martes, 11 de agosto de 2026

EL SENTIDO DEL SACRIFICIO: COMPRAR EL AMOR DE DIOS

«En esto está todo el contenido esencial de la misa: en la realización de un sacrificio», dice el Beato Rafael Alcocer OSB, mártir, en su obra La Misa de siempre. La misa Católica explicada a los fieles. Abajo recojo algunos párrafos sugerentes del libro donde el autor señala que la finalidad última que mueve al hombre a ofrecer sacrificios a Dios es el deseo de comprar su amor.

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“Decía Platón, –en “el Banquete”– que “todo el arte de los sacrificios no tiene más objeto que conservar el amor… Le está encomendado cuidar del amor entre los hombres y los dioses, y producirlo”. Como inspirado y casi en mística “catarsis”, el gran filósofo penetra verticalmente en el entrañado sentido de este acto de religión. Un poco más de estremecimiento en su estado como de trance, y, en vez de “producir” hubiera dicho “comprar el amor”.

En efecto; el sacrificio puede definirse diciendo que es un don sensible ofrecido a Dios para expresar simbólicamente la donación que el hombre hace de sí mismo a la divinidad.

Los sacrificios tienen por nota sustantiva y primera el expresar por parte del hombre una relación de dependencia con respecto a su Dios; pero cualquiera que sea la finalidad inmediata de un sacrifico, y aunque parezca limitado a expresar una declaración de entrega por parte del hombre, lo que más en el fondo expresa es una petición; lo que realmente intenta el hombre por medio del sacrifico es siempre y en último análisis comprar el amor de su Dios”.

Sin embargo, para poder alcanzar ese noble fin algo faltaba a los sacrificios humanos. Sigue diciendo Alcocer: “Platón, sin adivinar siquiera el más hondo sentido de sus palabras, decía ser propio de los sacrificios “Producir el amor entre los hombres y los dioses. Y, precisamente, toda la cuestión estaba en esto.

Rota por el pecado primero la comunicación sobrenatural de los hombres con Dios, por muchas víctimas que inmolaran, por mucho que ofrecieran, valía más, inmensamente más, lo que trataba de adquirir que el precio que ofrecía…

Y era imposible soñar siquiera que el hombre pudiera tener jamás en sus manos una hostia de tal precio para ofrecerla al Señor…

Lo que la humanidad pedía en el orden sobrenatural quedó obtenido de una vez para siempre no por el valor de sus víctimas, sino por aquella Víctima que valía tanto como Dios. Y esto es el sacrificio del Calvario.

Pero además, en la noche de la Cena última, en aquel acto tremendo en el cual Jesucristo hizo al Padre la ofrenda sacerdotal de sí mismo, dejó por la institución eucarística su Cuerpo y su Sangre en nuestra pobres manos, vacías del todo, para que tuviéramos una víctima, una hostia eficaz que ofrecer al Señor y poder hacer personalmente nuestro el sacrificio mismo de la Cruz al renovarlo incruento en el altar. Y esto es el sacrifico de la misa”.

(Rafael Alcocer Martínez, OSB, La misa de siempre, versión Kindle, C. III, El Sacrifico de la misa).


 

jueves, 6 de agosto de 2026

¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!

Icono de la Transfiguración (siglo XV)

El misterio de la Transfiguración del Señor marca un hito importante en la vida pública del Señor. El siguiente texto de un antiguo padre de la Iglesia nos invita a entrar en la nube que cubre el Monte Santo para exclamar con Pedro: ¡qué bien se está aquí!

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«Debemos apresurarnos a ir hacia allí —así me atrevo a decirlo— como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.

Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, ¡qué bien se está aquí!

Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí! donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras».

 

(Del sermón de Anastasio Sinaíta, obispo, en el día de la Transfiguración del Señor. Oficio de lectura de la fiesta).


 

lunes, 3 de agosto de 2026

EL «NOLI ME TANGERE» COMENTADO POR SAN AGUSTÍN

"Noli me tangere" de Giulio Romano

«Hemos escuchado y hasta visto con los ojos de la fe el afecto de aquella piadosa mujer hacia el Señor. Buscaba a Jesús, pero todavía como quien busca el cuerpo de un hombre muerto y le amaba pero como a un maestro bueno…»

«¿Qué significa, pues: No me toques (Noli me tangere)? (Jn 20, 17). Este tocar simboliza la fe, pues tocando se acerca uno a lo tocado. Pensad en aquella mujer que padecía flujo de sangre. Decía en su corazón: Sanaré si toco la orla de su vestido (Mt 9, 21). Se acercó, la tocó y sanó. ¿Qué significa: «Se acercó y la tocó»? Que se acercó y creyó.

