Bajo el título La liturgia y su entorno, la página messainlatino.it publica con periodicidad artículos breves muy recomendables sobre temas litúrgicos, en especial sobre ritos y costumbres que han caído en desuso tras la reforma litúrgica de Pablo VI. Con su lectura uno se percata de que hay muchas maneras de modificar la liturgia sin prohibiciones explícitas –así se evita la incómoda situación de suscitar una reacción adversa–, pero con efectos prácticos igualmente eficaces. Algunos de estos caminos son la opcionalidad, la multiplicación de alternativas, el silencio cómplice, etc. ¡Cuántos preciosos usos litúrgicos han perdido vida en el culto por haberlos dejado opcionales, o por ofrecer múltiples posibilidades en su realización, o simplemente porque ya no se habla de ellos, aunque en ninguna parte conste que estén prohibidos! Dejo aquí en español una de las últimas reflexiones aparecidas en messainlatino, concretamente sobre el abandono del amito y el significado de su caída.
La supresión de la obligación formal de llevar el
amito en las rúbricas del Misal Romano posconciliar representa uno de los
detalles aparentemente menores, pero altamente simbólicos, de la transformación
silenciosa que han experimentado los paramentos litúrgicos en occidente a lo
largo de las últimas décadas. Concebido tradicionalmente como un rectángulo de
lino blanco provisto de largas cintas, que se colocaba alrededor del cuello y
sobre los hombros antes de vestir el alba —pensado originalmente para cubrir el traje
civil y formar un cuello rígido y uniforme que protegiera los ornamentos
preciosos del sudor—, el amito ha quedado poco a poco relegado al papel de
accesorio opcional, prescrito por el rito únicamente en el caso de que el alba
litúrgica utilizada no alcance a cubrir por completo la ropa civil que hay
debajo. Esta opcionalidad, aparentemente dictada por criterios de
simplificación práctica, en realidad ha abierto de par en par la puerta a una
implantación masiva de las albas modernas provistas de cremallera, velcro o broches
elásticos, una solución de sastrería industrial pensada únicamente para
garantizar la máxima rapidez y comodidad en la gestión cotidiana de la
sacristía.
Sin embargo, la desaparición casi total del amito en
favor del cierre cler resume de forma plástica una trayectoria más amplia de
desacralización funcional del rito; en efecto, el amito no era un mero detalle higiénico ni un capricho
estético para ocultar el cuello de la camisa y la corbata, sino que encerraba
un profundo valor alegórico y espiritual, grabado en la misma oración que el sacerdote recitaba tradicionalmente al imponerse el amito, primero sobre la
cabeza y luego sobre los hombros, invocando la “galea salutis” (el yelmo de la
salvación) contra las insidias del maligno y como defensa de la mente y el
corazón. De este modo, revestirse no era un simple acto logístico de cambio de
ropa, sino un itinerario de despojo del hombre viejo y de revestimiento
espiritual, proveerse de una auténtica y verdadera armadura simbólica para la batalla
espiritual de la Santa Misa.
Sustituir este gesto ritual, lento y cargado de
sentido, por el movimiento rápido y mecánico de una cremallera o de un cierre a
tirón, encaja perfectamente con la lógica utilitarista y funcional que ha
invadido la práctica pastoral actual, donde el tiempo de preparación se ve
reducido y donde la vestimenta litúrgica corre inevitablemente el riesgo de
perder su naturaleza de signo sacramental para quedar reducido a un simple uniforme
de trabajo, cómodo, aséptico y rápido para ponerse justo antes de correr hacia
el altar.
Fuente: messainlatino.it/tag/liturgia-e-dintorni
