miércoles, 23 de diciembre de 2020

¡OH EMANUEL!

Govert Flink. Ángeles anuncian 
el nacimiento de Cristo a los pastores. 

Con el nacimiento del Redentor se hace patente que Dios es verdaderamente un Dios con nosotros. «Ya no es el Dios lejano –decía Benedicto XVI– que, mediante la creación y a través de la conciencia se puede intuir en cierto modo desde lejos. Él ha entrado en el mundo. Es quien está a nuestro lado» (24-XII-2009). 

* * *

Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza y salvador de las naciones, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro (Antífona del 23-XII). 

«¡Oh Emmanuel, Rey de Paz! hoy es tu entrada en Jerusalén, tu ciudad escogida, pues allí tienes el Templo. Pronto hallarás también en ella tu Cruz y tu Sepulcro; y día vendrá en que establezcas allí tu tremendo tribunal. Ahora penetras humilde y callado en la ciudad de David y de Salomón. Es simplemente un lugar de paso para Belén. Pero tu Madre María y su esposo José, no dejan por eso de entrar en el Templo para ofrecer al Señor sus votos y homenajes: entonces se realiza por vez primera la profecía del Profeta Ageo, cuando anunció que la gloria del segundo Templo había de ser mayor que la del primero. Efectivamente, este Templo posee ahora un Arca de la Alianza mucho más preciosa que la de Moisés, e incomparablemente superior a cualquier otro santuario, por la dignidad de Aquel a quien encierra. Es el mismo Legislador quien está aquí y no simplemente unas tablas de piedra donde está grabada la Ley. Pero en seguida el Arca viva del Señor desciende las gradas del Templo y se dispone a continuar su camino hacia Belén, adonde le llaman otras profecías. Adoramos, oh Emmanuel, todos tus pasos por la tierra, admirando la fidelidad con que cumples todo lo que de ti está escrito, para que nada falte de las señales que deben manifestarte, oh Mesías, a tu pueblo. Acuérdate que va a sonar la hora; haz que todo esté dispuesto para tu Nacimiento; ven a salvarnos; ven, para que podamos llamarte no sólo Emmanuel, sino Jesús, es decir, Salvador» (Ibid., p. 656). 

O Emmanuel, canto y partitura: www.youtube.com

 

martes, 22 de diciembre de 2020

¡OH REY DE LAS NACIONES!

Señor, tus manos me hicieron y me plasmaron canta el salmista (cf Sal 119, 73). Esas mismas manos descienden ahora del cielo para llevar acabo la restauración de su obra predilecta –desfigurada por el pecado–, y devolverla a su prístina belleza y perfección. Así nos lo recuerda esta oración del día de Navidad: Oh Dios que de modo admirable has creado al hombre a tu imagen y semejanza, y de un modo más admirable todavía restableciste su dignidad por Jesucristo,...

* * *

Oh Rey de las naciones, objeto de sus deseos, piedra angular que juntas en ti los dos pueblos, ven y salva al hombre a quien formaste del limo de la tierra (Antífona del 22-XII). 

«¡Oh Rey de las naciones! cada día te vas aproximando más a Belén donde habrás de nacer. Va a concluir el viaje, y tu augusta Madre, animada y fortalecida con tal dulce carga, camina en constante coloquio contigo. Adora a tu divina majestad, y da gracias por tu misericordia; se alegra de haber sido elegida para la sublime misión de ser Madre de Dios. Desea y goza ya del momento en que te verá por sus propios ojos. ¿Podrá servir dignamente a tu soberana grandeza, la que se considera como la última de las criaturas? ¿Osará levantarte en sus brazos, estrecharte contra su corazón, amamantarte en su humano regazo? Y con todo eso, al pensar que se avecina la hora, en que sin dejar de ser su hijo vas a salir de ella y reclamar todos los cuidados de su ternura, su corazón desfallece, y al unirse su amor materno con el amor de Dios, está a punto de expirar en aquella desigual lucha de la naturaleza humana con los más fuertes y poderosos afectos reunidos en un mismo corazón. Pero tú la sostienes ¡oh Deseado de las naciones! porque quieres que llegue a ese momento feliz en que dé a la tierra el Salvador, y a los hombres la Piedra angular que los ha de unir en una sola familia. ¡Bendito seas, oh divino Rey, en los prodigios de tu poder y de tu bondad! Ven cuanto antes a salvarnos, acordándote del amor que tienes al hombre por haber salido de tus manos. Ven, pues tu obra ha degenerado y está perdida y condenada a muerte: tómala en tus poderosas manos y rehazla; sálvala; pues la continúas amando y no te avergüenzas de ella» (Dom Prospero Gueranger, El Año Litúrgico I, 1952, p. 654).

