viernes, 25 de septiembre de 2026

LA MARIOLOGÍA DEL BEATO FULTON SHEEN

Beato Fulton J. Sheen

Ayer, 24 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de la Merced, se encendía una nueva estrella en el firmamento de la Iglesia: el Beato Fulton Sheen. Su fuerza como comunicador y escritor de la fe brotaba de la contemplación diaria ante Jesús Sacramentado. Asimismo, su veneración y amor a la Virgen, aunque presente en toda su obra, ha quedado reflejada de manera especial en un capítulo de su libro El Calvario y la Misa (Cf. Parte III, donde se pone en relación la tercera palabra de Jesús en la Cruz “He ahí a tu Madre” con el Sanctus de la Misa). El nuevo Beato no tiene reparos en atribuir a Nuestra Señora los títulos de Corredentora y Medianera de todas las gracias, permaneciendo lejano de las aprensiones formuladas recientemente por el Cardenal Víctor Manuel Fernández. No hay que olvidar que los santos son los mejores teólogos.

* * *

«Nosotros somos hijos de María —literalmente, hijos. Ella es nuestra Madre no por título ficticio o por título de cortesía; es nuestra Madre porque ella soportó en aquel preciso momento los sufrimientos de la maternidad para todos nosotros. Y ¿por qué nos la dio Nuestro Señor como Madre? Porque conoció que jamás seríamos santos sin ella. El vino a nosotros a través de su pureza, y sólo a través de su pureza podemos nosotros volver a Él. No hay Sanctus sin María. Toda víctima que sube a este Altar bajo las especies de pan y vino debe haber dicho el Confíteor y haberse convertido en víctima santa; pero no hay santidad sin María.

Observad que cuando fue dirigida aquella palabra a nuestra Santísima Madre había allí otra mujer que estaba postrada. ¿No os habéis fijado en que prácticamente todas las representaciones de la Crucifixión pintan siempre a la Magdalena de rodillas a los pies del crucifijo? Pero jamás habréis visto la imagen de Nuestra Señora postrada. Juan estaba allí y nos dijo en su Evangelio que ella estaba en pie. El la vio en pie. Y ¿por qué estaba de pie? Estaba de pie para servirnos. Estaba de pie para ser nuestro ministro, nuestra Madre.

Si María se hubiese postrado en aquel momento como lo hizo la Magdalena, si al menos hubiese llorado, su dolor habría tenido un alivio. La pena que llora nunca es una pena que rompe el corazón. El que se deshace es el corazón que no puede hallar salida por la fuente de las lágrimas. El corazón que estalla es el que no puede tener un desahogo emocional. Y todo aquel quebranto fue parte del precio de nuestro rescate pagado por nuestra Co-Redentora, María la Madre de Dios. 

Calvario. José de Ribera

Y porque nuestro Señor quería que hiciese con nosotros las veces de Madre, la dejó en este mundo cuando El subió a los cielos, para que ella pudiese criar a la Iglesia naciente. La Iglesia niña necesitaba de una Madre, exactamente como el Infante, Cristo. Tuvo que quedarse en la tierra hasta que su familia estuviese criada. Por eso la hallamos en Pentecostés permaneciendo en oración con los Apóstoles, esperando el descendimiento del Espíritu Santo. Estaba criando el Cuerpo Místico de Cristo.

Ahora está coronada en el Cielo como Reina de los Ángeles y de los Santos, convirtiendo el cielo en otra fiesta de bodas de Caná, donde intercede con su Divino Salvador en favor de nosotros, sus otros hijos, hermanos de Cristo, e hijos del Padre Celestial …

No se trata aquí de confundir a Nuestra Señora con Nuestro Señor.

