El 12 de abril de 1920, con tan solo 19 años, Santa Teresa de los Andes –la primera santa chilena– dejaba este mundo para unirse definitivamente a su divino Esposo. «Sólo Jesús es hermoso. El sólo puede hacerme gozar», escribe esta joven carmelita que en poco tiempo el amor de Cristo la enloqueció. Su célebre frase: «Jesucristo, ese loco de amor que me ha vuelto loca», compendia admirablemente su corta pero intensa vida.
Para cualquier alma contemplativa los días de retiro se esperan con ansiedad e ilusión. Permanecer a solas con Dios, mirarle con quietud, sumergirse en la infinita grandeza de su bondad y misericordia, lejos del mundanal ruido, es en cierto modo anticipar la dicha del cielo. También días afanosos buscando el rostro de Dios en la penumbra.
En sus diarios, Teresa de Los Andes tomó notas de cinco retiros, el último ya estando en el Carmelo. Recojo a continuación los primeros párrafos de las notas autobiográficas, con sus respectivos títulos, de tres de esos retiros (1917-1918-1919) que bien supo aprovechar, y en poco tiempo la dispusieron a entrar en su Retiro definitivo.
* * *
«Vamos a la soledad» (1917)
«Agosto 8. Hoy entro a retiro. Oigo la voz de mi Jesús que me dice “vamos a la soledad”. “La llevaré a la soledad y allí le hablaré a su corazón” (Oseas 2, 14). Me retiro con Él en lo íntimo de mi alma y allí, como en otro Nazaret, viviré en su compañía con mi Madre y San José. Jesús me ha dicho que va a hacer un registro en su casita para ver lo que le hace falta para purificarla.
¡Hablad, Señor! (1918)
Agosto 7. Entro al retiro: «Hablad, Señor, que vuestra sierva escucha» (I Sam 3, 9). Quiero decir con la Sma. Virgen: «Fiat mihi secundum Verbum tuum». (Lc 1, 38). Mi casita estará cerrada para todo lo del mundo y abierta sólo para el cielo. Como Magdalena, me pongo a oír de N. Señor «la única cosa necesaria» (Lc 10, 42). Quiero guardar el silencio y mortificar la vista.
Retiro del Espíritu Santo (1919)
Entré ayer a retiro. N. Señor me dijo que fuera por Él a su Padre. Que lo único que quería en este retiro era que me escondiera y sumergiera en la Divinidad para conocer más a Dios y amarlo, y conocerme más a mí y aborrecerme. Que quería que me dejase guiar por el Espíritu Santo enteramente. Que mi vida debe ser una alabanza continua de amor. Perderme en Dios. Contemplarle siempre sin perderle de vista jamás. Para esto, vivir en un silencio y olvido de todo lo creado, pues Dios, por su naturaleza, siempre vive solo. Todo es silencio, armonía, unidad en Él. Y para vivir en Él, es necesario simplificarse, no tener sino un solo pensamiento y actividad: alabar».
(Santa Teresa de los Andes, Diarios y Cartas, Ediciones Carmelo Teresiano, Santiago de Chile 2022, pp. 63, 84, 105).




