domingo, 9 de marzo de 2025

PENSAMIENTOS PARA LA CUARESMA. AL ENCUENTRO DE LA CRUZ

La oración en el Huerto. Museo del Prado
Imagen: wikipedia.org

«Cuando se cumplían los días de su partida de este mundo, tomó Jesús la resolución de ir a Jerusalén». Así habla san Lucas en el capítulo noveno. Y Jesús marcha dando un largo rodeo, en un viaje que llena diez capítulos del Evangelio, plenos de enseñanzas, de milagros y de bondad.

De cuando en cuando recuerda el evangelista el fin que persigue el Maestro: «Iba, pues, por las villas y aldeas, enseñando y avanzando hacia Jerusalén» (XIII, 22): «Dirigiéndose hacia Jerusalén, Jesús atravesaba la Samaria y la Galilea» (XVII, 11).

Con los ojos puestos en la Cruz que le espera, Jesús pasa sembrando el bien: «He aquí que subimos a Jerusalén y va a cumplirse todo lo que los profetas han escrito sobre el hijo del hombre. Será entregado a los gentiles, escarnecido y ultrajado, y escupido; y, después de haberle azotado, le matarán y resucitará al tercer día» (XVIII, 31).

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Jesús sube a Jerusalén para ser crucificado. La vida sigue su curso normal; pero la imagen de la Cruz se yergue al final del camino. ¿No es eso la Cuaresma?

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La Cuaresma consiste en seguir a Jesús caminando hacia el Calvario; es caminar con Él con la mirada puesta en la Cruz; es prepararse para unirse a Él en los días dolorosos de la Semana Santa.

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Jesús marcha hacia el Calvario. ¿No haremos penitencia para unirnos a Él?

La Iglesia nos pide que hagamos de la Cuaresma tiempo de penitencia. Es precisamente el espíritu de Jesús marchando hacia Jerusalén. Él pasa sembrando el bien. Aparentemente nada cambia en el tenor de su vida ordinaria. Pero la imagen de la Cruz está ahí, en su alma. A medida que Él avanza, pesa cada vez más la Cruz.

La Cruz gravita también sobre nuestra vida. Debe pesar sobre nuestra vida porque son nuestros pecados los que la han levantado.

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Él está muy solo. Solo ya, como en el jardín de Getsemaní. La Cruz se yergue a lo lejos. Él la entrevé desde el primer día del viaje. Y va hacia Jerusalén para cumplir su destino. Él lo conoce. Desde siempre, tiene ante los ojos todos nuestros pecados, los que Él viene a redimir. Ahora, poco a poco, de día en día, su carga se le hace más pesada, porque se acerca el momento en que habrá que pagar.

La Cruz. Y Él está solo. Todos los demás están ocupados en sueños locos.

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Durante la Cuaresma hay que pensar en Él. Hay que pensar en Él un poco más, porque marcha hacia la Cruz, y son precisamente nuestros pecados los que la han erigido… ¿No pensaremos durante esta Cuaresma en Jesús más a menudo? ¿No le seguirá nuestro pensamiento en la ruta por donde marcha entre la muchedumbre, tan solo? (Jacques Leclercq, Siguiendo el año litúrgico, Madrid 1957, p. 119 y ss).


 

jueves, 6 de marzo de 2025

LA MISA DE SIEMPRE, SU ENCANTO, SU FUTURO

Imagen tomada del artículo original

Publico en castellano un artículo cuya lectura me ha gustado mucho por su ponderación y exactitud. Frente a los reformadores litúrgicos, que invariablemente se arrogan la representación de toda la Iglesia para defender sus posturas, ensayos como éste nos ayudan a volver los ojos a la realidad pura y genuina, no cercenada ideológicamente, y defender lo nuestro como auténticos fieles católicos que somos. 

Fuente: leconservateur-media.fr

LA MISA EN LATÍN ¿POR QUÉ ATRAE A LOS JÓVENES?

