sábado, 12 de abril de 2025

DOMINGO DE RAMOS. BREVE EXPLICACIÓN CATEQUÉTICA

Entrada de Jesús en Jerusalén. Giotto di Bondone.
Imagen: wikipedia.org

¿Qué misterio se conmemora el Domingo de Ramos?

El Domingo de Ramos se conmemora la entrada triunfante de Jesucristo en Jerusalén seis días antes de su Pasión.

¿Por qué causa quiso Jesucristo entrar triunfante en Jerusalén, antes de su Pasión?

Jesucristo, antes de su Pasión, quiso entrar triunfante en Jerusalén, como, estaba profetizado: 1°, para alentar a sus discípulos, dándoles con ello una prueba manifiesta de que iba a padecer espontáneamente; 2°, para enseñarnos que con su muerte triunfaría del demonio, mundo y carne y nos abriría la entrada del cielo.

¿Por qué el domingo de Semana Santa se llama DOMINGO DE RAMOS?

El domingo de Semana Santa se llama Domingo de Ramos por la procesión que en este día se celebra, en la cual los fieles llevan en la mano un ramo de oliva o de palma.

¿Por qué el Domingo de Ramos se hace la procesión llevando ramos de oliva o de palma?

El Domingo de Ramos se hace la procesión llevando ramos de oliva o de palma para recordar la entrada triunfante de Jesucristo en Jerusalén, cuando las turbas le salieron al encuentro con ramos de palma en las manos.

¿Quiénes fueron los que salieron al encuentro de Jesucristo cuando entró triunfante en Jerusalén?

Cuando Jesucristo entró triunfante en Jerusalén le salió al encuentro el pueblo sencillo y los niños, no ya la gente granada de la ciudad; disponiéndolo así Dios para darnos a entender que la soberbia los hizo indignos de tomar parte en el triunfo de Nuestro Señor, que gusta de la sencillez de corazón, de la humildad y la inocencia.

(Catecismo de San Pío X, Sobre las fiestas del Señor, c. VI).

 

martes, 8 de abril de 2025

MIRAR EL ROSTRO DOLIENTE DE DIOS

Imagen: wikiart.org

«Quiero que penséis que ese rostro, al que escupieron con tanta dureza, era el rostro mismo de Dios; la frente y las cejas ensangrentadas por la corona de espinas, su cuerpo lacerado por el látigo y expuesto a las miradas, las manos clavadas al madero y, después, su costado atravesado por la lanza, eran la sangre y la carne sagrada, y las manos, y las sienes, y el costado, y los pies de Dios mismo, eso era lo que aquella enloquecida muchedumbre estaba mirando. Es una consideración tan tremenda que cuando lleguemos hasta el fondo por primera vez, no podremos pensar en otra cosa. Contemplémosla y, al tiempo, pidamos a Dios que la suavice un tanto, no sea que pueda con nosotros».

(San John H. Newman, Cuaresma con Newman. Once sermones de cuaresma, Phrónimos, c. 6. Versión Kindle). 





 

viernes, 4 de abril de 2025

LA MISERICORDIA DEL BUEN PASTOR

Texto de una carta de San Máximo el Confesor (580-662) en el que resalta la alegría, generosidad y extrema dulzura con que Jesucristo dispensa su misericordia a la oveja perdida o necesitada. Una lágrima, un sollozo, un suspiro, un lamento bastan para atraer sobre nosotros la mirada misericordiosa de Nuestro Salvador.

* * *

«Por ello clamaba: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Y también: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Por ello añadió que había venido a buscar la oveja que se había perdido, y que, precisamente, había sido enviado a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel. Y, aunque no con tanta claridad, dio a entender lo mismo con la parábola de la dracma perdida: que había venido para restablecer en el hombre la imagen divina empañada con la fealdad de los vicios. Y acaba: Os digo que habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

Así también, alivió con vino, aceite y vendas al que había caído en manos de ladrones y, desprovisto de toda vestidura, había sido abandonado medio muerto a causa de los malos tratos; después de subirlo sobre su cabalgadura, lo dejó en el mesón para que lo cuidaran, y, si bien dejó lo que parecía suficiente para su cuidado, prometió pagar a su vuelta lo que hubiera quedado pendiente.

