El intenso amor de María Magdalena por
Cristo le lleva a buscarlo con diligencia. Ese amor la hizo merecedora de ser
la primera en ver al Resucitado y anunciarlo a sus discípulos. Comenta fray
Luis de Granada: «Y mira bien que después de la Madre a aquella primero
apareció, que más amó, más perseveró, más lloró y más solícitamente le buscó;
para que así tengas por cierto que hallarás a Dios si con estas mismas lágrimas
y diligencias le buscares».

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