martes, 21 de julio de 2026

TRADITIONIS CUSTODES: UNA «PERSECUCIÓN» INÚTIL

Presento en español una crónica perspicaz del Vaticanista y Corresponsal en Roma Michael Haynes. Fue publicada en el sitio web Per Mariam el 16 de julio pasado, con motivo del quinto aniversario del motu proprio Traditionis Custodes que restringió severamente el uso de la liturgia tradicional de la Iglesia.

Fuente: permariam.com


Traditionis Custodes: Cinco años de «persecución»
innecesaria y de caos
Por Michael Haynes

En este mismo día de 2021, el Papa Francisco reavivó las guerras litúrgicas en la Iglesia al publicar Traditionis Custodes (TC), deshaciendo de un solo golpe lo que muchos consideraban uno de los elementos más importantes del papado de su predecesor.

El motu proprio, que se convirtió rápidamente en un hito del papado de Francisco, al igual que muchos otros textos controvertidos de su pontificado, fue publicado en una fiesta mariana: la de Nuestra Señora del Monte Carmelo. En él figuraba la impactante y polémica afirmación de que «los libros litúrgicos promulgados por San Pablo VI y San Juan Pablo II, de conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión de la lex orandi del rito romano».

Como era de esperar, los miembros más activos del círculo cercano al Papa Francisco respaldaron el documento con sus acciones, y algunos obispos actuaron con rapidez para cancelar las celebraciones del antiguo rito, de una manera que denotaba gran impaciencia. Otros tardaron más en actuar, pero finalmente lo hicieron, y las misas continuaron cancelándose de forma regular y arbitraria en toda la Iglesia.

«La intención clara es condenar la Forma Extraordinaria a la extinción a largo plazo», escribió el cardenal Gerhard Müller el 19 de julio de 2021. Müller no es un entusiasta personal del rito tradicional, como atestiguó ese mismo mes, pero lo celebra con regularidad para quienes desean nutrirse de él y ha criticado en repetidas ocasiones sus restricciones. «En lugar de valorar el olor de las ovejas, el pastor aquí las golpea con fuerza con su cayado», escribió entonces.

Se trata de un tema reiterado por numerosos prelados que han expresado su preocupación por el texto, y es la realidad para un gran número de católicos afectados por las restricciones, que ven cómo se interrumpe abruptamente su misa habitual.

Como escribió en su momento la Fraternidad de San Pío X: «Todo, o casi todo, en Summorum pontificum, está disperso, abandonado o destruido».

El cardenal Raymond Burke, uno de los defensores más destacados de la misa tradicional, lamentó en julio de 2021 que el motu proprio fuera una «acción severa y revolucionaria» que ocultaba un intento de «eliminación definitiva» de la liturgia tradicional. Según Burke, a los asistentes a la misa en tradicional latina se les estaba transmitiendo el mensaje de que «padecen una aberración que puede tolerarse durante un tiempo, pero que debe erradicarse definitivamente».

A Burke se le unió pronto su compañero cardenal de las Dubia, Walter Brandmüller, quien opinó que Francisco había «desatado un huracán» con su texto. El cardenal Joseph Zen se sumó a esta opinión, afirmando que había herido los «corazones de muchas buenas personas».

El obispo Athanasius Schneider, otra figura reconocida internacionalmente en la defensa de la misa tradicional, se hizo eco de la descripción que hizo Müller de Francisco como un pastor que maltrata a su rebaño. Yendo más allá que el cardenal, Schneider argumentó que el motu proprio comete «una injusticia contra todos los católicos que se adhieren a la forma litúrgica tradicional, al acusarlos de ser divisivos y de rechazar el Concilio Vaticano II».

Y continuó diciendo: La Misa tradicional es un tesoro que pertenece a toda la Iglesia, ya que ha sido celebrada, profundamente apreciada y amada por sacerdotes y santos durante al menos mil años. De hecho, la forma tradicional de la Misa fue casi idéntica durante siglos antes de la publicación del Misal del papa Pío V en 1570. Un tesoro litúrgico válido y muy estimado, con casi mil años de antigüedad, no es propiedad privada de un papa, del cual pueda disponer libremente.

La postura de estos prelados no ha variado en los cinco años transcurridos desde entonces. A medida que un obispo tras otro ha utilizado TC para reprimir a las comunidades florecientes de su diócesis, el sistema de dos clases del que advirtió Schneider se ha puesto efectivamente en práctica. Sigue vigente hasta el día de hoy la orden de que las misas tradicionales no se anuncien públicamente en los boletines parroquiales, una situación tan absurda como draconiana.