Veneramos a nuestra Madre, adoramos a nuestro Señor. Pedimos a Jesús aquellas cosas que sólo Dios puede conceder: misericordia, gracia, perdón. Y pedimos que María quiera interceder por nosotros con El y especialmente a la hora de la muerte. Por esa proximidad a Jesús que su misión envuelve, sabemos que nuestro Señor oye especialmente sus ruegos. A ningún otro santo le podemos hablar como a un hijo a su Madre. Ninguna otra virgen o mártir o confesor ha sufrido tanto por nosotros como ella sufrió; ninguno ha cimentado mejor que ella sus derechos a nuestro amor y a su patrocinio.

Mediadora de todas las gracias, todos los favores nos vienen de Jesús por medio de ella, como por ella nos vino el mismo Jesús. Queremos ser santos; pero conocemos que no hay santidad sin ella, porque ella fue el don que nos hizo Jesús en el Sanctus de su cruz. No hay mujer que pueda olvidar jamás al hijo de sus entrañas. María ciertamente no puede olvidarnos. Por eso nosotros llevamos profundamente grabado en nuestros corazones que siempre que ella ve un niño inocente en la mesa de la Primera Comunión, o un pecador arrepentido caminando hacia la cruz, o un corazón deshecho rogando que el agua de su vida malgastada se convierta en el vino del amor de Dios, ella, María, escucha de nuevo aquella palabra: 'Mujer, he ahí a tu hijo'».


(Futlon Sheen, El Calvario y la Misa, 1961, c. III)



 

lunes, 21 de septiembre de 2026

SOBERANÍA Y NECESIDAD DEL SEÑOR

El milagro de la multiplicación de los panes y peces

Cristo, al hacerse hombre, se nos muestra soberano y necesitado a la vez. Es Señor y tiene el imperio sobre todo lo creado, pero quiere a la vez presentarse como necesitado de nuestra humilde e insignificante colaboración. Desea que nunca olvidemos que somos importantes para Él. Decía San Josemaría al respecto:

«Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: aquí está un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; mas ¿qué es eso para tanta gente?» (Jn 6, 8-9). Necesita de un niño, de un muchacho, de unos trozos de pan y de unos peces. Le hacemos falta tú y yo, hijo mío: ¡y es Dios! Esto nos urge a ser generosos en nuestra correspondencia. No necesita para nada de ninguno de nosotros, y –al mismo tiempo– nos necesita a todos. ¡Qué maravilla! Lo poco que somos, lo poco que valemos, nuestros pocos talentos nos los pide, no se los podemos escatimar. Los dos peces, el pan: todo». (Cf. En diálogo con el Señor, n. 22).

El Venerable Fulton Scheen consideraba admirado esta paradoja de majestad y acatamiento, de señorío y dependencia en la vida de Cristo. Y así como al dueño del pollino le bastó el mensaje «el Señor tiene necesidad de él» (Mc 11, 3)» para cederlo sin resistencias, así también hemos de sentirnos honrados ante la posibilidad de poner al servicio de Jesús algo de lo que consideramos nuestro.

«Quizá no se ha escrito nunca una paradoja tan grande como ésta: Por un lado, la soberanía del Señor, y por otra, su necesidad. Esta combinación de divinidad y dependencia, de posesión y pobreza, era consecuencia de que la Palabra, o el Verbo, se hubiera hecho carne. Realmente, el que era rico se había hecho pobre por nosotros, para que pudiésemos ser ricos. Pidió prestado a un pescador una barca desde la cual poder predicar; tomó prestado panes de cebada y peces que llevaba un muchacho con objeto de alimentar a la multitud; tomó prestada una sepultura de la cual resucitaría, y ahora tomaba prestado un asno sobre el cual entrar en Jerusalén. A veces Dios se permite tomar cosas de los hombres para recordarles que todo procede el Él. Para aquellos que le conocen, le es suficiente oír estas palabras: "El Señor tiene necesidad de tal cosa". (Fulton J. Scheen, Vida de Cristo, Herder 1985, p. 288). 

jueves, 17 de septiembre de 2026

¿POR QUÉ SU YUGO ES SUAVE Y LIGERA SU CARGA?


 «Ubi maior est amor, minor est labor» repetía con frecuencia San Agustín; «Donde mayor es el amor, menor es el esfuerzo (o trabajo)». Ese misterioso poder del amor, que “vuelve ligero” el esfuerzo hasta hacerlo deleitable, es un acervo de la espiritualidad cristiana.

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«Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia; ¿quién, que haya empezado a gustar, por poco que sea, la dulzura de tu dominio paternal dejará de servirte con todo el corazón? ¿Qué es, Señor, lo que mandas a tus siervos? Cargad —nos dices— con mi yugo. ¿Y cómo es este yugo tuyo? Mi yugo —añades— es llevadero y mi carga ligera. ¿Quién no llevará de buena gana un yugo que no oprime, sino que halaga, y una carga que no pesa, sino que da nueva fuerza? Con razón añades: Y encontraréis vuestro descanso. ¿Y cuál es este yugo tuyo que no fatiga, sino que da reposo? Por supuesto aquel mandamiento, el primero y el más grande: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón. ¿Qué más fácil, más suave, más dulce que amar la bondad, la belleza y el amor, todo lo cual eres tú, Señor, Dios mío?». 

(San Roberto Belarmino, Tratado sobre la ascensión de la mente hacia Dios, Grad. 1: Opera Omnia 6, edición de 1862, 214. Del oficio de lectura del 17 de septiembre, fiesta del santo).

miércoles, 16 de septiembre de 2026

ESTO SÍ QUE ES AUTÉNTICA SINODALIDAD

Santos Cornelio y Cipriano

Hoy la liturgia de las horas nos deleita con una carta de San Cipriano dirigida al Papa Cornelio elogiando la fortaleza de su fe y su admirable testimonio ante la persecución. Ambos se ayudan y preparan para el último combate. Pienso que estos viejos y santos pastores ya vivían una autentica y propia sinodalidad, construida al pie de la cruz y no en mesas de camaradería que poco o nada dicen a la gente.

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Cipriano a su hermano Cornelio:

Hemos tenido noticia, hermano muy amado, del testimonio glorioso que habéis dado de vuestra fe y fortaleza; y hemos recibido con tanta alegría el honor de vuestra confesión, que nos consideramos partícipes y socios de vuestros méritos y alabanzas. En efecto, si formamos todos una misma Iglesia, si tenemos todos una sola alma y un solo corazón, ¿qué sacerdote no se congratulará de las alabanzas tributadas a un colega suyo, como si se tratara de las suyas propias? ¿O qué hermano no se alegrará siempre de las alegrías de sus otros hermanos?

No hay manera de expresar cuán grande ha sido aquí la alegría y el regocijo, al enterarnos de vuestra victoria y vuestra fortaleza: de cómo tú has ido a la cabeza de tus hermanos en la confesión del nombre de Cristo, y de cómo esta confesión tuya, como cabeza de tu Iglesia, se ha visto a su vez robustecida por la confesión de los hermanos; de este modo, precediéndolos en el camino hacia la gloria, has hecho que fueran muchos los que te siguieran, y ha sido un estímulo para que el pueblo confesara su fe el hecho de que te mostraras tú, el primero, dispuesto a confesarla en nombre de todos; y, así, no sabemos qué es lo más digno de alabanza en vosotros, si tu fe generosa y firme o la inseparable caridad de los hermanos. Ha quedado públicamente comprobada la fortaleza del obispo que está al frente de su pueblo y ha quedado de manifiesto la unión entre los hermanos que han seguido sus huellas. Por el hecho de tener todos vosotros un solo espíritu y una sola voz, toda la Iglesia de Roma ha tenido parte en vuestra confesión.

Ha brillado en todo su fulgor, hermano muy amado, aquella fe vuestra, de la que habló el Apóstol. Él preveía, ya en espíritu, esta vuestra fortaleza y valentía, tan digna de alabanza, y pregonaba lo que más tarde había de suceder, atestiguando vuestros merecimientos, ya que, alabando a vuestros antecesores, os incitaba a vosotros a imitarlos. Con vuestra unanimidad y fortaleza, habéis dado a los demás hermanos un magnífico ejemplo de estas virtudes.

Y, teniendo en cuenta que la providencia del Señor nos advierte y pone en guardia y que los saludables avisos de la misericordia divina nos previenen que se acerca ya el día de nuestra lucha y combate, os exhortamos de corazón, en cuanto podemos, hermano muy amado, por la mutua caridad que nos une, a que no dejemos de insistir junto con todo el pueblo, en los ayunos, vigilias y oraciones. Porque éstas son nuestras armas celestiales, que nos harán mantener firmes y perseverar con fortaleza; éstas son las defensas espirituales y los dardos divinos que nos protegen.

Acordémonos siempre unos de otros, con grande concordia y unidad de espíritu, encomendémonos siempre mutuamente en la oración y prestémonos ayuda con mutua caridad cuando llegue el momento de la tribulación y de la angustia. (Carta 60, 1-2. 5).

 

martes, 15 de septiembre de 2026

FAC ME TECUM PLANGERE

Virgen Dolorosa de Miguel Cabrera (1769)

«Oh Madre, fuente de amor, hazme sentir tu dolor para que llore contigo», pedimos suplicantes en el Stabat Mater. Queremos ser solidarios del inmenso dolor de María, de modo similar a como ella lo fue de los sufrimientos de su Hijo. De un misal de fieles extraigo esta breve y piadosa explicación de la fiesta de hoy, Nuestra Señora de los Dolores.

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«La fiesta de hoy está estrechamente unida a la anterior (La exaltación de la Santa Cruz). Santa María se unió con su inmenso dolor de Madre a los padecimientos de su Hijo en la Cruz, mereciendo ser llamada por ello CORREDENTORA. Las representaciones de la Virgen Dolorosa han conmovido siempre el corazón de los cristianos, ayudándonos a valorar más la maldad del pecado y el valor de la redención».

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Anthony Van Dyck 
Deposición de Cristo (1619)

Quis est homo, qui non fleret,
Matrem Cristi si videret
In tanto supplicio?

Y ¿qué hombre no llorara
Si la Madre contemplara de Cristo
En tanto dolor?

(Stabat Mater)



 

lunes, 14 de septiembre de 2026

LA LITURGIA TRADICIONAL LLAMA A LA CONVERSIÓN

El padre Antonius Maria Mamsery, misionero tanzano de la Santa Cruz, celebró este año la misa de Pentecostés durante la tradicional peregrinación a Chartres. Era la primera vez que participaba y ha quedado conmovido; preguntado sobre sus impresiones, ha dicho: «Es la esperanza de Europa, la esperanza de la cultura cristiana, la esperanza del renacimiento de la fe y del catolicismo como lo fue en el pasado». El padre Antonius Maria conoce por experiencia propia el valor y la fuerza del rito antiguo; cómo a través de él muchas almas se topan con el misterio; cómo es un vehículo espléndido de transmisión íntegra de la fe de la Iglesia y cómo predispone muchos corazones a la conversión. Además, está convencido que «la destrucción del carácter sagrado de la liturgia en muchos lugares ha sido y sigue siendo la principal catástrofe de nuestro tiempo». Vaya de nuestra parte la oración y el apoyo al padre Antonius, a su labor misionera y a la tarea de difundir la misa tradicional en el continente africano. 

Recientemente se han publicado dos entrevistas al padre Mamsery cuya lectura recomendamos. (Ver: advaticanum.com y france-catholique.fr, traducida al español en infocatolica.com. De esta última transcribo su interesante respuesta a la pregunta sobre el carácter misionero de la liturgia.

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¿De qué maneras puede la liturgia ser misionera?

«La liturgia expresa lo que creemos, cómo creemos, en quién creemos y la reverencia que le debemos… Por eso no podemos tomarla a la ligera. Uno de los grandes errores de nuestro tiempo es creer que la «participación activa» en la liturgia consiste en gesticular con las manos y el cuerpo, hacer ruido, tocar instrumentos musicales, etc. Humildemente pregunto: ¿te atreverías a hacer eso bajo la Cruz, viendo a tu Maestro morir en un sufrimiento horrible? ¿No? Entonces, ¿por qué durante la Santa Misa? El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz, ofrecido en nuestros altares… La destrucción del carácter sagrado de la liturgia en muchos lugares ha sido y sigue siendo la principal catástrofe de nuestro tiempo.

Los primeros misioneros, al llegar a tierras extranjeras sin conocer el idioma, simplemente celebraban la Santa Misa con reverencia, y los paganos se sentían atraídos por estos «hermosos gestos», abandonando su culto pagano para volverse hacia este Dios verdadero, tan venerado por los misioneros. La liturgia misma era un llamado a la conversión. Esto es precisamente lo que está sucediendo hoy… Todos los continentes, pero especialmente Europa y América, están presenciando la conversión de un gran número de jóvenes, no gracias a los famosos predicadores de nuestro tiempo, ni a los hacedores de milagros, sino gracias a la liturgia tradicional… ¡Nadie puede negarlo con toda honestidad! Es el Espíritu Santo quien revela toda la Verdad, como prometió Nuestro Señor. Hoy en día, muchos documentos del Magisterio nos invitan a abrirnos a escuchar al Espíritu… Creo que ahora es el momento, más que nunca, de escuchar lo que el Espíritu del Señor comunica a la Iglesia de nuestro tiempo a través de los miles de jóvenes que caminan juntos con alegría, haciendo importantes sacrificios, en busca de la Verdad».

(Los destacados son nuestros).


sábado, 12 de septiembre de 2026

EL NOMBRE DE MARÍA, PUERTO DE SALVACIÓN

Oración de San Alfonso María de Ligorio dirigida a María como esperanza segura de salvación. En realidad, María es la marca de los elegidos. 

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¡Oh Madre del santo amor!
¡Oh vida, refugio y esperanza nuestra!
Bien sabéis que vuestro divino Hijo, Jesucristo,
no contento con haberse hecho perpetuo abogado nuestro
cerca del Padre eterno, quiso también que fuerais Vos
cerca de Él nuestra intercesora,
para impetrarnos las misericordias de Dios.

Jesús ha determinado que vuestras oraciones
nos ayuden a conseguir nuestra eterna salvación,
y les ha dado tanta eficacia, que alcanzan cuanto piden.
A Vos, pues, acude, esperanza de los miserables,
este desventurado pecador. 

Espero, Señora, que por los méritos de Jesucristo,
y por vuestra intercesión, me he de salvar.
De Vos lo espero todo y de tal suerte lo espero,
que si mi certera salvación estuviera en mis manos,
la pondría en la vuestras;
porque más me fio de vuestra protección y misericordia,
que de todas mis buenas obras.

¡Oh Madre y esperanza mía!
No me abandonéis, como lo tengo merecido.
Mirad mi miseria y muévaos a compasión.
Socorredme y salvadme. Confieso que muchas veces con mis pecados
he cerrado la puerta de mi alma a las luces y gracias
que me habéis alcanzado del Señor.

Pero la piedad que tenéis de los miserables
y el poder que tenéis cerca de Dios vencen
el número y la malicia de todos mis deméritos.
Conozca el cielo y la tierra que no se puede perder
el que es por Vos protegido.

Olvídense de mí todas la criaturas,
pero Vos, Madre del Dios omnipotente, no me echéis en olvido.
Decir al Señor que soy vuestro siervo;
decidle que Vos me defendéis, y me salvaré.

¡Oh María!, cuento con Vos;
en esta esperanza vivo y en ella espero y quiero y espero morir,
diciendo siempre: «Mi única esperanza es Jesucristo,
y después de Jesucristo, la Virgen María».

(Cf. Las Glorias de María, Madrid 1977, p. 136-137)