miércoles, 21 de diciembre de 2016

LA VIRGEN DEL ADVIENTO

«Salve, Sancta Parens, enixa puerpera Regem, qui cælum terramque regit in sæcula sæculorum»

«En la hora decisiva de la historia humana, María se ofreció a sí misma a Dios, entregó su cuerpo y su alma como morada. En ella y de ella el Hijo de Dios asumió la carne. Por medio de ella el Verbo se hizo carne. Así María nos dice lo que es el Adviento: ir al encuentro del Señor que viene a nosotros. Esperarlo, escucharlo y contemplarlo. María nos explica para qué existen los edificios de las iglesias: existen para que acojamos en nuestro interior la Palabra de Dios; para que dentro de nosotros y por medio de nosotros la Palabra pueda encarnarse también hoy». (Benedicto XVI, Homilía, 10 de diciembre 2006)

Salve, Santa Madre, que engendrasteis al Rey que gobierna los cielos y la tierra por los siglos de los siglos. 
(Introito misa común de Santa María Virgen)

sábado, 17 de diciembre de 2016

¡FELICIDADES SANTO PADRE!

Ad multos annos!
Transcribo una antigua oración litúrgica por el Papa tomada del Misal Romano. En el día de su 80 cumpleaños nos unimos con filial afecto a su persona e intenciones. 

Deus, omium fidelium pastor et rector,
famulum tuum Franciscum, quem pastorem
Ecclesiæ tuæ præesse voluisti,
propitius réspice;
da ei, quæsumus, verbo et exemplo
quibus præest, proficere;
ut ad vitam, una cum grege sibi credito,
perveniat sempiternam. Per Dominum.

Oh Dios, pastor y soberano rector de todos los fieles,
mira propicio a tu siervo Francisco,
a quien has constituido pastor de tu Iglesia.
Haz que con su ejemplo y doctrina
aproveche a los que le has ordenado dirigir,
y que en unión con la grey que te dignaste confiarle,
consiga la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

(Misal Romano, oración colecta, misa pro Papa)

martes, 13 de diciembre de 2016

MONS. ECHEVARRÍA, UNA VIDA SANTA ENTRE SANTOS

«Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu Señor» 
(Mt 25, 23)
Mons. Echevarría cruza la Puerta Santa de la iglesia Prelaticia el pasado 13 de noviembre, tras la Misa de clausura del Año Santo de la Misericordia.

Como una vida santa vivida entre santos podría resumirse la existencia terrena de Mons. Javier Echevarría. En efecto, Mons. Echevarría gasta gran parte de su vida trabajando y colaborando junto a San Josemaría Escrivá y al Beato Álvaro del Portillo, a quienes luego sucederá en el gobierno de la Prelatura del Opus Dei. Se podría decir que casi no tuvo vida propia, porque su tiempo y su talento lo puso en servir a esos dos gigantes de la Iglesia contemporánea para luego servir a la entera familia de la Obra. Al llorar su partida, agradecemos a la Trinidad Beatísima y a Nuestra Señora de Guadalupe el ministerio fecundo y humilde de este hijo egregio de San Josemaría, cuya vida ha quedado bien plasmada en su lema episcopal: Deo omnis gloria.

viernes, 9 de diciembre de 2016

BENDITA RIGIDEZ. LA RESPUESTA DE UN JOVEN

Publicamos, traducido al castellano, un interesante artículo aparecido en la revista Catholic Herald el pasado jueves 1° de diciembre. Se trata de una fina respuesta ante el asombro manifestado por el Santo Padre de por qué muchos jóvenes, que no han sido formados en la antigua Misa latina, sin embargo la prefieren y les gusta.

Sí, la misa antigua es “rígida”; y este es un motivo por el que a nosotros  los jóvenes nos encanta.
Por Paolo Gambi
 Jueves, 01 de diciembre 2016

Es preciosa, completamente católica y sin concesiones

En una entrevista publicada recientemente, el Papa Francisco dijo que estaba perplejo por los jóvenes que se sienten atraídos por la Misa tradicional latina. «Siempre trato de entender qué hay detrás de las personas que son demasiado jóvenes para haber vivido la liturgia preconciliar, pero que aún así la quieren», ha señalado. « ¿Por qué tanta rigidez?»

Como alguien que nació después de las reformas litúrgicas, pero prefiere la Misa antigua, creo que puedo responder a esta pregunta.

En primer lugar, la Misa antigua es sencillamente más hermosa que la moderna: mejores ornamentos, cantos más solemnes, más reverencia. La belleza es un atributo de Dios. Si la belleza decae, se hace más difícil ver a Dios.

En segundo lugar, la Misa antigua proporciona un sentido más profundo de la identidad Católica. Actualmente en muchas parroquias la misa se ha convertido en algo demasiado similar a las celebraciones protestantes. Y si quisiésemos ser protestantes, fácilmente nos podríamos convertir.

En cambio, me gustaría volver al latín. El latín ha sido la lengua de los católicos occidentales desde el principio. Si la objeción consiste en que en el pasado era la lengua más hablada y ahora la gente no lo usa, entonces todas las misas deberían ser en inglés; o tal vez en chino. El latín no es sólo una lengua antigua; es un símbolo de nuestra identidad.

