martes, 27 de octubre de 2026

EL MISTERIO DEL AGNUS DEI: SIEMPRE ABSUELTO, Y SIEMPRE CONDENADO

Agnus Dei de Francisco de Zurbarán

Piadosa consideración del Cardenal Newman sobre la primera estación del Via Crucis, Jesús es condenado a muerte. En ella se resalta una paradoja realizada en Cristo: es el Cordero manso e inocente, reconocido como tal por sus mismos jueces y verdugos, y a la vez el Cordero condenado y sacrificado, único capaz de cargar con el pecado del mundo para expiarlo hasta en sus más profundas raíces. Ya en el Antiguo Testamento Dios exigía la perfección de la víctima para alcanzar la liberación: “Ha de ser un animal sin defecto, macho, de un año, escogido de entre los corderos o cabritos” (Ex 12, 5). Siempre absuelto por su condición de inocente, siempre condenado por su condición de víctima.

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«El Santo, el Justo y la Verdad fue juzgado por pecadores y condenado a muerte. Pero, mientras lo juzgaban se veían forzados a absolverlo. Judas, que lo traicionó, dijo: “He pecado al traicionar sangre inocente”. Pilatos, que lo sentenció, dijo: “Soy inocente de la sangre de este justo” echándole la culpa a los judíos. El centurión que lo vio crucificado dijo: “Ciertamente éste era un hombre justo”. De modo, Señor, que siempre estás justificado en tus palabras y triunfas cuando eres juzgado. Y así, muchos más, en el último día, “mirarán al que traspasaron”, el que fue condenado en la debilidad juzgará al mundo con poder, y aún aquellos que estén condenados confesarán que su juicio es justo» (San J.H. Newman, Breves meditaciones sobre las estaciones de la Cruz, Buenos Aires 2007, p. 139).


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