O Rex Gentium, canto y partitura: www.youtube.com

lunes, 21 de diciembre de 2020

¡OH ORIENTE!

Con razón el nacimiento del Salvador es comparado con el despuntar del sol naciente. La humanidad, sumida desde la caída original en una prolongada y tenebrosa noche, mira por fin al oriente y contempla los primeros rayos del Sol divino, y exulta con su luz que jamás conocerá el ocaso.

* * *

Oh Oriente, esplendor de la luz eterna y Sol de justicia, ven e ilumina a los que están sentados en las tinieblas y en la sombra de la muerte (Antífona 21.XII).

«¡Oh Jesús, Sol divino, vienes a sacarnos de la eterna noche: sé por siempre bendito! Mas, ¡cuánto pruebas nuestra fe antes de brillar ante nuestra vista en todo tu esplendor! ¡Cómo te complaces en ocultar tus destellos hasta el momento señalado por tu Padre celestial para que aparezcas en la plenitud de tu brillo! He aquí que vas atravesando la Judea, y te acercas a Jerusalén; el viaje de María y de José toca a su fin. Por el camino, una gran muchedumbre que llega de todas las direcciones y para cumplir el edicto de empadronamiento, cada cual en su ciudad de origen. Ninguno de todos esos hombres ha adivinado que estuvieras tan cerca de ellos ¡oh divino Oriente! A María, tu Madre, la toman por una mujer más; a lo sumo, reconocen la dignidad e incomparable modestia de tan augusta Reina, sienten vagamente el rudo contraste que existe entre tan soberana majestad y un exterior tan humilde, pero en seguida olvidan el feliz encuentro. Pues, si a la Madre miran con tanta indiferencia ¿tienen acaso un solo pensamiento para el hijo que lleva encerrado en su seno? Y sin embargo de eso, ese Hijo eres tú mismo ¡oh Sol de justicia! Aumenta en nosotros la fe, y el amor. Si esos hombres te amaran ¡oh libertador del género humano! te harías sentir de ellos; tal vez no te verían sus ojos, pero al menos ardería su corazón dentro de su pecho; suspirarían por ti, y con sus ansias y oraciones anticiparían el momento de tu llegada. ¡Oh Jesús, que atraviesas el mundo creado por ti, sin forzar a ninguna de tus criaturas! queremos acompañarte durante el resto de tu viaje; queremos besar en la tierra las huellas benditas de la que te lleva en su seno; no te abandonaremos hasta que contigo lleguemos a la afortunada Belén, a esa casa del Pan, donde por fin te verán nuestros ojos ¡oh Esplendor eterno, Señor y Dios nuestro!» (Ibid., p. 652).

O Oriens, canto y partitura: www.youtube.com


domingo, 20 de diciembre de 2020

¡OH LLAVE DE DAVID!

Antonio Palomino. Niño Jesús Salvador

La llave y el cetro son signos de la potestad regia. El Mesías Redentor viene a liberarnos del cautiverio del pecado, del demonio y de la muerte. Sobre todo, con su llave omnipotente, viene a abrirnos las puertas del Reino de los cielos que el pecado había cerrado para siempre. Ya podemos adentrarnos en el mundo de su luz admirable y respirar el aire puro de su gracia.