En tercer lugar, en cuanto a la rigidez, yo diría que la misa antigua es “rígida” de suyo, y eso es una buena cosa. Nosotros, la generación más joven, necesitamos cierta rigidez, rodeados como estamos por los sistemas de pensamiento débil y de “sociedades líquidas”. Si percibimos la Misa como algo rígido, compacto y riguroso, aquello puede ser atractivo. Si es algo meramente social, entonces tenemos mejores lugares sociales que frecuentar.

Si esto no te convence del valor imperecedero de la misa antigua, entonces ¿qué dirías de lo siguiente? Piensa en todos los santos que han sido formados por esta misa a lo largo de los siglos. Si los ha producido, no puede ser algo tan malo, ¿verdad?

Artículo original: Catholic Herald.
Traducción de P. Fernández. (Las imágenes y destacados están tomados del mismo texto original)

miércoles, 7 de diciembre de 2016

El AROMA DE LA INMACULADA

Trahe nos, Virgo immaculata,
post te curremus in odorem unguentorum tuorum


 Atráenos en pos de ti, Oh Virgen Inmaculada,
y correremos tras el aroma de tus perfumes.
 (In Conceptione Immaculata Beatæ Mariæ Virginis.
Ad Laudes matutinas, Ant. 3)

«Dios, desde el principio y antes de todos los siglos, escogió y preparó para su Hijo unigénito la Madre de la que, encarnándose, nacería en la venturosa plenitud de los tiempos; la amó más a ella sola que a la totalidad de las criaturas, y con un amor tal, que puso en ella, de un modo especial, todas sus complacencias. Así, la colmó tan maravillosamente con los tesoros de su divinidad, más que a todos los espíritus angélicos, más que a todos los santos, con la abundancia de todos los dones celestiales, y estuvo siempre exenta por completo de todo pecado y, bella y perfecta, apareció con tal plenitud de inocencia y santidad que no se puede, exceptuando la de Dios, concebir mayor, y ningún entendimiento que no sea el del mismo Dios puede medir tal grandeza». (Extracto de la Bula Ineffabilis Deus por la que el Beato Pio IX difinió el dogma de la Inmaculada Concepción).

lunes, 5 de diciembre de 2016

UNA AUTÉNTICA MISA PARA NIÑOS

GREGORY DIPIPPO, editor y colaborador de la conocida página New Liturgical Movement, publica una emotiva fotografía bajo el título «Fomento de las vocaciones jóvenes». En efecto, la innata simplicidad del alma infantil es particularmente sensible al lenguaje litúrgico no hablado, tan propio de la antigua liturgia. En ella el niño intuye con facilidad el misterio y experimenta una maravillosa fascinación por Dios y el sacerdocio.
Nos parece un acierto la publicación de estas imágenes que ponen de manifiesto cómo la antigua liturgia es capaz de despertar el asombro y la piedad de los niños. Por lo mismo la difusión de la forma extraordinaria del rito romano es también un extraordinario medio para el fomento de nuevas y jóvenes vocaciones. Además, no se puede negar que entre la reforma litúrgica posconciliar y el estancamiento de las vocaciones al sacerdocio existe un misterioso y secreto nexo. Las cifras hablan por sí mismas. Quiera Dios remediar pronto esta triste situación de su Iglesia.

jueves, 1 de diciembre de 2016

ADORAR CON ALMA Y CUERPO (II)

Cerrábamos el post anterior con el apremiante llamado del Cardenal Ratzinger a aprender y recuperar en toda su integridad el gesto de arrodillarse. En esa misma línea resulta interesante la recomendación hecha en la tercera edición del Misal Romano aparecida en el 2002: Los fieles «estarán de rodillas durante la consagración, a no ser que se lo impida la enfermedad, o la estrechez del lugar o el gran el gran número de asistentes u otros motivos razonables. Quienes no se arrodillan durante la consagración, harán una inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de  la consagración». Y más adelante concluye: «Donde existe la costumbre de que el pueblo permanezca de rodillas desde que termina la aclamación del Santo hasta el fin de la Plegaria eucarística y antes de la Comunión cuando el sacerdote dice: Éste es el Cordero de Dios, es loable que se conserve» OGMR, n° 43)
Indudablemente se trata de una valiosa aunque tímida recomendación para permanecer de rodillas durante toda la recitación del Canon y en otros momentos señalados de la misa. Sin embargo se esconde aquí una graciosa ironía: «Donde existe la costumbre», señala la Institutio. Pero si precisamente esa era la costumbre universal en la Iglesia antes de la reforma conciliar; y donde se abandonó este piadoso uso para reducirlo exclusivamente a la consagración, ha sido por disposición de las mismas conferencias episcopales,  esclavizadas a su vez por el criterio de unos pocos «expertos» que les imponen sus modas. Me pregunto si a partir del 2002 algún obispo o conferencia episcopal haya siquiera intentando restablecer esta preciosa costumbre, allí donde fue abolida por sus mismos predecesores.
Temo que muchas veces se ha violentando esa sana libertad que la Iglesia siempre respetó en el pueblo fiel de seguir la misa como mejor conviniera. Hoy, por el contrario, se quiere controlar hasta los minutos que el pueblo debe permanecer de rodillas, de pie o sentado; lo que debe decir, cantar, repetir, oír o callar, si debe utilizar el ustedes o el vosotros, y un largo etc., como si se tratase de una clase de párvulos. Resistir sin desobedecer me parce la consigna adecuada para quien no está dispuesto a que le roben la piedad y el santísimo deseo de adorar.