a los sacerdotes que debían edificarle una capilla, me mandaba lavarme en la fuente y rogar por la conversión de los pecadores. Le pregunté varias veces quién era, a lo que me respondía con una leve sonrisa. Por fin, levantando los brazos y los ojos al cielo, me dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción” (Carta de Santa María Bernarda Soubirous al padre Gondrand, 1861). 

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