Justo cuando cabría pensar que la misa en latín, la misa de siempre, es cosa perteneciente al pasado, un número creciente de jóvenes católicos está redescubriendo esta antigua forma de culto. Es un fenómeno que ha cobrado impulso en las últimas dos décadas, especialmente después del motu proprio Summorum Pontificum publicado en 2007 por el papa Benedicto XVI, que facilitó el acceso a la misa tridentina. En varios países, sobre todo en Francia, Estados Unidos e Italia, las celebraciones según el rito tridentino atraen más y más fieles, a menudo menores de 35 años.  ¿A qué se debe este entusiasmo?  ¿Qué es lo que impulsa a estos jóvenes a volverse hacia una liturgia que parecía estar a punto de desaparecer en las mentes de las generaciones baby boomers?

Una necesidad de lo sagrado y de la tradición

En nuestro mundo moderno, marcado por la inmediatez y el cambio perpetuo, la misa en latín se presenta como un ancla espiritual sólida. Muchos jóvenes que buscan profundidad y trascendencia encuentran en esta liturgia una belleza y una solemnidad que a veces faltan en las misas en lengua vernácula. El canto gregoriano, los gestos precisos del sacerdote, el silencio recogido, forman un conjunto que les ofrece una experiencia de lo sagrado que ellos consideran más intensa.

Una respuesta a la falta de referencias

La sociedad contemporánea está en constante cambio y muchos jóvenes experimentan alguna forma de desorientación. Frente a esto, la misa tradicional representa una continuidad, una raíz espiritual que los une a siglos de fe cristiana. Algunos también ven en ello una respuesta al relativismo ambiental: la misa tridentina les parece una expresión clara e inequívoca de la doctrina católica.

Vaticano II, ¿una reforma que atrae menos a los jóvenes?

El Concilio Vaticano II (1962-1965) introdujo reformas para hacer la liturgia más accesible, especialmente mediante el uso de las lenguas vernáculas y una mayor participación de los fieles. Sin embargo, estos cambios ya no atraen tanto a los jóvenes que se vuelven hacia la misa de siempre o hacia una celebración vernácula pero más clásica, con gran respeto por la liturgia. Muchos consideran que la reforma litúrgica ha llevado a una pérdida de sacralidad, con celebraciones a veces percibidas como banales o demasiado cercanas a la cultura moderna, incluso al límite del protestantismo por la influencia ideológica que difunde el ecumenismo. Además, el deseo de adaptación de la Iglesia al mundo contemporáneo, aunque guiada por buenas intenciones –en apariencia–, supone un debilitamiento de la doctrina y de la disciplina porque la Iglesia no tiene por qué volverse hacia el mundo, la Iglesia es atemporal y universal en su fundación, y Cristo sigue siendo exclusivo y no inclusivo. Siempre será el hombre pecador quien deba convertirse, y no la Iglesia la que se convierta a nuestros pecados. En busca de un catolicismo más estructurado y exigente, estos jóvenes prefieren recurrir a una liturgia más auténtica y arraigada en la tradición secular de la Iglesia.

Las comunidades carismáticas: un modelo que atrae menos

Si bien algunos jóvenes católicos se sienten atraídos por el dinamismo de las comunidades carismáticas, una gran parte de ellos permanece distante de este modelo. Le reprochan, en particular, un enfoque demasiado emocional de la fe, centrado en el sentimiento personal más que en el rigor doctrinal y la contemplación. El carácter espontáneo de las celebraciones, con oraciones libres, cantos modernos y manifestaciones exteriores (imposición de manos, glosolalia), contrasta fuertemente con la solemnidad y el recogimiento de la Santa Misa. Muchos jóvenes ven en esto un riesgo de subjetivismo, donde la experiencia individual de Dios tiene prioridad sobre la objetividad de los ritos y del dogma, haciendo frágil su fe y maleable a los movimientos de las modas mundanas, una fe ligada así inconscientemente a los ríos impetuosos del capitalismo y del liberalismo. Además, perciben una influencia protestante en estas prácticas, alejadas del milenario legado litúrgico de la Iglesia Católica. En busca de lo sagrado y de la continuidad con la tradición, prefieren la misa en latín, que les ofrece una conexión más profunda con la fe de los siglos pasados.