Consideró que era un padre excelente aquel hombre que esperaba el regreso de su hijo pródigo, al que abrazó porque volvía con disposición de penitencia, y al que agasajo con amor paterno, sin pensar en reprocharle nada de todo lo que antes había cometido.

Por la misma razón, después de haber encontrado la ovejilla alejada de las cien ovejas divinas, que erraba por montes y collados, no volvió a conducirla al redil con empujones y amenazas, ni de malas maneras, sino que, lleno de misericordia, la puso sobre sus hombros y la volvió, incólume, junto a las otras».

(San Máximo el Confesor, Carta 11; Oficio de Lectura, miércoles de la IV semana de Cuaresma).


 

sábado, 29 de marzo de 2025

BENEDICTO XVI COMENTA LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO

El retorno del hijo pródigo. Pompeo Batoni. 

«En la celebración eucarística es Cristo mismo quien se hace presente en medio de nosotros; más aún, viene a iluminarnos con su enseñanza, en la liturgia de la Palabra, y a alimentarnos con su Cuerpo y su Sangre, en la liturgia eucarística y en la Comunión. De este modo viene a enseñarnos a amar, viene a capacitarnos para amar y, así, para vivir. Pero, tal vez digáis, ¡cuán difícil es amar en serio, vivir bien! ¿Cuál es el secreto del amor, el secreto de la vida? Volvamos al evangelio. En este evangelio aparecen tres personas:  el padre y sus dos hijos. Pero detrás de las personas hay dos proyectos de vida bastante diversos. Ambos hijos viven en paz, son agricultores muy ricos; por tanto, tienen con qué vivir, venden bien sus productos, su vida parece buena.

Y, sin embargo, el hijo más joven siente poco a poco que esta vida es aburrida, que no le satisface. Piensa que no puede vivir así toda la vida:  levantarse cada día, no sé, quizá a las 6; después, según las tradiciones de Israel, una oración, una lectura de la sagrada Biblia; luego, el trabajo y, al final, otra vez una oración. Así, día tras día; él piensa:  no, la vida es algo más, debo encontrar otra vida, en la que sea realmente libre, en la que pueda hacer todo lo que me agrada; una vida libre de esta disciplina y de estas normas de los mandamientos de Dios, de las órdenes de mi padre; quisiera estar solo y que mi vida sea totalmente mía, con todos sus placeres. En cambio, ahora es solamente trabajo.

Así, decide tomar todo su patrimonio y marcharse. Su padre es muy respetuoso y generoso; respeta la libertad de su hijo:  es él quien debe encontrar su proyecto de vida. Y el joven, como dice el evangelio, se va a un país muy lejano. Probablemente lejano desde un punto de vista geográfico, porque quiere un cambio, pero también desde un punto de vista interior, porque quiere una vida totalmente diversa. Ahora su idea es:  libertad, hacer lo que me agrade, no reconocer estas normas de un Dios que es lejano, no estar en la cárcel de esta disciplina de la casa, hacer lo que me guste, lo que me agrade, vivir la vida con toda su belleza y su plenitud.

Y en un primer momento —quizá durante algunos meses— todo va bien:  cree que es hermoso haber alcanzado finalmente la vida, se siente feliz. Pero después, poco a poco, siente también aquí el aburrimiento, también aquí es siempre lo mismo. Y al final queda un vacío cada vez más inquietante; percibe cada vez con mayor intensidad que esa vida no es aún la vida; más aún, se da cuenta de que, continuando de esa forma, la vida se aleja cada vez más. Todo resulta vacío:  también ahora aparece de nuevo la esclavitud de hacer las mismas cosas. Y al final también el dinero se acaba, y el joven se da cuenta de que su nivel de vida está por debajo del de los cerdos.

