viernes, 1 de julio de 2016

UNA DOLOROSA PÉRDIDA LITÚRGICA

SANGUIS CHRISTI, IN FLAGELLATIONE PROFLUENS,
MISERERE NOBIS
Sangre de Cristo, vertida copiosamente en la flagelación,
ten misericordia de nosotros

Poco convincentes aparecen hoy las razones con las que se quiso justificar la supresión de la fiesta de la Preciosísima Sangre del nuevo calendario litúrgico: «1 de julio. Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Se suprime la fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, establecida en el Calendario Romano en 1849, cuando Roma fue liberada de una sedición. La razón es que la Preciosísima Sangre de Cristo Redentor ya se venera en las solemnidades de la Pasión, como también en las de la Santísima Eucaristía y del Sacratísimo Corazón de Jesús y en la fiesta de la Exaltación de la Cruz. Con todo, la Misa de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo pasa a figurar entre las Misas Votivas». (Calendarium Romanum, editio typica 1969).

¿Pero acaso la Sangre de Cristo no merecía una festividad propia y explícita? ¿No era todavía reciente la carta apostólica Inde a primis del Papa Juan XXIII, exhortando a todos los obispos del mundo a fomentar esta hermosa devoción entre el pueblo cristiano? «Nos parece muy oportuno  -decía entonces el santo Papa Juan- llamar la atención de nuestros queridos hijos sobre la conexión indisoluble que debe unir a las devociones, tan difundidas entre el pueblo cristiano, a saber, la del Santísimo Nombre de Jesús y su Sacratísimo Corazón, con la que tiende a honrar la Preciosísima Sangre del Verbo encarnadoderramada por muchos en remisión de los pecados. Y añadía «Conviene recordar que por mandato de Benedicto XIV se compusieron la Misa y el Oficio en honor de la Sangre adorable del Divino Salvador; y que Pío IX, en cumplimiento de un voto hecho en Gaeta, extendió la fiesta litúrgica a la Iglesia universal. Por último Pío XI, de feliz memoria, como recuerdo del XIX Centenario de la Redención, elevó dicha fiesta a rito doble de primera clase, con el fin de que, al incrementar la solemnidad litúrgica, se intensificase también la devoción y se derramasen más copiosamente sobre los hombres los frutos de la Sangre redentora» Más adelante señalaba «¡Ah! Si los cristianos reflexionasen con más frecuencia en la advertencia paternal del primer Papa: Vivid con temor todo el tiempo de vuestra peregrinación, considerando que habéis sido rescatados de vuestro vano vivir no con plata y oro, corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha! (I Petr 17-19). Si prestasen más atento oído a la exhortación del Apóstol de las gentes: Habéis sido comprados a gran precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo (I Cor. 6, 20». (CARTA APOSTÓLICA INDE A PRIMIS DE SU SANTIDAD JUAN XXIII SOBRE EL FOMENTO DEL CULTO A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. 30-VI- 1960, vigilia de la fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo). 
Al igual que lo sucedido con las fiestas del Santo Nombre de Jesús y del Santo nombre de María, esperemos que también esta fiesta de la Preciosísima Sangre sea prontamente restituida en el actual calendario, con su valor cristológico y soteriológico propio, tal como se expresa en las cartas de los Apóstoles Pedro y Pablo.
La actualidad de esta devoción se manifiesta también en esta hermosa invocación de sus letanías: Sanguis Christi, flumen misericordiae, miserere nobis; Sangre de Cristo, río de misericordia, ten piedad de nosotros.

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