Un fenómeno amplificado por las redes sociales

El auge de la misa en latín entre los jóvenes también está vinculado a Internet. En YouTube, Instagram o TikTok, cuentas influyentes difunden vídeos de ceremonias, explicaciones de la liturgia tradicional y testimonios de conversos. Se están formando comunidades en línea que permiten a estos jóvenes compartir su entusiasmo y aprender sobre los lugares donde se celebra la Misa Tridentina.

Un compromiso más profundo

Este regreso al rito tradicional va acompañado a menudo de un mayor compromiso con la fe. Muchos de estos jóvenes participan activamente en las actividades de su parroquia, se interesan por los textos del Magisterio y desarrollan una práctica más asidua de los sacramentos. No se limitan a asistir a Misa: quieren comprender su significado y vivir su catolicismo plenamente y con orgullo.

Un debate dentro de la Iglesia

Sin embargo, esta tendencia también crea tensiones. El Papa Francisco, con su motu proprio Traditionis Custodes (2021), reguló estrictamente la celebración de la Misa en latín, afirmando que no debe ser un instrumento de división en la Iglesia. Los partidarios de esta restricción creen que la Misa Tridentina corre el riesgo de fragmentar la unidad litúrgica y doctrinal, fomentando a veces la oposición al Concilio Vaticano II. Destacan la importancia de la reforma litúrgica para acercar la Iglesia a los fieles y evitar una percepción elitista del culto.

Por el contrario, los defensores de la misa tradicional la ven como una riqueza espiritual que debe ser preservada. Consideran que la diversidad litúrgica siempre ha existido en la historia de la Iglesia y que la prohibición progresiva de la Misa en latín es vista como una exclusión injustificada de quienes encuentran en esta forma una expresión más profunda de su fe. La situación se volvió aún más tensa cuando el Papa Francisco hizo duros comentarios contra los tradicionalistas, a veces acusándolos de rigidez o nostalgia del pasado. Estas declaraciones han reforzado el sentimiento de incomprensión y marginación entre los fieles apegados a la Misa Tridentina. A pesar de estas diferencias, la demanda sigue aumentando fuertemente y algunas parroquias continúan atrayendo a más y más gente, a más y más jóvenes, y ¡todos fervorosos!

Conclusión: ¿Un retorno estable?

Lejos de ser una moda pasajera, el interés de los jóvenes por la misa en latín refleja una profunda aspiración a una espiritualidad exigente y arraigada. En un mundo en búsqueda de sentido, la liturgia tradicional parece ofrecer un refugio y una fuente de estabilidad. Sin embargo, el futuro de este movimiento dependerá de varios factores: la actitud de las autoridades eclesiásticas, la formación de los sacerdotes para celebrar según el rito tridentino, así como la evolución de las mentalidades en el seno de la Iglesia debido a una generación muy ligada al Vaticano II.

Si persisten ciertas restricciones, es posible que este fervor se transforme en un movimiento de resistencia o en un redescubrimiento clandestino de la tradición. Por el contrario, si la Iglesia reconoce y apoya con benevolencia esta petición, la Misa en latín podría recuperar un lugar duradero y oficial en la vida litúrgica de las generaciones más jóvenes. Queda por ver cómo evolucionará esta dinámica en las próximas décadas.


miércoles, 19 de febrero de 2025

EL HUERTO COMO LUGAR DE SALVACIÓN

Recojo esta piadosa consideración de Fray Luis de Granada sobre la sepultura de Cristo. La concatenación de los distintos «huertos» como escenarios privilegiados de nuestra salvación, me parece especialmente sugerente y literariamente hermosa.

