En una magnífica entrevista a Nico
Spuntoni publicada hoy en el periódico Il Giornale, el Cardenal Robert
Sarah, con su claridad habitual, habla sobre los beneficios de la Forma
extraordinaria del Rito Romano, la humillación que supuso Traditionis Custodes
para el Papa Benedicto y la necesidad de que los fieles opten libremente por
las formas del rito romano más adecuadas a la práctica de su fe.
Fuente: ilgiornale.it
Su Eminencia, ¿cree que existe
aversión al latín y al canto gregoriano en algunos sectores de la Iglesia?
Me parece que se trata de una aversión por parte de ciertos círculos culturales autorreferenciales que tiene más que ver con la psicología que con fundamentos reales, y creo que es únicamente una cuestión generacional: cuando desaparezca la generación del 68, desaparecerán también estos unilateralismos infundados que menoscaban la propia estatura cultural del catolicismo latino.
Benedicto XVI estaba convencido de que la Forma Extraordinaria (la llamada Misa tradicional en latín) podía influir positivamente en aquellas celebraciones de la Forma Ordinaria que carecían de sacralidad. ¿Tenía razón?
Entre los efectos de la liberalización de la forma extraordinaria se encuentra la influencia positiva, incluso diría la corrección, de posibles abusos en la celebración de la forma ordinaria. Tales abusos son actos sumamente graves, pero jamás podemos equipararlos con la forma ordinaria misma. Muchos sacerdotes dan testimonio de que el descubrimiento de la forma extraordinaria les ha ayudado a celebrar mejor. Creo que la intención de Benedicto XVI era también profundamente humilde y democrática: asegurar su mayor difusión posible para permitir que el pueblo de Dios, a lo largo de las décadas, eligiera la forma que mejor se correspondiera con la práctica de su fe. Pero todo esto fue truncado por Traditionis Custodes, mientras el Pontífice Emérito aún vivía.
¿Cuál es su opinión al respecto?
No me pareció una decisión sabia ni respetuosa. Pero Benedicto, un hombre tan manso como un cordero, se dejó humillar y, así, en silencio y oración, ofreció su sufrimiento a Dios, para identificarse mejor con el dolor de Cristo por su Iglesia y purificarla.
¿Qué opina de la petición de levantar las restricciones?
El acceso a formas rituales reconocidas que han existido durante siglos jamás podrá limitarse artificialmente mediante decretos. Si un rito no contribuyera a la fe, desaparecería por sí solo; si, por el contrario, la preserva y la promueve, no debemos limitarlo, pues estaríamos limitando la preservación y la difusión de la fe misma.
¿Qué les diría a los muchos fieles que se sienten atraídos por la antigua liturgia, pero que quizás tienen que viajar kilómetros para asistir a misa?
Solo puedo admirar esta gran expresión de amor a Dios. Este fenómeno se está extendiendo cada vez más. Si la jerarquía es realmente capaz de interpretar los signos de los tiempos actuales —y no los del 68, que aún llegan demasiado tarde—, entonces se podrán abrir espacios para un diálogo fraterno y sereno. Como Iglesia, no podemos atacar a quienes asisten devotamente a Misa simplemente porque prefieren una forma sobre otra: esta es una actitud miope y puramente ideológica, por lo tanto, poco pastoral y anticristiana. Es perjudicial y destructiva para la Iglesia.

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