Entonces comienza a recapacitar y se pregunta si ese era realmente el camino de la vida:  una libertad interpretada como hacer lo que me agrada, vivir sólo para mí; o si, en cambio, no sería quizá mejor vivir para los demás, contribuir a la construcción del mundo, al crecimiento de la comunidad humana... Así comienza el nuevo camino, un camino interior. El muchacho reflexiona y considera todos estos aspectos nuevos del problema y comienza a ver que era mucho más libre en su casa, siendo propietario también él, contribuyendo a la construcción de la casa y de la sociedad en comunión con el Creador, conociendo la finalidad de su vida, descubriendo el proyecto que Dios tenía para él.

En este camino interior, en esta maduración de un nuevo proyecto de vida, viviendo también el camino exterior, el hijo más joven se dispone a volver para recomenzar su vida, porque ya ha comprendido que había emprendido el camino equivocado. Se dice a sí mismo:  debo volver a empezar con otro concepto, debo recomenzar.

Y llega a la casa del padre, que le dejó su libertad para darle la posibilidad de comprender interiormente lo que significa vivir, y lo que significa no vivir. El padre, con todo su amor, lo abraza, le ofrece una fiesta, y la vida puede comenzar de nuevo partiendo de esta fiesta. El hijo comprende que precisamente el trabajo, la humildad, la disciplina de cada día crea la verdadera fiesta y la verdadera libertad. Así, vuelve a casa interiormente madurado y purificado:  ha comprendido lo que significa vivir.

Ciertamente, en el futuro su vida tampoco será fácil, las tentaciones volverán, pero él ya es plenamente consciente de que una vida sin Dios no funciona:  falta lo esencial, falta la luz, falta el porqué, falta el gran sentido de ser hombre. Ha comprendido que sólo podemos conocer a Dios por su Palabra. Los cristianos podemos añadir que sabemos quién es Dios gracias a Jesús, en el que se nos ha mostrado realmente el rostro de Dios.

El joven comprende que los mandamientos de Dios no son obstáculos para la libertad y para una vida bella, sino que son las señales que indican el camino que hay que recorrer para encontrar la vida. Comprende que también el trabajo, la disciplina, vivir no para sí mismo sino para los demás, alarga la vida. Y precisamente este esfuerzo de comprometerse en el trabajo da profundidad a la vida, porque al final se experimenta la satisfacción de haber contribuido a hacer crecer este mundo, que llega a ser más libre y más bello.

No quisiera hablar ahora del otro hijo, que permaneció en casa, pero por su reacción de envidia vemos que interiormente también él soñaba que quizá sería mucho mejor disfrutar de todas las libertades. También él en su interior debe "volver a casa" y comprender de nuevo qué significa la vida; comprende que sólo se vive verdaderamente con Dios, con su palabra, en la comunión de su familia, del trabajo; en la comunión de la gran familia de Dios. No quisiera entrar ahora en estos detalles:  dejemos que cada uno se aplique a su modo este evangelio. Nuestras situaciones son diversas, y cada uno tiene su mundo. Esto no quita que todos seamos interpelados y que todos podamos entrar, a través de nuestro camino interior, en la profundidad del Evangelio.

Añado sólo algunas breves observaciones. El evangelio nos ayuda a comprender quién es verdaderamente Dios:  es el Padre misericordioso que en Jesús nos ama sin medida. Los errores que cometemos, aunque sean grandes, no menoscaban la fidelidad de su amor. En el sacramento de la Confesión podemos recomenzar siempre de nuevo con la vida:  él nos acoge, nos devuelve la dignidad de hijos suyos. Por tanto, redescubramos este sacramento del perdón, que hace brotar la alegría en un corazón que renace a la vida verdadera.