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«Resta considerar con cuánta devoción y compasión, cuáles serían allí las lágrimas del amado discípulo, de la santa Magdalena y de las otras piadosas mujeres: cómo lo envolverían en aquella sábana limpia, y cubrirían su rostro con un sudario, y finalmente lo llevarían en sus andas, y lo depositarían en aquel huerto donde estaba el santo sepulcro. En el huerto comenzó la pasión de Cristo, y en el huerto se acabó, y por este medio nos libró del Señor de la culpa cometida en el huerto del paraíso, y por ella finalmente nos lleva al huerto del cielo. Pues, oh buen Jesús, concédeme, aunque indigno, ya que entonces no merecí hallarme con el cuerpo presente a estas tan dolorosas obsequias, me halle en ellas meditándolas y tratándolas con fe y amor en mi corazón, experimentado algo de aquel afecto y compasión que tu inocentísima Madre y la bienaventurada Magdalena sintieron en este día» (Vida de Cristo, EDIBESA, Madrid 2000, p. 297).


 

martes, 4 de febrero de 2025

EL DIABLO ODIA LA TRADICIÓN

Interesante columna de Camillo Langone publicada en el Foglio Quotidiano en diciembre pasado. La aversión hacia la misa tridentina dentro de la Iglesia es a veces tan incomprensible como brutal; solo la presencia de un poder preternatural –el diablo– puede dar razón de semejante furia.

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Leer al Cardenal Sarah para entender
que el enemigo del latín es el diablo

Camillo Langone

Fuente: ilfoglio.it

El enemigo del latín es el diablo. El cardenal Sarah lo revela en su último libro“¿Existe Dios?”, publicado por Cantagalli: “El proyecto de cancelar definitivamente la misa tradicional tridentina, es decir, un rito que se remonta a san Gregorio Magno, una liturgia que tiene 1600 años, una misa que ha hecho santos a muchos y que se ha celebrado por muchos santos, si es real, me parece un insulto a la historia de la Iglesia y a la Santa Tradición, un proyecto diabólico que querría romper con la Iglesia de Cristo, de los Apóstoles y de los Santos". Así que el enemigo del latín es el diablo. De hecho, sólo una maldad metafísica puede explicar tal implacabilidad del clero progresista, o más bien nihilista, contra un rito tan objetivamente bello, tan ampliamente apreciado por los fieles. Nadie fuera de la Iglesia lo sabe, también porque sonaría incomprensible, pero la principal acusación contra los católicos tradicionales es precisamente su amor por el latín. Y el acusador por excelencia, según la etimología hebrea, es Satanás. Gracias al cardenal Sarah sabemos que es inútil apelar a los obispos y pontífices para salvar la Misa en latín (la autorización para celebrarla): hay que recurrir a San Miguel Arcángel, el santo de los exorcismos.


 

sábado, 25 de enero de 2025

APRESADO EN CRISTO JESÚS

San Pablo en prisión. Rembrandt

«Pero lo que tenía por ganancia, lo reputo ahora por Cristo como pérdida, y aun todo lo tengo por pérdida a causa del sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor todo lo sacrifiqué y lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en Él, no en posesión de mi justicia, la de la Ley, sino de la justicia que procede de Dios, que se funda en la fe y nos viene por la fe de Cristo; para conocerle a Él y el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, conformándome a Él en su muerte por si logro alcanzar la resurrección de los muertos.

No es que la haya alcanzado ya, es decir, que haya logrado la perfección, sino que la sigo por si logro apresarla, por cuanto yo mismo fui apresado por Cristo Jesús. Hermanos, yo no creo haberla aún alcanzado; pero, dando al olvido a lo que ya queda atrás, me lanzo tras lo que tengo por delante, mirando hacia la meta, hacia el galardón de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús» (Fil 3, 7-14).


 

domingo, 12 de enero de 2025

POR QUÉ CRISTO QUISO SER BAUTIZADO

Fue conveniente que Cristo fuera bautizado:

Primero, porque, como dice Ambrosio, el Señor fue bautizado, no porque quisiera ser purificado, sino para purificar las aguas, a fin de que, purificadas ellas por la carne de Cristo, que no conoció el pecado, tuvieran la virtud de bautizar; y así dejarlas santificadas para los que después habían de ser bautizados, como escribe el Crisóstomo.

Segundo, porque, como dice el mismo Crisóstomo, aunque Cristo no fuese pecador, recibió, sin embargo, una naturaleza pecadora y una ‘semejanza de carne de pecado’ (cf. Rom 8, 3). Por esto, aunque no necesitaba del bautismo en favor de sí mismo, lo necesitaba, no obstante, la naturaleza carnal en los demás. Y, como escribe Gregorio Nacianceno, Cristo fue bautizado para sumergir en el agua a todo el viejo Adán.

