martes, 14 de junio de 2016

EL MISTERIO ENALTECE

“Todo lo que le haga sentir al hombre que el misterio lo envuelve lo vuelve más inteligente”.
 (Nicolás Gómez Dávila)

sábado, 11 de junio de 2016

BERNABÉ, EL SANTO QUE DEVOLVIÓ A PABLO A LA IGLESIA

Extracto de la catequesis de Benedicto XVI sobre el apóstol Bernabé:

“«Bernabé», que significa "hijo de la exhortación" (Hch 4, 36) o "hijo del consuelo", es el sobrenombre de un judío levita oriundo de Chipre. Habiéndose establecido en Jerusalén, fue uno de los primeros en abrazar el cristianismo, tras la resurrección del Señor. Con gran generosidad vendió un campo de su propiedad y entregó el dinero a los Apóstoles para las necesidades de la Iglesia (cf. Hch 4, 37). Se hizo garante de la conversión de Saulo ante la comunidad  cristiana  de Jerusalén, que todavía desconfiaba de su antiguo perseguidor (cf. Hch 9, 27). Enviado a Antioquía de Siria, fue a buscar a Pablo, en Tarso, donde se había retirado, y con él pasó un año entero, dedicándose a la evangelización de esa importante ciudad, en cuya Iglesia Bernabé era conocido como profeta y doctor (cf. Hch 13, 1).

Así, Bernabé, en el momento de las primeras conversiones de los paganos, comprendió que había llegado la hora de Saulo, el cual se había retirado a Tarso, su ciudad. Fue a buscarlo allí. En ese momento importante, en cierta forma, devolvió a Pablo a la Iglesia; en este sentido, le entregó una vez más al Apóstol de las gentes. La Iglesia de Antioquía envió a Bernabé en misión, junto a Pablo, realizando lo que se suele llamar el primer viaje misionero del Apóstol. En realidad, fue un viaje misionero de Bernabé, pues él era el verdadero responsable, al que Pablo se sumó como colaborador, recorriendo las regiones de Chipre y Anatolia centro-sur, en la actual Turquía, con las ciudades de Atalía, Perge, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (cf. Hch 13-14). Junto a Pablo, acudió después al así llamado concilio de Jerusalén, donde, después de un profundo examen de la cuestión, los Apóstoles con los ancianos decidieron separar de la identidad cristiana la práctica de la circuncisión (cf. Hch 15, 1-35). Sólo así, al final, permitieron oficialmente que fuera posible la Iglesia de los paganos, una Iglesia sin circuncisión: somos hijos de Abraham solamente por la fe en Cristo”. (Benedicto XVI, Audiencia General, miércoles 31 de enero de 2007)

jueves, 9 de junio de 2016

¿TRADICIÓN O PEREZA? UNA QUEJA DE PABLO VI

En una franca y serena conversación, y a varios años de la promulgación de la Sacrosanctum Concilium, el Papa Pablo VI confidenciaba a su amigo Jean Guitton la defectuosa aplicación de la reforma litúrgica entonces en curso. A este respecto, copio un brevísimo párrafo de un interesante libro de Guitton:

“No se haga ilusiones: la reforma litúrgica no se ha aplicado bien en Italia. En cuanto a los sacerdotes, han adoptado el mal hábito de no leer más que el canon II, que es el más corto, el más expeditivo. Se trata de un efecto fatal de la pereza humana.”  (J. Guitton, Pablo VI secreto, Ed. Encuentro, Madrid 2015,  p.144).

Da pena que entre los motivos del abandono casi generalizado del canon romano en nuestras parroquias, pueda contarse la prisa y desidia del clero. Eso sí, siempre adornada o justificada de bellas expresiones como “mejor adaptación a las necesidades de nuestro tiempo”, “noble sencillez” “vuelta a los orígenes”, etc. También entre los efectos fatales de la pereza humana en el campo litúrgico podrían mencionarse los siguientes: negligencia para vestir todos los ornamentos sacerdotales, en particular el amito, el cíngulo y la casulla, o bien la dalmática en el caso de los diáconos; escasa dignidad en movimientos y posturas durante las celebraciones litúrgicas, desafección en la purificación de los vasos sagrados y de los dedos que han tocado las especies consagradas, falta de limpieza y planchado en albas, manteles y corporales, misales y leccionarios en mal estado, etc. Por último, me pregunto si el poco interés o atractivo que los jóvenes sienten hoy por el estado sacerdotal no será también otro efecto fatal de la dejadez humana que amenaza el porte sacerdotal, no obstante tratarse de una de las realidades más sublimes y necesarias en nuestro mundo.

martes, 31 de mayo de 2016

DONDE ESTÁ MARÍA ESTÁ CRISTO

Extracto de las palabras que Benedicto XVI pronunció hace 10 años (31-V-2006) en los jardines vaticanos, fiesta de la Visitación de Nuestra Señora.