* * *

Oh llave de David, y cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar; cierras y nadie puede abrir: ven y saca de la cárcel al cautivo que está sentado en las tinieblas y en la sombra de la muerte. (Antífona del 20-XII)

«¡Oh Hijo de David, heredero de su trono y de su poderío! en tu triunfal marcha vas recorriendo una tierra sometida en otros tiempos a tu abuelo, y hoy esclavizada por los Gentiles. Por todas partes reconoces a tu paso los lugares que fueron testigos de los prodigios de la justicia y de la misericordia de Dios Padre para con su pueblo, en tiempos del Antiguo Testamento que ya termina. Pronto, libre ya del velo virginal que te envuelve volverás a recorrer todas esas tierras; pasarás por ellas haciendo el bien, curando toda suerte de miserias y enfermedades, y sin tener donde descansar tu cabeza. Al menos hoy te ofrece el seno materno un dulce y tranquilo refugio, donde recibes las demostraciones del más tierno y respetuoso amor. Pero, debes salir, Señor, de ese feliz retiro; es necesario, oh Luz eterna, que brilles en medio de las tinieblas, porque el cautivo a quien vas a libertar yace sumido en las mazmorras. Sentado en las sombras de la muerte va a perecer en ellas si no vienes pronto a abrir sus puertas con tu Llave omnipotente. Oh Jesús, ese Cautivo es el género humano esclavo de sus vicios y errores; ven a romper el yugo que le abruma y degrada; ese cautivo es nuestro propio corazón, esclavizado con frecuencia por sus malas inclinaciones: ven, oh divino Libertador, a liberar todo lo que gratuitamente creaste libre, y a hacernos dignos de ser hermanos tuyos» (Dom Gueranger, Id, p. 641). 

O clavis David, canto y partitura: www.youtube.com

sábado, 19 de diciembre de 2020

¡OH RAÍZ DE JESÉ!

Del viejo tronco de Jesé, padre de David, brotará un vástago santo y poderoso, que se levantará como señal gloriosa para todos los pueblos (Cf Is 11, 1-10). La antífona de hoy nos recuerda que Jesucristo es el feliz cumplimiento de la promesa profética. La espera del Mesías -con toda razón- toma forma de ansia impaciente: iam noli tardare, ya no tardes más.

 * * *

Oh Raíz de Jesé, que eres cual estandarte de los pueblos, ante el que los reyes guardarán silencio, a quien las naciones dirigirán sus plegarias; ven a librarnos; no tardes ya. (Antífona del 19-XII)

 «Ya estás, pues, en marcha hacia la ciudad de tus abuelos, oh Hijo de Jesé. El Arca del Señor se ha levantado ya y se dirige con su Señor dentro, al lugar de su descanso. ¡Cuán bellos son tus pasos, oh Hija del Rey, en el esplendor de tu calzado (Cant VII, 1) cuando caminas llevando la salvación a las ciudades de Judá! Los ángeles te dan escolta; rodéate tu fiel esposo con toda su ternura, el cielo se complace contigo y la tierra se estremece de júbilo, sosteniendo a su Creador y a su augusta Reina. Sigue, pues, oh Madre de Dios y de los hombres, Propiciatorio omnipotente donde se contiene el divino Maná que guarda al hombre de la muerte. Nuestros corazones marchan en tu compañía; juramos como tu real abuelo no entrar en casa, no subir a nuestro lecho, no cerrar nuestros párpados, ni descansar nuestra cabeza hasta que hayamos hallado para tu Señor una morada en nuestros corazones una tienda para el Dios de Jacob. Ven, pues, oh tallo de Jesé, oculto en el seno purísimo del Arca Santa, hasta que llegue el momento de revelarte a los pueblos como estandarte victorioso. Entonces los reyes vencidos se callarán en tu presencia, y las naciones se dirigirán a ti con sus ruegos. Date prisa, oh Mesías, ven a vencer a todos tus enemigos, ven a libertarnos» (Dom Prospero Gueranger, El año litúrgico, I, Burgos 1952, p.640).

O Radix Iesse, canto y partitura: www.youtube.com


 

viernes, 18 de diciembre de 2020

¡OH ADONAI, JEFE DE LA CASA DE ISRAEL!

Moisés y la zarza ardiente

La admiración por el misterio (¡Oh!) y la súplica anhelante del Redentor (¡Ven!) entretejen las antífonas mayores del Adviento. Compuestas por los siglos VII-VIII, expresan los deseos de salvación de la humanidad de todos los tiempos, e invitan a una espera vigilante y amorosa del Señor.

