Como contemplativa asidua de la pasión de Cristo, Santa Brígida supo convertir cada escarnio, cada humillación, cada golpe padecido por Jesús en su camino de dolor, en un himno de agradecimiento, alabanza y glorificación a nuestro Salvador: Honor para siempre a ti, mi Señor Jesucristo..., Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo…, Alabanza eterna a ti, mi Señor Jesucristo… En una de las ascensiones de su alma se dirige al Señor con estas palabras:
«Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, por
las burlas que soportaste cuando fuiste revestido de púrpura y coronado con
punzantes espinas, y aguantaste con una paciencia inagotable que fuera escupida
tu faz gloriosa, que te taparan los ojos y que unas manos brutales golpearan
sin piedad tu mejilla y tu cuello».
(De las oraciones de Santa Brígida. Cf. Oficio de lectura de su fiesta, 23 de julio).

No hay comentarios:
Publicar un comentario