jueves, 5 de febrero de 2026

LA PASIÓN DE SANTA ÁGUEDA

San Metodio de Sicilia afirmaba que Águeda nos enseña a que todos pongamos el máximo empeño por llegar sin demora al bien verdadero, que es Dios. Alcanzar a Dios per breviorem caracteriza el alma de los mártires. La posibilidad de una muerte inminente por Cristo es percibida como don celestial, como oportunidad "única" de hallar al Amado, asirlo fuertemente, y no soltarlo más (Cf. Cant 3, 4). Águeda, privilegiada santa del Canon Romano, no desaprovechó la oportunidad. 

* * *

Cuando Águeda compareció ante el procónsul Quinciano, éste quedó cautivado por su belleza y una pasión ardiente lo invadió; pero sus intentos de seducción fueron infructuosos debido a la tenaz resistencia de la joven Águeda.

Implementó entonces un programa para reeducar a la joven, confiándola a una cortesana de fácil virtud llamada Afrodisia, para que estuviera más disponible. Pasó un mes, sometida a tentaciones inmorales de todo tipo, con festines, entretenimientos lascivos y banquetes. Sin embargo, ella resistió indomable, protegiendo su virginidad consagrada a su Esposo celestial, a quien quería permanecer fiel a toda costa.

Derrotada y decepcionada, Afrodisia devolvió a Águeda a Quinciano, diciendo: «Tu cabeza es más dura que la lava del Etna». Entonces, furioso, el procónsul la juzgó, y ella apareció vestida de esclava, como era costumbre entre las vírgenes consagradas a Dios. «Si eres libre y noble», objetó el procónsul, «¿por qué te comportas como una esclava?». Ella respondió: «Porque la suprema nobleza consiste en ser esclava de Cristo».

Al día siguiente, otro interrogatorio, acompañado de tortura. Las extremidades de Águeda fueron estiradas, laceradas con peines de hierro y quemadas con placas al rojo vivo. Pero cada tormento, en lugar de quebrar su resistencia, parecía infundirle nuevas fuerzas. Entonces, en un ataque de ira, Quinciano mandó que le arrancaran o cercenaran los pechos con enormes tenazas.

Este aspecto de la tortura se convertiría más tarde en el sello distintivo de su martirio; de hecho, Águeda es representada con ambos pechos colocados en una bandeja y las tenazas. Devuelta a su celda, sangrando y herida, sufrió mucho por las quemaduras y el dolor, pero lo soportó todo por amor a Dios. Alrededor de la medianoche, mientras rezaba en su celda, se le apareció San Pedro Apóstol, acompañado de un niño que llevaba una linterna, y curó sus pechos amputados.


Tras cuatro días en prisión, fue llevada de nuevo ante el procónsul, quien, al ver sus heridas curadas, preguntó con incredulidad qué había sucedido. La virgen respondió: «Cristo me sanó». Ágata se había convertido en una amarga derrota para Quinciano, quien ya no podía soportarlo más. Mientras tanto, su amor se había convertido en odio, y ordenó que la quemaran sobre un lecho de brasas, con placas y puntas incandescentes.

En ese momento, según la tradición, aunque el fuego quemó su cuerpo, el velo que llevaba no ardió. Por esta razón, el «velo de Santa Ágata» se convirtió inmediatamente en una de las reliquias más preciadas; ha sido llevado en procesión varias veces ante las coladas de lava del Etna, con el poder de detenerlas.

Mientras Ágata era empujada al horno ardiente y quemada viva, un poderoso terremoto sacudió la ciudad de Catania y el Pretorio se derrumbó parcialmente, sepultando a dos de los verdugos y consejeros de Quinciano. La aterrorizada multitud se rebeló contra la atroz tortura de la joven virgen, por lo que el procónsul ordenó retirar a Águeda de las brasas y la devolvió, aún en agonía, a su celda, donde murió pocas horas después.