* * *

Oh Adonai, Señor, jefe de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la llama de la zarza que ardía, y le diste la ley en el monte Sinaí; ven a redimirnos con la fuerza de tu brazo. (Antífona del 18-XII)

«¡Oh soberano Señor, Adonai! ven a rescatarnos, no con tu poder, sino con tu humildad. Antiguamente te apareciste a tu siervo Moisés en medio de una santa llama; diste la ley a tu pueblo entre rayos y truenos: ahora no se trata de amedrentar sino de salvar. Por eso, conocedores tu purísima Madre María y su esposo José del edicto del Emperador que les obliga a emprender el camino de Belén, ocúpanse de los preparativos de tu próximo Nacimiento. Dispone ella, oh Sol divino, los humildes pañales que han de cubrir tu desnudez, y que en este mundo creado por ti te protegerán contra el frío, cuando aparezcas en medio de la noche y del silencio. Así es como nos has de librar de la servidumbre del orgullo, así como se dejará sentir tu brazo poderoso, aunque parezca débil e inútil a los ojos de los hombres. Todo está dispuesto, oh Jesús, tus pañales te esperan: sal pues cuanto antes y ven a Belén, para rescatarnos del poder de nuestros enemigos» (Dom Guerenger, Ibid., p. 635-636). 

O Adonai, canto y partitura: www.youtube.com


jueves, 17 de diciembre de 2020

ORANDO CON LAS ANTÍFONAS DEL ADVIENTO. ¡OH SABIDURÍA!


Prope est iam Dominus: venite adoremus, el Señor está ya cerca, venid adoremos, nos hace repetir la liturgia de la Iglesia en estas últimas ferias del tiempo de Adviento. Hoy comienzan también las siete grandes antífonas llamadas «O», que son un apremiante suspiro para que venga el Mesías, cuyas prerrogativas y títulos gloriosos proclaman. Estas antífonas encierran en sí todo el espíritu del Adviento y son un magnífico compendio de la cristología más antigua de la Iglesia. En su conocida obra El Año Litúrgico, Dom Gueranger nos ha dejado un comentario piadoso a cada una de ellas que deseo publicar en días sucesivos.

* * *

Oh Sabiduría, que saliste de la boca del Altísimo, que tocas de una extremidad a la otra y dispones todas las cosas con fuerza y dulzura al mismo tiempo: ven a enseñarnos los caminos de la prudencia. (Antífona del 17. XII)

«¡Oh Sabiduría increada, que vais a haceros pronto visible al mundo, cuán bien aparece en estos momentos que todo lo gobiernas! He aquí que por tu permisión divina, va a salir un edicto del emperador Augusto, para empadronar al mundo. Todos los ciudadanos del Imperio deberán acudir a su ciudad de origen. En su orgullo, creerá el emperador haber conmovido en favor suyo a todo el género humano. Agítanse los hombres por todas partes a millones, y atraviesan en todos los sentidos el inmenso imperio romano; piensan que obedecen a un hombre y es a Dios a quien obedecen. Todo ese gran movimiento no tiene más que una finalidad: la de llevar a Belén a un hombre y a una mujer que tienen su humilde morada en Nazaret de Galilea; para que la mujer desconocida de los hombres y amada del cielo, al concluir el mes noveno de la concepción de su hijo, le diese a luz en Belén, según lo anunciado por el Profeta: “Es su salida de los días de la eternidad: ¡Oh Belén, de ningún modo eres la más pequeña entre las mil ciudades de Judá, porque El saldrá de ti!” ¡Oh Sabiduría divina, cuán fuerte eres para conseguir tus fines de manera infalible, aunque oculta a la mirada de los hombres! ¡cuán suave para no forzar su libertad y cuán paternal previendo nuestras necesidades! Escogiste Belén para nacer en ella, porque Belén significa Casa de Pan. Con esto nos quieres demostrar que eres nuestro Pan, nuestro manjar, nuestro alimento de vida. Nutridos por un Dios, no podremos ya morir. ¡Oh Sabiduría del Padre, Pan vivo bajado del cielo! ven pronto a nosotros, para que nos acerquemos a ti, y seamos iluminados por tus destellos; concédenos esa prudencia que conduce a la salvación» (Dom Prospero Gueranger, El año litúrgico, I, Burgos 1952, p.634).

O Sapientia, letra y melodía en gregoriano: www.youtube.com