«Hemos escuchado y hasta visto con
los ojos de la fe el afecto de aquella piadosa mujer hacia el Señor. Buscaba a Jesús, pero todavía como quien busca el
cuerpo de un hombre muerto y le amaba pero como a un maestro bueno…»
«¿Qué significa, pues: No me toques (Noli me tangere)? (Jn 20, 17). Este tocar simboliza la fe, pues tocando se acerca uno a lo tocado. Pensad en aquella mujer que padecía flujo de sangre. Decía en su corazón: Sanaré si toco la orla de su vestido (Mt 9, 21). Se acercó, la tocó y sanó. ¿Qué significa: «Se acercó y la tocó»? Que se acercó y creyó.
Para que sepáis que lo tocó mediante la fe, dijo el Señor: Alguien me ha tocado (Lc 8, 46). ¿Qué es me ha tocado, sino «ha creído en mí»? Para que veáis que el tocar equivale al creer, le respondieron los discípulos y le dijeron: La multitud te apretuja y preguntas: ¿Quién me ha tocado? (Lc 8, 45-46). Si caminaras solo, si el gentío se apartase para que tú pasases, si nadie estuviese a tu lado, harías bien en decir: Alguien me ha tocado. ¡La multitud te apretuja, y tú piensas en que uno te ha tocado! Pero él insistió: Alguien me ha tocado. Primero había preguntado: ¿Quién me ha tocado?, y luego afirma: Alguien me ha tocado. Lo sabéis, puesto que decís: La multitud te apretuja. Alguien me ha tocado. Esta multitud sabe apretujar, mas no tocar. Está claro que es esto lo que quiso indicar al decir: ¿Quién me ha tocado? y Alguien me ha tocado.
Creemos, pues, que ese tocar es la fe de quien toca, o, mejor, el acercarse de quien cree. ¿Qué significa, en consecuencia: No me toques, pues aún no he subido a mi Padre? (Jn 20, 17). Piensas que soy solo lo que ves: aún no he subido a mi Padre. Ves que soy un hombre, y piensas que soy solo hombre; es cierto que soy hombre, pero no se quede ahí tu fe. No me toques pensando que soy solo un hombre. Aún no he subido a mi Padre. Subo a mi Padre: tócame entonces; es decir, progresa en la fe, comprende que soy igual al Padre; tócame entonces y sanarás. No me toques, pues aún no he subido a mi Padre. Ves que he descendido, pero aún no ves que he subido. Aún no he subido a mi Padre. Me anonadé tomando la forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres y hallado como hombre en el aspecto externo (Flp 2, 7). Esto es lo que ha sido crucificado, sepultado y lo que resucitó. No ves, en cambio, lo otro: Existiendo en la forma de Dios, no consideró una rapiña ser igual a Dios (Flp 2, 6). Aún no ves que he ascendido. No pierdas el cielo tocando la tierra; no renuncies a creer en él como Dios, quedándote solo en el hombre. No me toques, pues aún no he subido al cielo».
(San Agustín, Obras completas, Del Sermón 244, sobre la Aparición a María Magdalena. BAC 1983, Vol. XXIV).
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