viernes, 31 de julio de 2026

SANTIDAD Y BELLEZA, LOS CAMINOS DE LA IGLESIA

Catedral de León

En medio de una falta de interés generalizada y con evidente pérdida de tiempo, muchos debaten hoy sobre las sendas sinodales de la Iglesia. Pero hace ya más de veinte años que Ratzinger/Benedicto XVI señaló con convicción los caminos más expeditos para el futuro de la Iglesia y el fortalecimiento de la fe: el encuentro con los santos y la experiencia de lo bello. La liturgia es sin duda el «locus» privilegiado para dicho encuentro. Cada año el calendario hace desfilar ante nuestros ojos el grandioso ejército de los santos, tan variados como idénticos por el amor apasionado a Cristo. Y es también en el campo de la liturgia donde la Iglesia ha hecho brotar bellezas cautivantes que han tocado y siguen tocando lo más íntimo de los corazones. ¿Podríamos, en consecuencia, permanecer pasivos mientras la fealdad y el mal gusto se apoderan del culto? Además, ¿no ha sido la liturgia tradicional fuente de santidad y belleza durante siglos como para pretender cancelarla?

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«Con frecuencia he afirmado mi convicción de que la verdadera apología del cristianismo, la demostración más convincente de su verdad contra todo lo que lo niega, la constituyen, por un lado, los santos, y por otro, la belleza que la fe ha generado. Para que hoy la fe se pueda extender, tenemos que conducirnos a nosotros mismos y guiar a las personas con las que nos encontramos al encuentro con los santos y a entrar en contacto con lo bello» (J. Ratzinger, Caminos de Jesucristo, Ed. Cristiandad 2004, p. 39).
 



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