Fuente: santiebeati.it

domingo, 1 de febrero de 2026

EL PORQUÉ DE UNA AMARGA PROFECÍA

«Y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones» (Lc 2, 35), dijo el anciano Simeón a Nuestra Señora el día de su Purificación en el Templo. Palabras que presagian densos nubarrones en la vida de María, pero que finalmente evidencian la inmensa predilección de Dios sobre ella. Absorto en este misterio, se pregunta fray Luis de Granada:

«¿Por qué quisiste, Señor, que tan temprano se descubriese a esta inocentísima Esposa tuya una tal nueva, que le fuese perpetuo cuchillo y martirio toda la vida? ¿Por qué no estuviera este misterio debajo de la llave del silencio hasta el mismo tiempo del trabajo, para que entonces solamente fuera mártir y no lo fuera toda la vida? ¿Por qué, Señor, no se contenta tu piadoso corazón con que esta Señora sea siempre Virgen, si no que quieres también que sea siempre mártir? ¿Por qué afliges a quien tanto amas, a quien tanto te ha servido y a quien nunca te hizo por donde mereciese castigo?

Ciertamente, Señor, por eso la afliges, porque la amas, por no defraudarla del mérito de la paciencia y de la gloria de este espiritual martirio, y del ejercicio de la virtud y de la imitación de Cristo, y del premio de los trabajos, que, cuanto son mayores, tanto son dignos de mayor corona.

Nadie, pues, infame los trabajos, nadie aborrezca la Cruz, nadie se tenga por desfavorecido de Dios cuando se viere atribulado, pues la más amada y más favorecida de todas las criaturas fue la más lastimada y afligida de todas».

(Fray Luis de Granada, Vida de Cristo, Madrid 1990, p. 48).


 

miércoles, 28 de enero de 2026

UNA SANTA ADVERTENCIA


 Como tú me hayas tratado en el sacrificio de la Misa,
así te trataré Yo en el juicio final

Abstracción hecha de la personal devoción, estoy convencido que en el rito antiguo al Señor se le trata mucho mejor. Otra razón más para amar la Misa de siempre.

martes, 27 de enero de 2026

DOS FORMAS ORDINARIAS DEL RITO ROMANO. LA PROPUESTA DE MONSEÑOR SCHNEIDER



Por Yves Daoudal

En una entrevista publicada en video por la Cofradía de Nuestra Señora de Fátima, Mons. Athanasius Schneider contó que cuando se reunió con León XIV, el 18 de diciembre, propuso al Papa promulgar una constitución apostólica que garantizara el derecho de todo sacerdote a celebrar el misal de 1962.


«Le sugerí y propuse al Santo Padre, cuando me reuní con él, que redactara un documento más solemne que un motu proprio. Benedicto XVI redactó un motu proprio y Francisco un anti-motu proprio. Por lo tanto, creo que no sería muy apropiado redactar otro anti-motu proprio opuesto al de Francisco, sino simplemente un documento más solemne».

El objetivo de este documento sería una «regularización solemne» de la misa tradicional, garantizando total libertad para su celebración y asegurando una «coexistencia pacífica» entre la liturgia tradicional y la forma postconciliar, sin limitaciones ni obstáculos.

Las dos formas, añade, ya no deberían llamarse «forma ordinaria» ni «forma extraordinaria» del Rito Romano, sino que ambas deberían reconocerse como formas ordinarias del Rito Romano. Este cambio de terminología subrayaría la existencia de un derecho estable para los sacerdotes y los fieles a celebrar y asistir a la Misa tradicional. Evitaría futuras interpretaciones que pudieran marginar la liturgia tradicional al tratarla como una excepción o una concesión.

 

«Un obispo no puede prohibir el Novus Ordo. Por lo tanto, debería aplicarse el mismo principio, es decir, que un obispo no puede limitar ni prohibir la forma tradicional. Si esto se estableciera en un documento pontificio, un obispo ya no tendría derecho a imponer ninguna restricción a la misa Vetus Ordo».


Fuente: yvesdaoudal.fr/2026/01/16/les-deux-formes-ordinaires-du-rite-romain

domingo, 25 de enero de 2026

«EL PERSEGUIDOR TOMA FORMA DE PREDICADOR»

Conversión de San Pablo. Palma el joven

Texto escogido de un sermón de San Agustín sobre la conversión del Apóstol Pablo. Las imágenes que utiliza Agustín para significar la mutación obrada en Saulo por la fuerza de la gracia del Señor brillan tanto teológica como literariamente: el perseguidor se transforma en predicador, el lobo feroz en mansa oveja, el enemigo acérrimo de Cristo en su fiel soldado.