Para que sepáis que lo tocó mediante la fe, dijo el Señor: Alguien me ha tocado (Lc 8, 46).  ¿Qué es me ha tocado, sino «ha creído en mí»? Para que veáis que el tocar equivale al creer, le respondieron los discípulos y le dijeron: La multitud te apretuja y preguntas: ¿Quién me ha tocado? (Lc 8, 45-46). Si caminaras solo, si el gentío se apartase para que tú pasases, si nadie estuviese a tu lado, harías bien en decir: Alguien me ha tocado. ¡La multitud te apretuja, y tú piensas en que uno te ha tocado! Pero él insistió: Alguien me ha tocado. Primero había preguntado: ¿Quién me ha tocado?, y luego afirma: Alguien me ha tocado. Lo sabéis, puesto que decís: La multitud te apretuja. Alguien me ha tocado. Esta multitud sabe apretujar, mas no tocar. Está claro que es esto lo que quiso indicar al decir: ¿Quién me ha tocado? y Alguien me ha tocado.

Creemos, pues, que ese tocar es la fe de quien toca, o, mejor, el acercarse de quien cree. ¿Qué significa, en consecuencia: No me toques, pues aún no he subido a mi Padre? (Jn 20, 17). Piensas que soy solo lo que ves: aún no he subido a mi Padre. Ves que soy un hombre, y piensas que soy solo hombre; es cierto que soy hombre, pero no se quede ahí tu fe. No me toques pensando que soy solo un hombre. Aún no he subido a mi Padre. Subo a mi Padre: tócame entonces; es decir, progresa en la fe, comprende que soy igual al Padre; tócame entonces y sanarás. No me toques, pues aún no he subido a mi Padre. Ves que he descendido, pero aún no ves que he subido. Aún no he subido a mi Padre. Me anonadé tomando la forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres y hallado como hombre en el aspecto externo (Flp 2, 7). Esto es lo que ha sido crucificado, sepultado y lo que resucitó. No ves, en cambio, lo otro: Existiendo en la forma de Dios, no consideró una rapiña ser igual a Dios (Flp 2, 6). Aún no ves que he ascendido. No pierdas el cielo tocando la tierra; no renuncies a creer en él como Dios, quedándote solo en el hombre. No me toques, pues aún no he subido al cielo».

(San Agustín, Obras completas, Del Sermón 244, sobre la Aparición a María Magdalena. BAC 1983, Vol. XXIV).

 

viernes, 31 de julio de 2026

SANTIDAD Y BELLEZA, LOS CAMINOS DE LA IGLESIA

Catedral de León

En medio de una falta de interés generalizada y con evidente pérdida de tiempo, muchos debaten hoy sobre las sendas sinodales de la Iglesia. Pero hace ya más de veinte años que Ratzinger/Benedicto XVI señaló con convicción los caminos más expeditos para el futuro de la Iglesia y el fortalecimiento de la fe: el encuentro con los santos y la experiencia de lo bello. La liturgia es sin duda el «locus» privilegiado para dicho encuentro. Cada año el calendario hace desfilar ante nuestros ojos el grandioso ejército de los santos, tan variados como idénticos por el amor apasionado a Cristo. Y es también en el campo de la liturgia donde la Iglesia ha hecho brotar bellezas cautivantes que han tocado y siguen tocando lo más íntimo de los corazones. ¿Podríamos, en consecuencia, permanecer pasivos mientras la fealdad y el mal gusto se apoderan del culto? Además, ¿no ha sido la liturgia tradicional fuente de santidad y belleza durante siglos como para pretender cancelarla?

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«Con frecuencia he afirmado mi convicción de que la verdadera apología del cristianismo, la demostración más convincente de su verdad contra todo lo que lo niega, la constituyen, por un lado, los santos, y por otro, la belleza que la fe ha generado. Para que hoy la fe se pueda extender, tenemos que conducirnos a nosotros mismos y guiar a las personas con las que nos encontramos al encuentro con los santos y a entrar en contacto con lo bello» (J. Ratzinger, Caminos de Jesucristo, Ed. Cristiandad 2004, p. 39).
 



jueves, 23 de julio de 2026

BRÍGIDA, MÍSTICA DE LA PASIÓN DE CRISTO

Escarnio de Cristo. Matthias Grünewald 

Como contemplativa asidua de la pasión de Cristo, Santa Brígida supo convertir cada escarnio, cada humillación, cada golpe padecido por Jesús en su camino de dolor, en un himno de agradecimiento, alabanza y glorificación a nuestro Salvador: Honor para siempre a ti, mi Señor Jesucristo..., Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo…, Alabanza eterna a ti, mi Señor JesucristoEn una de las ascensiones de su alma se dirige al Señor con estas palabras:

«Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, por las burlas que soportaste cuando fuiste revestido de púrpura y coronado con punzantes espinas, y aguantaste con una paciencia inagotable que fuera escupida tu faz gloriosa, que te taparan los ojos y que unas manos brutales golpearan sin piedad tu mejilla y tu cuello».