Esta situación ha propiciado la proliferación de misas al estilo de las catacumbas, confirmando así la predicción de muchos tras la publicación de TC. Sin duda, las órdenes tradicionales exentas de TC han florecido, al igual que la FSSPX. Año tras año, jóvenes han acudido a los seminarios en cifras récord, y cualquier esperanza que el Vaticano tuviera de erradicar la misa tradicional es ahora inexistente.

Ciertamente ha sido restringida, censurada, limitada y perseguida, pero de ninguna manera extinguida. El papa Francisco defendió TC a lo largo de su pontificado. Cuando este corresponsal le preguntó sobre los motivos que lo sustentaban, respondió: «Lee el motu proprio; allí lo tienes todo».


 

lunes, 13 de julio de 2026

VAMOS A LA SOLEDAD

El 12 de abril de 1920, con tan solo 19 años, Santa Teresa de los Andes –la primera santa chilena– dejaba este mundo para unirse definitivamente a su divino Esposo. «Sólo Jesús es hermoso. El sólo puede hacerme gozar», escribe esta joven carmelita que en poco tiempo el amor de Cristo la enloqueció.  Su célebre frase: «Jesucristo, ese loco de amor que me ha vuelto loca», compendia admirablemente su corta pero intensa vida.

Para cualquier alma contemplativa los días de retiro se esperan con ansiedad e ilusión. Permanecer a solas con Dios, mirarle con quietud, sumergirse en la infinita grandeza de su bondad y misericordia, lejos del mundanal ruido, es en cierto modo anticipar la dicha del cielo. También días afanosos buscando el rostro de Dios en la penumbra. 

En sus diarios, Teresa de Los Andes tomó notas de cinco retiros, el último ya estando en el Carmelo. Recojo a continuación los primeros párrafos de las notas autobiográficas, con sus respectivos títulos, de tres de esos retiros (1917-1918-1919) que bien supo aprovechar, y en poco tiempo la dispusieron a entrar en su Retiro definitivo.

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«Vamos a la soledad» (1917)

«Agosto 8. Hoy entro a retiro. Oigo la voz de mi Jesús que me dice “vamos a la soledad”. “La llevaré a la soledad y allí le hablaré a su corazón” (Oseas 2, 14). Me retiro con Él en lo íntimo de mi alma y allí, como en otro Nazaret, viviré en su compañía con mi Madre y San José. Jesús me ha dicho que va a hacer un registro en su casita para ver lo que le hace falta para purificarla.

¡Hablad, Señor! (1918)

Agosto 7. Entro al retiro: «Hablad, Señor, que vuestra sierva escucha» (I Sam 3, 9). Quiero decir con la Sma. Virgen: «Fiat mihi secundum Verbum tuum». (Lc 1, 38). Mi casita estará cerrada para todo lo del mundo y abierta sólo para el cielo. Como Magdalena, me pongo a oír de N. Señor «la única cosa necesaria» (Lc 10, 42). Quiero guardar el silencio y mortificar la vista.

Retiro del Espíritu Santo (1919)

Entré ayer a retiro. N. Señor me dijo que fuera por Él a su Padre. Que lo único que quería en este retiro era que me escondiera y sumergiera en la Divinidad para conocer más a Dios y amarlo, y conocerme más a mí y aborrecerme. Que quería que me dejase guiar por el Espíritu Santo enteramente. Que mi vida debe ser una alabanza continua de amor. Perderme en Dios. Contemplarle siempre sin perderle de vista jamás. Para esto, vivir en un silencio y olvido de todo lo creado, pues Dios, por su naturaleza, siempre vive solo. Todo es silencio, armonía, unidad en Él. Y para vivir en Él, es necesario simplificarse, no tener sino un solo pensamiento y actividad: alabar».

(Santa Teresa de los Andes, Diarios y Cartas, Ediciones Carmelo Teresiano, Santiago de Chile 2022, pp. 63, 84, 105).

 

sábado, 11 de julio de 2026

EL EXPOLIO DE CRISTO

El expolio de Cristo. Giandomenico Tiepolo

Meditación del Santo Cardenal Newman a la décima estación del Via Crucis: Jesús es despojado de sus vestiduras.

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«Finalmente ha arribado al lugar del sacrificio, y ellos comienzan a prepararlo para la Cruz. Sus vestiduras son desgarradas de su cuerpo ensangrentado, y Él, el Santo de los Santos, quedó expuesto a las fijas miradas de la multitud ordinaria y burlona.