* * *

«Cuando fue lapidado Esteban, el primero en sufrir el martirio por el nombre de Cristo, estaba Saulo presente en primera fila. Y en tal modo se asociaba a los que lo apedreaban que no le parecía bastante el arrojar piedras con sus propias manos. Para estar él mismo en las manos de todos, les guardaba la ropa, mostrándose más cruel con esta ayuda a los demás que con las piedras que arrojaban sus propias manos…

La voz de Cristo desde el cielo lo derribó, y, al serle prohibido su ensañamiento cruel, dio de bruces en tierra. Primero había de ser postrado en tierra, para ser luego levantado; primero herido, luego sanado. Pues Cristo no viviría en él si antes no moría su mala vida anterior. ¿Qué oyó cuando yacía en tierra? Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa es para ti el dar coces contra el aguijón. El respondió: ¿Quién eres, Señor? Y la voz de lo alto: Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues. La cabeza, desde el cielo, levantaba su voz en favor de sus miembros aún presentes en la tierra; pero no decía: «¿Por qué persigues a mis siervos?», sino: ¿Por qué me persigues? El replica: ¿Qué quieres que haga? El que antes se ensañaba en la persecución, se dispone ya a obedecer. El perseguidor va tomando ya forma de predicador; el lobo, de oveja; el enemigo, de soldado. Escuchó lo que debía hacer. Ciertamente quedó ciego; para que en su corazón resplandeciese la luz interior, se le privó temporalmente de la exterior; se le quitó al perseguidor para serle devuelta al predicador. Y durante el tiempo en que no veía nada veía a Jesús. De esta forma, hasta en su misma ceguera se manifestaba el misterio de los creyentes, puesto que quien cree en Cristo es a él a quien debe mirar, considerando las demás cosas como no existentes; para que la criatura aparezca como vil y el creador se muestre dulce al corazón».

«Fue conducido a Ananías, cuyo nombre significa «oveja». Ved cómo el lobo rapaz es llevado a la oveja, para seguirla, no para devorarla. Mas para que la oveja no se asustase ante la aparición repentina del lobo, aquel pastor celeste que guiaba todos estos acontecimientos anunció a la oveja que el lobo iba a llegar, pero no para derramar sangre. Con todo, puesto que era tan grande la fama de cruel que le precedía, la oveja, al escuchar su nombre, no pudo menos de llenarse de turbación. En efecto, cuando el Señor Jesús anunció al mismo Ananías que Pablo ya había venido a la fe y que debía llegarse a él, le dijo: Señor, he oído acerca de este hombre que ha hecho mucho mal a tus santos y que ahora ha recibido cartas de los príncipes de los sacerdotes para que, dondequiera que encuentre seguidores de tu nombre, se los lleve. Pero el Señor le replicó: Tranquilo, que yo le mostraré cuánto le conviene padecer por mi nombre. ¡Cosa grande y maravillosa! Se prohíbe al lobo el ser cruel y se le lleva cautivo ante la oveja. Tanta fama le había precedido de lobo raptor, que sólo con oír su nombre temblaba la oveja aún bajo la mano del pastor. Se le dan ánimos para que no lo considere ya feroz ni tema su orgullo. El cordero muerto por las ovejas tranquiliza a la oveja respecto al lobo».

(San Agustín, Sermón 279, Sobre la Conversión del Apóstol Pablo, BAC 1984, Vol. 25)


 

martes, 13 de enero de 2026

EL PRIMER RUGIDO DE LEÓN

Casi todos los medios de comunicación han destacado el tono directo y fuerte del discurso que León XIV dirigió al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. “Asistimos al fin de la «Diplomacia del Silencio» –comentaba al respecto Don Mario Proietti en Korazym–. Tradicionalmente, la diplomacia de la Santa Sede prefiere tonos matizados para mantener abiertos los canales con los gobiernos; sin embargo, hoy León XIV opta por la confrontación intelectual. Utilizar términos como «lenguaje orwelliano» o denunciar el «cortocircuito de derechos» ante embajadores de todo el mundo representa un gesto de agresividad comunicativa que no se veía desde hacía tiempo".

Con todo respeto, se podría decir que ha sido su primer rugido frente a las lacras que atenazan nuestra decadente sociedad occidental; como un recordatorio de las palabras del Apóstol a los hombres de nuestro tiempo: “Es hora de despertar de vuestro sueño” (Cf. Rm 13, 11).