(De las oraciones de Santa Brígida. Cf. Oficio de lectura de su fiesta, 23 de julio).


martes, 21 de julio de 2026

TRADITIONIS CUSTODES: UNA «PERSECUCIÓN» INÚTIL

Presento en español una crónica perspicaz del Vaticanista y Corresponsal en Roma Michael Haynes. Fue publicada en el sitio web Per Mariam el 16 de julio pasado, con motivo del quinto aniversario del motu proprio Traditionis Custodes que restringió severamente el uso de la liturgia tradicional de la Iglesia.

Fuente: permariam.com


Traditionis Custodes: Cinco años de «persecución»
innecesaria y de caos
Por Michael Haynes

En este mismo día de 2021, el Papa Francisco reavivó las guerras litúrgicas en la Iglesia al publicar Traditionis Custodes (TC), deshaciendo de un solo golpe lo que muchos consideraban uno de los elementos más importantes del papado de su predecesor.

El motu proprio, que se convirtió rápidamente en un hito del papado de Francisco, al igual que muchos otros textos controvertidos de su pontificado, fue publicado en una fiesta mariana: la de Nuestra Señora del Monte Carmelo. En él figuraba la impactante y polémica afirmación de que «los libros litúrgicos promulgados por San Pablo VI y San Juan Pablo II, de conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión de la lex orandi del rito romano».

Como era de esperar, los miembros más activos del círculo cercano al Papa Francisco respaldaron el documento con sus acciones, y algunos obispos actuaron con rapidez para cancelar las celebraciones del antiguo rito, de una manera que denotaba gran impaciencia. Otros tardaron más en actuar, pero finalmente lo hicieron, y las misas continuaron cancelándose de forma regular y arbitraria en toda la Iglesia.

«La intención clara es condenar la Forma Extraordinaria a la extinción a largo plazo», escribió el cardenal Gerhard Müller el 19 de julio de 2021. Müller no es un entusiasta personal del rito tradicional, como atestiguó ese mismo mes, pero lo celebra con regularidad para quienes desean nutrirse de él y ha criticado en repetidas ocasiones sus restricciones. «En lugar de valorar el olor de las ovejas, el pastor aquí las golpea con fuerza con su cayado», escribió entonces.

Se trata de un tema reiterado por numerosos prelados que han expresado su preocupación por el texto, y es la realidad para un gran número de católicos afectados por las restricciones, que ven cómo se interrumpe abruptamente su misa habitual.

Como escribió en su momento la Fraternidad de San Pío X: «Todo, o casi todo, en Summorum pontificum, está disperso, abandonado o destruido».

El cardenal Raymond Burke, uno de los defensores más destacados de la misa tradicional, lamentó en julio de 2021 que el motu proprio fuera una «acción severa y revolucionaria» que ocultaba un intento de «eliminación definitiva» de la liturgia tradicional. Según Burke, a los asistentes a la misa en tradicional latina se les estaba transmitiendo el mensaje de que «padecen una aberración que puede tolerarse durante un tiempo, pero que debe erradicarse definitivamente».

A Burke se le unió pronto su compañero cardenal de las Dubia, Walter Brandmüller, quien opinó que Francisco había «desatado un huracán» con su texto. El cardenal Joseph Zen se sumó a esta opinión, afirmando que había herido los «corazones de muchas buenas personas».

El obispo Athanasius Schneider, otra figura reconocida internacionalmente en la defensa de la misa tradicional, se hizo eco de la descripción que hizo Müller de Francisco como un pastor que maltrata a su rebaño. Yendo más allá que el cardenal, Schneider argumentó que el motu proprio comete «una injusticia contra todos los católicos que se adhieren a la forma litúrgica tradicional, al acusarlos de ser divisivos y de rechazar el Concilio Vaticano II».

Y continuó diciendo: La Misa tradicional es un tesoro que pertenece a toda la Iglesia, ya que ha sido celebrada, profundamente apreciada y amada por sacerdotes y santos durante al menos mil años. De hecho, la forma tradicional de la Misa fue casi idéntica durante siglos antes de la publicación del Misal del papa Pío V en 1570. Un tesoro litúrgico válido y muy estimado, con casi mil años de antigüedad, no es propiedad privada de un papa, del cual pueda disponer libremente.