Además, esta parábola nos ayuda a comprender quién es el hombre:  no es una "mónada", una entidad aislada que vive sólo para sí misma y debe tener la vida sólo para sí misma. Al contrario, vivimos con los demás, hemos sido creados juntamente con los demás, y sólo estando con los demás, entregándonos a los demás, encontramos la vida. El hombre es una criatura en la que Dios ha impreso su imagen, una criatura que es atraída al horizonte de su gracia, pero también es una criatura frágil, expuesta al mal; pero también es capaz de hacer el bien.

Y, por último, el hombre es una persona libre. Debemos comprender lo que es la libertad y lo que es sólo apariencia de libertad. Podríamos decir que la libertad es un trampolín para lanzarse al mar infinito de la bondad divina, pero puede transformarse también en un plano inclinado por el cual deslizarse hacia el abismo del pecado y del mal, perdiendo así también la libertad y nuestra dignidad.

Queridos amigos, estamos en el tiempo de la Cuaresma, de los cuarenta días antes de la Pascua. En este tiempo de Cuaresma la Iglesia nos ayuda a recorrer este camino interior y nos invita a la conversión que, antes que ser un esfuerzo siempre importante para cambiar nuestra conducta, es una oportunidad para decidir levantarnos y recomenzar, es decir, abandonar el pecado y elegir volver a Dios.

Recorramos juntos este camino de liberación interior; este es el imperativo de la Cuaresma. Cada vez que, como hoy, participamos en la Eucaristía, fuente y escuela del amor, nos hacemos capaces de vivir este amor, de anunciarlo y testimoniarlo con nuestra vida. Pero es necesario que decidamos ir a Jesús, como hizo el hijo pródigo, volviendo interior y exteriormente al padre. Al mismo tiempo, debemos abandonar la actitud egoísta del hijo mayor, seguro de sí, que condena fácilmente a los demás, cierra el corazón a la comprensión, a la acogida y al perdón de los hermanos, y olvida que también él necesita el perdón.

Que nos obtengan este don la Virgen María y san José, mi patrono, cuya fiesta celebraremos mañana, y a quien ahora invoco de modo particular por cada uno de vosotros y por vuestros seres queridos». 

Fuente: www.vatican.va 

 


 

martes, 25 de marzo de 2025

LA EXTRAORDINARIA CORTESÍA DE DIOS

La Anunciación de Caravaggio

Extracto de la homilía pronunciada por Benedicto XVI en la Basílica de la Anunciación (Nazaret) durante la celebración de las Vísperas el jueves 14 de mayo de 2009.

* * *

«L0 que sucedió aquí en Nazaret, lejos de la mirada del mundo, fue un acto singular de Dios, una poderosa intervención en la historia, a través de la cual un niño fue concebido para traer la salvación al mundo entero. El prodigio de la Encarnación continúa desafiándonos a abrir nuestra inteligencia a las ilimitadas posibilidades del poder transformador de Dios, de su amor a nosotros, de su deseo de estar unido a nosotros. Aquí el Hijo eterno de Dios se hizo hombre, permitiéndonos a nosotros, sus hermanos y hermanas, compartir su filiación divina. Ese movimiento de abajamiento de un amor que se vació a sí mismo, hizo posible el movimiento inverso de exaltación, en el cual también nosotros fuimos elevados para compartir la misma vida de Dios (cf. Flp 2, 6-11).

El Espíritu que "vino sobre María" (cf. Lc 1, 35) es el mismo Espíritu que aleteó sobre las aguas en los albores de la creación (cf. Gn 1, 2). Esto nos recuerda que la Encarnación fue un nuevo acto creador. Cuando nuestro Señor Jesucristo fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María, Dios se unió con nuestra humanidad creada, entrando en una nueva relación permanente con nosotros e inaugurando la nueva creación. El relato de la Anunciación ilustra la extraordinaria cortesía de Dios (cf. Madre Juliana de Norwich, Revelaciones 77-79). Él no impone su voluntad, no predetermina sencillamente el papel que María desempeñará en su plan para nuestra salvación: él busca primero su consentimiento. Obviamente, en la creación original Dios no podía pedir el consentimiento de sus criaturas, pero en esta nueva creación lo pide. María representa a toda la humanidad. Ella habla por todos nosotros cuando responde a la invitación del ángel.