“Hoy, en la fiesta de la Visitación, como en todas las páginas del Evangelio, vemos a María dócil a los planes divinos y en actitud de amor previsor a los hermanos. La humilde joven de Nazaret, aún sorprendida por lo que el ángel Gabriel le había anunciado -que será la madre del Mesías prometido-, se entera de que también su anciana prima Isabel espera un hijo en su vejez. Sin demora, se pone en camino, como dice el evangelista (cf. Lc 1,39), para llegar «con prontitud» a la casa de su prima y ponerse a su disposición en un momento de particular necesidad.
¡Cómo no notar que, en el encuentro entre la joven María y la ya anciana Isabel, el protagonista oculto es Jesús! María lo lleva en su seno como en un sagrario y lo ofrece como el mayor don a Zacarías, a su esposa Isabel y también al niño que está creciendo en el seno de ella. «Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo -le dice la madre de Juan Bautista-, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1,44). Donde llega María, está presente Jesús. Quien abre su corazón a la Madre, encuentra y acoge al Hijo y se llena de su alegría. La verdadera devoción mariana nunca ofusca o menoscaba la fe y el amor a Jesucristo, nuestro Salvador, único mediador entre Dios y los hombres. Al contrario, consagrarse a la Virgen es un camino privilegiado, que han recorrido numerosos santos, para seguir más fielmente al Señor. Así pues, consagrémonos a ella con filial abandono”.

domingo, 29 de mayo de 2016

¡OH SAGRADO PELÍCANO!


Pie Pellicane, Iesu Domine,
Me immundum munda tuo sanguine;
Cuius una stilla salvum facere
Totum mundum quit ab omni scelere.

Señor Jesús, bondadoso Pelícano,
límpiame a mí, inmundo, con tu sangre;
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.

Himno Adorote devote

viernes, 27 de mayo de 2016

BARBARIE LITÚRGICA POSCONCILIAR

En su magnífico libro Dios o Nada, el Cardenal Sarah recoge, a modo de ejemplo, un hecho que bien refleja la enrarecida atmósfera –auténtica barbarie– que acompañó la reforma litúrgica casi desde sus inicios. Ni siquiera espíritus tan selectos como el mismo obispo de Conakri, monseñor Tchidimbo, que experimentó en carne propia lo que es sufrir por Cristo y su Iglesia, pudo restarse a la furia iconoclasta del momento. Era predecible que una reforma litúrgica llevada a cabo en un ambiente surcado de tensiones, prisas y experimentaciones fuera de control, no alcanzara ni de lejos los frutos que muchos anhelaban.

“En la catedral de Conakri había un coro señorial muy trabajado, con una hermosa réplica del baldaquino de Bernini, rodeado de tres hermosos ángeles. Cuando se celebraron los primeros debates sobre la reforma litúrgica, monseñor Tchidimbo regresó a Conakri y ordenó la destrucción del baldaquino y del altar mayor. Nos pusimos furiosos, incapaces de entender una decisión tan precipitada. Con cierta violencia y sin ninguna preparación, pasamos de una liturgia a otra. Soy testigo de que la chapucera iniciación a la reforma litúrgica causó estragos entre la población, especialmente entre los más humildes, que no comprendían la rapidez de aquellos cambios ni su razón de ser.
  Sin duda, es lamentable que algunos sacerdotes se dejaran llevar por arrebatos ideológicos personales. Pretendían democratizar la litúrgica y el pueblo fue la primera víctima de sus maniobras. La liturgia no es algo político que se pueda hacer más igualitario en función de las reivindicaciones sociales. ¿Acaso un movimiento tan singular podía provocar en la vida de la Iglesia otra cosa que no fuera un gran desconcierto entre los fieles?”
(Cardenal Robert Sarah, Dios o nada, Ed. Palabra, Madrid 2015 p. 100)

martes, 24 de mayo de 2016

DEVOCIÓN A LA TRINIDAD, UNA GIMNASIA PARA EL ALMA

“Aprende a alabar al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Aprende a tener una especial devoción a la Santísima Trinidad: creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo; espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en Dios Espíritu Santo; amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo. Creo, espero y amo a la Trinidad Beatísima.
  —Hace falta esta devoción como un ejercicio sobrenatural del alma, que se traduce en actos del corazón, aunque no siempre se vierta en palabras”. (San Josemaría Escrivá, Forja 296)