Extractos del discurso del Santo Padre:

«Hoy en día, el significado de las palabras es cada vez más fluido y los conceptos que representan son cada vez más ambiguos. El lenguaje ya no es el medio preferido por los seres humanos para conocerse y relacionarse entre sí. Además, en las contorsiones de la ambigüedad semántica, el lenguaje se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes. Las palabras deben volver a expresar ciertas realidades de forma inequívoca. Sólo así podrá reanudarse el diálogo auténtico sin malentendidos. Esto debería ocurrir en nuestros hogares y espacios públicos, en la política, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Del mismo modo, debería ocurrir en el contexto de las relaciones internacionales y el multilateralismo, para que este último pueda recuperar la fuerza precisa para desempeñar su papel de encuentro y mediación. Esto es realmente necesario para prevenir conflictos y garantizar que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar.

También debemos señalar la paradoja de que este debilitamiento del lenguaje se invoca a menudo en nombre de la propia libertad de expresión. Sin embargo, si lo analizamos más detenidamente, ocurre lo contrario, ya que la libertad de expresión está garantizada precisamente por la certeza del lenguaje y el hecho de que cada término está anclado en la verdad. Es doloroso ver cómo, especialmente en Occidente, el espacio para la verdadera libertad de expresión se está reduciendo rápidamente. Al mismo tiempo, se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que, en un intento por ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan».

«La vocación al amor y a la vida, que se manifiesta de manera importante en la unión exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre, implica un imperativo ético fundamental para que las familias puedan acoger y cuidar plenamente la vida por nacer. Esto es cada vez más una prioridad, especialmente en aquellos países que están experimentando un dramático descenso de la natalidad. La vida, de hecho, es un don inestimable que se desarrolla dentro de una relación comprometida basada en la entrega mutua y el servicio.

A la luz de esta profunda visión de la vida como un don que hay que apreciar, y de la familia como su guardiana responsable, rechazamos categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo. Entre ellas se encuentra el aborto, que interrumpe una vida en crecimiento y rechaza acoger el don de la vida. En este sentido, la Santa Sede expresa su profunda preocupación por los proyectos destinados a financiar la movilidad transfronteriza con el fin de acceder al llamado “derecho al aborto seguro”. Asimismo, considera deplorable que se asignen recursos públicos para suprimir la vida, en lugar de invertirlos en apoyar a las madres y las familias. El objetivo principal debe seguir siendo la protección de todos los niños no nacidos y el apoyo efectivo y concreto a todas las mujeres para que puedan acoger la vida.

De manera similar, existe la práctica de la subrogación. Al convertir la gestación en un servicio negociable, se viola la dignidad de ambos, tanto del niño, que queda reducido a un “producto”, como de la madre, al explotar su cuerpo y el proceso generativo y alterar la vocación relacional original de la familia.

Consideraciones similares se aplican también a los enfermos y a las personas mayores y solas, que a veces tienen dificultades para encontrar una razón para seguir viviendo. La sociedad civil y los Estados también tienen la responsabilidad de responder de manera concreta a las situaciones de vulnerabilidad, ofreciendo soluciones al sufrimiento humano, como los cuidados paliativos, y promoviendo políticas de auténtica solidaridad, en lugar de fomentar formas falsas de compasión como la eutanasia».

Fuente: vatican.va





 

domingo, 11 de enero de 2026

DIGNIDAD CRISTIANA

Bautismo de Cristo. Paolo Veronese

«Por lo cual, amadísimos, demos gracias a Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo, que, por la inmensa misericordia con que nos amó, se compadeció de nosotros, y, estando muertos por el pecado nos resucitó a la vida de Cristo (Ef 2, 5), para que fuésemos en él una nueva criatura, una nueva obra de sus manos. Por tanto, dejemos al hombre viejo con sus acciones (Col 3, 9), y renunciemos a las obras de la carne nosotros que hemos sido admitidos a participar del nacimiento de Cristo.

Reconoce, ¡oh cristiano!, tu dignidad, pues participas de la divina naturaleza (2 Pe 1, 4), y no vuelvas a la antigua vileza con una vida depravada. Recuerda de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. Ten presente que arrancado al poder de las tinieblas Col 1, 13) se te ha trasladado al reino y claridad de Dios. Por el sacramento del Bautismo te convertiste en templo del Espíritu Santo. No ahuyentes a tan escogido huésped con acciones pecaminosas, no te entregues otra vez como esclavo al demonio, pues has costado la sangre de Cristo, quien te redimió según su misericordia y te juzgará conforme a la verdad, el cual con el Padre y el Espíritu Santo reina por los siglos de los siglos. Amén».

(San León Magno, Homilías sobre el año litúrgico. Homilía I en la Natividad del Señor, n. 3, BAC 2014, p. 31)