viernes, 10 de abril de 2026

LAS TRES PALABRAS DE JUAN

La pesca milagrosa. «Dominus est; Es el Señor» (Jn 21, 7)

San Manuel González García (1877–1940), conocido como el obispo del Sagrario abandonado, escribió varias obras de piedad eucarística dirigidas muchas de ellas a los miembros de la Unión Eucarística Reparadora, movimiento religioso fundado por él, con la preocupación santa de fomentar un culto reparador y amoroso a Jesús en la Eucaristía. Copio a continuación una reflexión casi mística inspirada en las tres intervenciones del discípulo amado recogidas en su evangelio. 

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«Una de las cosas que más me agradan y edifican en la lectura del santo Evangelio es la modestia con que cada Evangelista habla de sí mismo cuando ha menester su intervención en sus relatos. San Mateo, por ejemplo, es el único que cita su nombre y su despreciada profesión al contar su llamamiento al Apostolado; los demás en cambio, callan lo infamante del oficio de su compañero.

El Evangelio de san Marcos, que también podría llamarse de san Pedro, porque de éste lo aprendió aquél, no relata de san Pedro más que lo que lo humilla y nada de lo que lo enaltece.

El Evangelio según san Juan apenas si nombra a su Autor y, siendo éste uno de los apóstoles que más debieron hablar con el Maestro, a fuer de discípulo predilecto, no cita de sus palabras y conversaciones más que tres y éstas brevísimas.

En su brevedad, sin embargo, son palabras que valen por muchos discursos…

Vedlas aquí:

«Maestro, ¿en dónde moras?» (Jn 1, 38).

«Señor, ¿quién es?» (Jn 13, 25).

«Es el Señor» (Jn 21, 7).

Estas tres palabras se dijeron en tres tiempos distintos.

La primera en la entrevista primera con el Maestro, la segunda en la noche de la Cena cuando se anuncia la traición de Judas y la tercera en la noche de la pesca milagrosa después de la resurrección; es decir, son las palabras de la amistad que se inicia, que se estrecha y que se perpetúa.

«Maestro, ¿en dónde moras?», es la palabra del amor que busca.

«Señor, ¿quién es?», es la palabra del amor que teme.

«Es el Señor», es la palabra del amor que descansa.

Amor que busca la casa desconocida de Jesús para pasarse con Él los días y las noches; amor que teme lo único digno de temerse, la infidelidad a Jesús; amor que descansa en lo único que puede dar reposo verdadero e inalterable, la posesión de Jesús...

Amar a Jesús buscándolo en las casas desconocidas o no frecuentas de los vecinos que las rodean; amar a Jesús temiendo solo verlo traicionado y abandonado; amar a Jesús descansando y gozándose solo en poseerlo siempre.

¡Un solo amor y un solo Amado!, y del uno para el otro aquellas tres palabras y estas tres solas ocupaciones: buscarlo ausente, temerlo despreciado y gozarlo poseído.

¿Han sido ésas las palabras y las ocupaciones de este año?».

(San Manuel González, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario, Obras completas, Vol. I, p. 394-396, en versión Kindle).


 

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