San Bernardo describe cómo toda la corte celestial estuvo esperando con ansiosa impaciencia su palabra de consentimiento gracias a la cual se consumó la unión nupcial entre Dios y la humanidad. La atención de todos los coros de los ángeles se redobló en ese momento, en el que tuvo lugar un diálogo que daría inicio a un nuevo y definitivo capítulo de la historia del mundo. María dijo: Hágase en mí según tu palabra. Y la Palabra de Dios se hizo carne».

Fuente: vatican.va


domingo, 23 de marzo de 2025

REFLEXIÓN DE CUARESMA. EL SUFRIMIENTO

Flagelación de Cristo. Pedro Pablo Rubens

«La Cuaresma nos invita a meditar sobre el sufrimiento.

Jesús nos enseña que el sufrimiento es bueno y que es necesario aceptarlo. Todo nuestro ser se levanta contra él. Y, sin embargo, el sufrimiento está ahí en cada giro del camino.

Sufrimiento de todos nuestro duelos, sufrimiento de nuestros fracasos, sufrimiento físico de nuestras enfermedades, sufrimiento de los abandonos, de las traiciones, sufrimiento de nuestros pecados y de los pecados que nos alcanzan, de las debilidades y de las faltas de los que nos rodean, el sufrimiento, paso a paso, acompaña la vida...

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Nosotros huimos. Corremos tapándonos los oídos y cerrando los ojos para no ver a este austero compañero a nuestro lado. Y, sin embargo, nos hace falta a veces abrir los ojos, y lo volvemos a encontrar en el mismo sitio. Y, en el momento en que menos lo sospechamos, él, paternal, se inclina sobre nosotros y nos abraza.

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Él es el gran educador. Desgraciado el hombre que no ha sufrido; no es ni será nunca más que un niño. Pero más desgraciado todavía el hombre que no aprovecha la lección del sufrimiento.

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Lo que hace profundas a las almas es el sufrimiento. A quienes lo rechazan, él les hace amarga el alma. No rehuyamos el sufrimiento. Cristo lo ha dulcificado con el amor. Nos desprende de la tierra y nos impulsa hacia Dios. Sin él la tierra sería tan atrayente que nos sumergiríamos en los manjares terrestres, y no conoceríamos el sabor incomparable del otro manjar, de que gusta el alma, y que no deja amargor en la boca». (Jacques Leclercq, Siguiendo el año litúrgico, p. 124-126)



 

sábado, 15 de marzo de 2025

EL NOMBRE DE JESÚS, LUZ, MANJAR Y MEDICINA


Oleum efussum nomen tuum, tu nombre es como óleo derramado, o como bálsamo fragante, según otras traducciones (Cant 1, 3). Este versículo al inicio del Cantar de los Cantares, libro predilecto de los grandes místicos de la Iglesia, ha inspirado un extraordinario sermón de San Bernardo sobre el nombre de Jesús, el Esposo del Cantar. Así como el aceite cumple las funciones de iluminar, alimentar y curar, así también el Nombre de Jesús es luz que ilumina el mundo, alimento que nutre los espíritus y bálsamo que sana cualquier dolencia. 

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«Existe sin duda una semejanza entre el bálsamo y el nombre del Esposo; el Espíritu Santo no los comparó en vano. Si vosotros no tenéis otras razonas más válidas, yo pienso que lo hizo porque el bálsamo reúne tres cualidades: luce, alimenta y unge. Aviva el fuego, robustece el cuerpo y alivia el dolor; es luz, manjar y medicina. Descubramos ahora estas tres cualidades en el nombre del Esposo: luce cuando es predicado, alimenta cuando se medita, unge y alivia cuando se invoca.