Tercero, quiso ser bautizado, como dice Agustín en un Sermón De Epiphania, porque quiso hacer Él mismo lo que mandó que habían de hacer todos. Y esto es lo que Él mismo dice: Así conviene que cumplamos toda justicia (Mt 3, 15). Como escribe Ambrosio, esta es la justicia: Que comiences por hacer tú primero lo que quieres que haga el otro, y que animes a los demás con tu ejemplo. (Santo Tomás de Aquino, S Th., III, q. 39, a. 1, c.).


miércoles, 1 de enero de 2025

MARÍA, CASA DE ORO

Sancta María, Mater Dei et Domus aurea, ora pro  nobis

Con mucha razón los cristianos han invocado desde antiguo a la Madre de Dios con el título de Casa de Oro. Porque si bien Belén y Nazaret fueron moradas pobres y humildes, Dios construyó para sí en María una mansión espléndida de oro puro donde naciera y habitara su Verbo hecho carne. Una casa hecha con el oro purísimo de la gracia, de la santidad y de la virtud. Piadosa para este tiempo de Navidad me parece la siguiente reflexión de San John H. Newman sobre el título mariano de Domus Aurea.

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«¿Por qué se le llama Casa? ¿Y por qué dorada? El oro es el más hermoso y valioso de todos los metales. La plata, el cobre, y el bronce pueden a su modo ser buenos a la vista, pero nada es tan rico y espléndido como el oro. Tenemos pocas oportunidades de verlo en cantidad, pero cualquiera que haya visto un gran número de brillantes monedas de oro sabe qué magnífica es la visión del oro. Por eso en la Escritura a la Ciudad Santa se le llama la Dorada, de modo figurado. Dice San Juan: «La Ciudad es de oro puro, semejante al cristal puro» (Apoc 21, 18). Él quiere, por supuesto, darnos una idea de la maravillosa belleza del cielo comparándolo con la más bella de todas las sustancias que vemos en la tierra.

Por lo tanto, María es llamada también dorada, porque su gracia, sus virtudes, su inocencia, su pureza son de un brillo trascendente y de una deslumbrante perfección de tan alto precio y tan exquisita, que los ángeles, por así decir, no pueden quitar sus ojos de ella, más de lo que nosotros podemos evitar la contemplación de cualquier gran objeto de oro.

Pero más aún, ella es una casa de oro, o mejor aún, un palacio de oro. Imaginémonos delante de un conjunto palaciego o una inmensa iglesia hechos de oro, desde los cimientos hasta el techo. Tal es María en cuanto al número, variedad y extensión de sus excelencias espirituales.

Pero obsérvese, además, que ella es casa dorada, o bien debería decir palacio dorado. Imaginemos que hemos visto un palacio entero o una gran iglesia hechos de oro desde los cimientos hasta el techo. Tal es María en cuanto al número, la variedad y la extensión de sus excelencias espirituales. Pero ¿por qué llamarla casa o palacio? ¿Y palacio de quién? Ella es la casa y el palacio del Gran Rey, de Dios mismo. Nuestro Señor, el Hijo de Dios igual al Padre, habitó en ella una vez. Fue su Huésped. Pero más que un huésped, pues éste entra y sale de una casa, pero nuestro Señor nació realmente en esta santa casa. Asumió su carne y su sangre de esta casa, de la carne y las venas de María. Por tanto, fue correcto que debiera ser hecha de oro puro, pues ella iba a dar ese oro para formar el cuerpo del Hijo de Dios. Fue dorada en su concepción y dorada en su nacimiento, y pasó por el fuego de sus sufrimientos como el oro en el crisol, y desde que fue asunta a los cielos está, como dice nuestro himno, por encima de todos los Ángeles en la gloria inefable, de pie junto al Rey y vestida de oro».



(San John H. Newman, Meditaciones y devociones, Buenos Aires 2007, p. 40)