Hoy, fiesta de San Pío V, no podemos dejar de recordar el precioso misal que este
Pontífice nos dejó para la celebración del Santo Sacrificio. No lleva el sello
de lo prefabricado por expertos, sino más bien se asemeja a un jardín que
recoge y conserva las más hermosas flores que han brotado en el campo litúrgico
de la Iglesia. Para el cardenal Ratzinger, luego Papa Benedicto XVI, la
vigencia y uso del antiguo Misal no se reduce a simples motivaciones subjetivas
o personales; lo que está en juego en la mutua convivencia de los ritos
litúrgicos es la unidad e identidad de la Iglesia consigo misma. Las palabras
que siguen no dejan duda al respecto:
«Personalmente, he estado desde el
comienzo a favor de la libertad de seguir usando el antiguo Misal, por un
motivo muy simple; se estaba comenzado ya entonces a hablar de una ruptura con la Iglesia pre-conciliar, y de la formación de modelos diferentes de Iglesias: una Iglesia preconciliar obsoleta y una Iglesia nueva, conciliar… Me parece
esencial y fundamental reconocer que los dos Misales son Misales de la Iglesia,
y de la Iglesia que sigue siendo la misma… Y para subrayar que no hay
ruptura esencial, que existen tanto la continuidad como la identidad de la
Iglesia, me parece indispensable mantener la posibilidad de celebrar según el
antiguo Misal como signo de identidad permanente de la Iglesia. Esta es
para mí la razón fundamental: lo que hasta 1969 era la liturgia de la Iglesia,
lo más sagrado para todos nosotros, no puede convertirse después, con un
positivismo increíble, en lo más inaceptable. Si queremos ser creíbles, incluso
con este lema de la modernidad, es absolutamente necesario reconocer que lo que
era fundamental antes del 69, lo sigue siendo también después: es una misma
sacralidad, una misma liturgia» (J. Ratzinger, Obras Completas, Vol. XI,
BAC 2012, p. 500-501)
No hay comentarios:
Publicar un comentario