Tú, que en tu Pasión fuiste desnudado de todas tus ropas, y levantado ante la curiosidad y la mofa del populacho, desnúdame de mí mismo aquí y ahora, para que en el último día no me avergüence delante de los hombres y de los ángeles. Tú soportaste la vergüenza en el Calvario para evitarme la vergüenza del Juicio. Tú no tenías nada de que avergonzarte personalmente, y la vergüenza que sentiste fue porque habías asumido la naturaleza del hombre. Cuando te arrancaron tus vestimentas, esos inocentes miembros tuyos fueron objeto de humilde a amorosa adoración para los altísimos serafines.

Ellos permanecieron en derredor en silenciosa veneración, maravillados de tu belleza, estremecidos de tu infinito abatimiento. Pero yo, Señor, ¿cómo aparecería si tú me sostuvieras en el futuro para ser mirado fijamente, desvestido de ese manto de gracia que es tuyo, y visto en mi propia vida y naturaleza personal? Qué horrible soy en mí mismo, aun en mi mejor estado. Aun cuando soy purificado de mis pecados mortales, cuánta enfermedad y corrupción se ve en mis pecados veniales. ¿Cómo podré ser digno de la compañía de los ángeles, y de tu presencia, hasta que tú quemes esta lepra impura en el fuego del purgatorio?»

(John Henry Newman, Meditaciones y devociones, Ed. Agape Libros, Buenos Aires 2007, p. 132).






 

miércoles, 8 de julio de 2026

EL PERDÓN DE DIOS

Las lágrimas de San Pedro

Conmovedora anécdota en la vida de Santa Faustina Kowalska que nos ayuda a comprender mejor la hondura del perdón divino. Dios, -tardo a la ira y grande en misericordia- (Num 14, 18), se olvida prontamente de los pecados que perdona. Un perdón sin olvido siempre será un perdón resentido.

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«Llevaba Santa Faustina Kowalska unos días algo inquieta por unas visiones que tenía. Dudando de si eran de Dios o, al contrario, eran provocadas por el demonio para confundirla, lo habló con su confesor. Este, que era una persona muy espiritual como después se demostró, le dijo: “La próxima vez que veas la visión pregúntale cuál fue el último pecado que te perdonó Dios”.

Así lo hizo Santa Faustina y en la próxima ocasión que tuvo dijo a la visión: “¿Cuál es el último pecado que me perdonó Dios?” Y la visión respondió: “No me acuerdo”.

Volvió la Santa al confesor y le contó la respuesta recibida, a lo que éste dijo: “Verdaderamente es Dios a quién ves».

Fuente: religionenlibertad.com

 

viernes, 3 de julio de 2026

CLAVES PARA UNA RECONCILIACIÓN

Un texto de impresionante actualidad, digno de difusión y meditación tanto por parte de la Santa Sede como de los miembros de la Fraternidad San Pio X, es la alocución que pronunció el Cardenal Joseph Ratzinger, entonces Prefecto para la Doctrina de la Fe, a los pocos días de las consagraciones episcopales de Mons. Lefebvre. En su encuentro con los obispos de Chile (Santiago, julio de 1988), el Cardenal Ratzinger pronunció una conferencia titulada Unidad en la tradición de la fe; en ella relata brevemente los hechos que han precedido a este doloroso desenlace, reflexiona sobre las causas y responsabilidades en juego y finaliza sentando las bases para una futura reconciliación. Somos conscientes que la profundidad y finura de sus palabras no son exigibles al actual Prefecto, pero sí debería leerlas y meditarlas con humildad, y reconocer la desidia que la Santa Sede ha manifestado en esta larga y dolorosa historia, que -dicho sea de paso- algo conozco. De no hacerlo, cabría pensar que el Cardenal Fernández también quiere “excomulgar” a Benedicto XVI.

El texto completo de la alocución del Cardenal Ratzinger puede leerse íntegramente en el siguiente enlace:

https://www.humanitas.cl/teologia-y-espiritualidad-de-la-iglesia/alocucion-a-los-obispos-de-chile-unidad-en-la-tradicion-de-la-fe

 

viernes, 26 de junio de 2026

UN CONTEMPLATIVO ITINERANTE

Hoy que parece estar de moda lanzar piedras sobre el Opus Dei, es de justicia reconocer que San Josemaría fue maestro y guía de un ejército de contemplativos itinerantes, que han procurado iluminar las encrucijadas del mundo invitando a la amistad con Cristo a miles de personas: «Jesús es tu amigo. El Amigo. Con corazón de carne, como el tuyo. Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro...Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti» (Camino 422). Copio un párrafo del Decreto sobre las virtudes heroicas de Mons. Escrivá de Balaguer, del 9 de abril de 1990.