¿De dónde crees que llega la luz tan intensa y veloz de la fe a todo el mundo, sino de la predicación del nombre de Jesús? ¿No nos llamó Dios a su maravilloso resplandor por la luz de este nombre? Iluminados por su luz, que nos hace ver la luz, exclamará Pablo con razón: Antes, sí, erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor. A este mismo Apóstol se le encargó que diera a conocer este nombre a los paganos y sus reyes, y a los hijos de Israel. Lo llevaba como una antorcha para iluminar la patria, gritando por todas partes: La noche está avanzada, el día se echa encima, abandonemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos para actuar en la luz; comportémonos con decoro como en pleno día. Y mostraba a todos la luz sobre el candelero, anunciando a Jesús por donde pasaba, y a éste crucificado. ¡Cómo brilló esta luz, hiriendo los ojos de cuantos la miraban, cuando salió de la boca de Pedro con el fulgor de un relámpago y robusteció las piernas y los tobillos de un paralítico, hasta quedar iluminados muchos espiritualmente ciegos! ¿No despidió fuego cuando dijo: En el nombre de Jesús, el Nazareno, levántate y anda?

Mas el nombre de Jesús no es sólo luz, también es alimento. ¿No te sientes reconfortado siempre que lo recuerdas? ¿Hay algo que sacie tanto el espíritu del que lo medita? ¿O que pueda reparar tanto las fuerzas perdidas, fortalecer las virtudes, incrementar los hábitos buenos y honestos, fomentar los afectos castos? Todo alimento es desabrido si no se condimenta con este aceite; insípido, si no se sazona con esta sal. Lo que escribas me sabrá a nada, si no encuentro el nombre de Jesús. Si en tus controversias y disertaciones no resuena el nombre de Jesús, nada me dicen. Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón.

Y también es medicina. ¿Sufre alguno de vosotros? Si penetra Jesús en su corazón y de allí pasa a la boca, inmediatamente clareará la luz de su nombre, y disipándose toda oscuridad, volverá la serenidad. ¿Ha cometido alguien un delito? ¿Corre desesperado tras el lazo de la muerte? Si invoca el nombre de la vida, al punto respirará alientos de vida. ¿Quién se obstinó ante este nombre de salvación en la dureza de su corazón, en la indolencia de su desidia, en el rencor de su alma, en la molicie de su acedia? Si alguna vez se le agotó a alguien la fuente de las lágrimas, ¿no se le arrasaron de repente los ojos y corrió mansamente su llanto al invocar a Jesús? ¿Quién temblaba aterrado ante un peligro y no recobró al instante la confianza, venciendo el miedo cuando recurrió al poder de su nombre? Cuando alguien fluctuaba zarandeado en un mar de dudas, ¿no vio brillar la certeza en cuanto invocó la luz de este nombre? Si pronunció este grito de socorro, ¿le faltaron las fuerzas al que, a punto de desaparecer, se desesperaba en la adversidad?

Estas son las enfermedades y achaques del alma; pero he aquí su gran remedio. Si necesitas pruebas, te dice: Invócame el día del peligro; yo te libraré y tú me darás gloria. Nada como él reprimirá la violencia de la ira, sosegará la pasión de la soberbia, curará la llaga de la envidia, reducirá el furor de la lujuria, extinguirá el fuego de la sensualidad, apagará la sed de la avaricia, eliminará el prurito de todo apetito vergonzoso.

Cuando pronuncio el nombre de Jesús evoco el recuerdo de un hombre manso y humilde, bueno, sobrio, casto, misericordioso, el primero por su rectitud y santidad. Evoco al mismo Dios todopoderoso, que me convierte con su ejemplo y me da fuerzas con su ayuda. Todo esto revive en mí, cuando escucho el nombre de Jesús. De su humanidad extraigo un testimonio de vida para mí; de su poder, fuerzas. Lo primero es un jugo medicinal; lo segundo es como un estímulo al exprimirlo. Y con ambos me preparo una receta que ningún médico puede superarla» (San Bernardo, Sermón 15 sobre el Cantar de los Cantares, 5 - 7).

Fuente: sigilummilitumxpisti.blogspot.com