Texto escogido de un sermón de San
Agustín sobre la conversión del Apóstol Pablo. Las imágenes que utiliza Agustín para significar la mutación obrada en Saulo por la fuerza de la gracia del Señor brillan tanto teológica como literariamente: el perseguidor se transforma en predicador,
el lobo feroz en mansa oveja, el enemigo acérrimo de Cristo en su fiel soldado.
* * *
«Cuando fue lapidado Esteban, el primero en sufrir el martirio por el nombre de Cristo, estaba Saulo presente en primera fila. Y en tal modo se asociaba a los que lo apedreaban que no le parecía bastante el arrojar piedras con sus propias manos. Para estar él mismo en las manos de todos, les guardaba la ropa, mostrándose más cruel con esta ayuda a los demás que con las piedras que arrojaban sus propias manos…
La voz de Cristo desde el cielo lo derribó, y, al serle prohibido su ensañamiento cruel, dio de bruces en tierra. Primero había de ser postrado en tierra, para ser luego levantado; primero herido, luego sanado. Pues Cristo no viviría en él si antes no moría su mala vida anterior. ¿Qué oyó cuando yacía en tierra? Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa es para ti el dar coces contra el aguijón. El respondió: ¿Quién eres, Señor? Y la voz de lo alto: Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues. La cabeza, desde el cielo, levantaba su voz en favor de sus miembros aún presentes en la tierra; pero no decía: «¿Por qué persigues a mis siervos?», sino: ¿Por qué me persigues? El replica: ¿Qué quieres que haga? El que antes se ensañaba en la persecución, se dispone ya a obedecer. El perseguidor va tomando ya forma de predicador; el lobo, de oveja; el enemigo, de soldado. Escuchó lo que debía hacer. Ciertamente quedó ciego; para que en su corazón resplandeciese la luz interior, se le privó temporalmente de la exterior; se le quitó al perseguidor para serle devuelta al predicador. Y durante el tiempo en que no veía nada veía a Jesús. De esta forma, hasta en su misma ceguera se manifestaba el misterio de los creyentes, puesto que quien cree en Cristo es a él a quien debe mirar, considerando las demás cosas como no existentes; para que la criatura aparezca como vil y el creador se muestre dulce al corazón».
«Fue conducido a Ananías, cuyo nombre significa «oveja». Ved cómo el lobo rapaz es llevado a la oveja, para seguirla, no para devorarla. Mas para que la oveja no se asustase ante la aparición repentina del lobo, aquel pastor celeste que guiaba todos estos acontecimientos anunció a la oveja que el lobo iba a llegar, pero no para derramar sangre. Con todo, puesto que era tan grande la fama de cruel que le precedía, la oveja, al escuchar su nombre, no pudo menos de llenarse de turbación. En efecto, cuando el Señor Jesús anunció al mismo Ananías que Pablo ya había venido a la fe y que debía llegarse a él, le dijo: Señor, he oído acerca de este hombre que ha hecho mucho mal a tus santos y que ahora ha recibido cartas de los príncipes de los sacerdotes para que, dondequiera que encuentre seguidores de tu nombre, se los lleve. Pero el Señor le replicó: Tranquilo, que yo le mostraré cuánto le conviene padecer por mi nombre. ¡Cosa grande y maravillosa! Se prohíbe al lobo el ser cruel y se le lleva cautivo ante la oveja. Tanta fama le había precedido de lobo raptor, que sólo con oír su nombre temblaba la oveja aún bajo la mano del pastor. Se le dan ánimos para que no lo considere ya feroz ni tema su orgullo. El cordero muerto por las ovejas tranquiliza a la oveja respecto al lobo».
(San Agustín, Sermón 279, Sobre la Conversión del Apóstol Pablo, BAC 1984, Vol. 25)
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