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«Con todo, los rasgos más característicos de su figura no sólo se encuentran en sus dotes extraordinarias de hombre de acción, sino también en su vida de oración y en esa asidua experiencia unitiva que hizo de él un contemplativo itinerante. Fiel al carisma recibido fue ejemplo de un heroísmo que se manifestaba en las situaciones más corrientes: en la oración continua, en la mortificación ininterrumpida «como el latir del corazón», en la asidua presencia de Dios, capaz de alcanzar las cumbres de la unión con el Señor incluso en medio del fragor del mundo y en la intensidad de un trabajo sin tregua. Constantemente inmerso en la contemplación del misterio trinitario, puso en el sentido ele la filiación divina en Cristo el fundamento de una espiritualidad en la que la fortaleza de la fe y la audacia apostólica de la caridad se conjugan armónicamente con el abandono filial en Dios Padre».

«El Siervo de Dios, amante apasionado de la Eucaristía, vivió el Sacrificio del Altar como «centro y raíz de la vida cristiana». Fue apóstol incansable del Sacramento de la Penitencia; y delicadamente devoto de María, «Madre de Dios y Madre nuestra», de san José y de los Ángeles Custodios. Amaba a la Iglesia con todas las fuerzas de su corazón sacerdotal, y se ofrecía en holocausto de reparación y penitencia por los pecados con los que las criaturas afean su rostro materno. Aunque la prodigiosa fecundidad de su apostolado estaba a la vista de todos, se consideraba sólo un «instrumento inepto y sordo», un «fundador sin fundamento», «un pecador que ama con locura a Jesucristo».


martes, 23 de junio de 2026

EL ADIÓS DE UN MÁRTIR

Estas conmovedoras líneas se leen en el Oficio de lectura de la fiesta de Santo Tomás Moro. Están tomadas de una carta escrita en la cárcel a su hija Margarita, y son expresión de las cumbres que el alma cristiana puede sobrevolar, con las alas de la fe y del amor, en los cielos de la confianza y abandono en Dios.

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«Aunque estoy bien convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad. Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes que prestar juramento en contra de mi conciencia; hasta ahora, ha inspirado al mismo rey la suficiente benignidad para que no pasara de privarme de la libertad (y, por cierto, que con esto solo su majestad me ha hecho un favor más grande, por el provecho espiritual que de ello espero sacar para mi alma, que con todos aquellos honores y bienes de que antes me había colmado). Por esto, espero confiadamente que la misma gracia divina continuará favoreciéndome, no permitiendo que el rey vaya más allá, o bien dándome la fuerza necesaria para sufrir lo que sea con paciencia, con fortaleza y de buen grado.

Esta mi paciencia, unida a los méritos de la dolorosísima pasión del Señor (infinitamente superior en todos los aspectos a todo lo que yo pueda sufrir), mitigará la pena que tenga que sufrir en el purgatorio y, gracias a la divina bondad, me conseguirá más tarde un aumento de premio en el cielo.

No quiero, mi querida Margarita, desconfiar de la bondad de Dios, por más débil y frágil que me sienta. Más aún, si a causa del terror y el espanto viera que estoy ya a punto de ceder, me acordaré de san Pedro, cuando, por su poca fe, empezaba a hundirse por un solo golpe de viento, y haré lo que él hizo. Gritaré a Cristo: Señor, sálvame. Espero que entonces él, tendiéndome la mano, me sujetará y no dejará que me hunda.

Y, si permitiera que mi semejanza con Pedro fuera aún más allá, de tal modo que llegara a la caída total y a jurar y perjurar (lo que Dios, por su misericordia, aparte lejos de mí, y haga que una tal caída redunde más bien en perjuicio que en provecho mío), aun en este caso espero que el Señor me dirija, como a Pedro, una mirada llena de misericordia y me levante de nuevo, para que vuelva a salir en defensa de la verdad y descargue así mi conciencia, y soporte con fortaleza el castigo y la vergüenza de mi anterior negación.

Finalmente, mi querida Margarita, de lo que estoy cierto es de que Dios no me abandonará sin culpa mía. Por esto, me pongo totalmente en manos de Dios con absoluta esperanza y confianza. Si a causa de mis pecados permite mi perdición, por lo menos su justicia será alabada a causa de mi persona. Espero, sin embargo, y lo espero con toda certeza, que su bondad clementísima guardará fielmente mi alma y hará que sea su misericordia, más que su justicia, lo que se ponga en mí de relieve.

Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor».