Meditación del Santo Cardenal Newman a
la décima estación del Via Crucis: Jesús es despojado de sus
vestiduras.
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«Finalmente ha arribado al lugar del sacrificio, y ellos comienzan a prepararlo para la Cruz. Sus vestiduras son desgarradas de su cuerpo ensangrentado, y Él, el Santo de los Santos, quedó expuesto a las fijas miradas de la multitud ordinaria y burlona.
Tú, que en tu Pasión fuiste desnudado de todas tus ropas, y levantado ante la curiosidad y la mofa del populacho, desnúdame de mí mismo aquí y ahora, para que en el último día no me avergüence delante de los hombres y de los ángeles. Tú soportaste la vergüenza en el Calvario para evitarme la vergüenza del Juicio. Tú no tenías nada de que avergonzarte personalmente, y la vergüenza que sentiste fue porque habías asumido la naturaleza del hombre. Cuando te arrancaron tus vestimentas, esos inocentes miembros tuyos fueron objeto de humilde a amorosa adoración para los altísimos serafines.
Ellos permanecieron en derredor en silenciosa veneración, maravillados de tu belleza, estremecidos de tu infinito abatimiento. Pero yo, Señor, ¿cómo aparecería si tú me sostuvieras en el futuro para ser mirado fijamente, desvestido de ese manto de gracia que es tuyo, y visto en mi propia vida y naturaleza personal? Qué horrible soy en mí mismo, aun en mi mejor estado. Aun cuando soy purificado de mis pecados mortales, cuánta enfermedad y corrupción se ve en mis pecados veniales. ¿Cómo podré ser digno de la compañía de los ángeles, y de tu presencia, hasta que tú quemes esta lepra impura en el fuego del purgatorio?»
(John Henry Newman, Meditaciones y devociones, Ed. Agape Libros, Buenos Aires 2007, p. 132).