La postura de estos prelados no ha variado en los cinco años transcurridos desde entonces. A medida que un obispo tras otro ha utilizado TC para reprimir a las comunidades florecientes de su diócesis, el sistema de dos clases del que advirtió Schneider se ha puesto efectivamente en práctica. Sigue vigente hasta el día de hoy la orden de que las misas tradicionales no se anuncien públicamente en los boletines parroquiales, una situación tan absurda como draconiana.

Esta situación ha propiciado la proliferación de misas al estilo de las catacumbas, confirmando así la predicción de muchos tras la publicación de TC. Sin duda, las órdenes tradicionales exentas de TC han florecido, al igual que la FSSPX. Año tras año, jóvenes han acudido a los seminarios en cifras récord, y cualquier esperanza que el Vaticano tuviera de erradicar la misa tradicional es ahora inexistente.

Ciertamente ha sido restringida, censurada, limitada y perseguida, pero de ninguna manera extinguida. El papa Francisco defendió TC a lo largo de su pontificado. Cuando este corresponsal le preguntó sobre los motivos que lo sustentaban, respondió: «Lee el motu proprio; allí lo tienes todo».


 

lunes, 13 de julio de 2026

VAMOS A LA SOLEDAD

El 12 de abril de 1920, con tan solo 19 años, Santa Teresa de los Andes –la primera santa chilena– dejaba este mundo para unirse definitivamente a su divino Esposo. «Sólo Jesús es hermoso. El sólo puede hacerme gozar», escribe esta joven carmelita que en poco tiempo el amor de Cristo la enloqueció.  Su célebre frase: «Jesucristo, ese loco de amor que me ha vuelto loca», compendia admirablemente su corta pero intensa vida.

Para cualquier alma contemplativa los días de retiro se esperan con ansiedad e ilusión. Permanecer a solas con Dios, mirarle con quietud, sumergirse en la infinita grandeza de su bondad y misericordia, lejos del mundanal ruido, es en cierto modo anticipar la dicha del cielo. También días afanosos buscando el rostro de Dios en la penumbra. 

En sus diarios, Teresa de Los Andes tomó notas de cinco retiros, el último ya estando en el Carmelo. Recojo a continuación los primeros párrafos de las notas autobiográficas, con sus respectivos títulos, de tres de esos retiros (1917-1918-1919) que bien supo aprovechar, y en poco tiempo la dispusieron a entrar en su Retiro definitivo.

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«Vamos a la soledad» (1917)

«Agosto 8. Hoy entro a retiro. Oigo la voz de mi Jesús que me dice “vamos a la soledad”. “La llevaré a la soledad y allí le hablaré a su corazón” (Oseas 2, 14). Me retiro con Él en lo íntimo de mi alma y allí, como en otro Nazaret, viviré en su compañía con mi Madre y San José. Jesús me ha dicho que va a hacer un registro en su casita para ver lo que le hace falta para purificarla.

¡Hablad, Señor! (1918)

Agosto 7. Entro al retiro: «Hablad, Señor, que vuestra sierva escucha» (I Sam 3, 9). Quiero decir con la Sma. Virgen: «Fiat mihi secundum Verbum tuum». (Lc 1, 38). Mi casita estará cerrada para todo lo del mundo y abierta sólo para el cielo. Como Magdalena, me pongo a oír de N. Señor «la única cosa necesaria» (Lc 10, 42). Quiero guardar el silencio y mortificar la vista.

Retiro del Espíritu Santo (1919)

Entré ayer a retiro. N. Señor me dijo que fuera por Él a su Padre. Que lo único que quería en este retiro era que me escondiera y sumergiera en la Divinidad para conocer más a Dios y amarlo, y conocerme más a mí y aborrecerme. Que quería que me dejase guiar por el Espíritu Santo enteramente. Que mi vida debe ser una alabanza continua de amor. Perderme en Dios. Contemplarle siempre sin perderle de vista jamás. Para esto, vivir en un silencio y olvido de todo lo creado, pues Dios, por su naturaleza, siempre vive solo. Todo es silencio, armonía, unidad en Él. Y para vivir en Él, es necesario simplificarse, no tener sino un solo pensamiento y actividad: alabar».

(Santa Teresa de los Andes, Diarios y Cartas, Ediciones Carmelo Teresiano, Santiago de Chile 2022, pp. 63, 84, 105).