jueves, 20 de noviembre de 2014

EL LATÍN, MÁS QUE ÚTIL, BELLO

Copio de una interesante carta aparecida en el Mercurio de Santiago el pasado 3 de noviembre, algunas consideraciones que un joven filósofo nos ofrece sobre el estudio de la lengua latina.

"El latín que debería estudiarse como disciplina obligatoria en las escuelas humanistas y en las universidades es, nada más ni nada menos, la lengua en la cual se plasmó el genio de épocas completas. Estudiar latín es introducirse en una gran odisea del espíritu humano, es sentarse a conversar con poetas, filósofos, oradores, concilios, teólogos, juristas, astrónomos y goliardos. Es darse cuenta de una gran verdad: sin estos personajes que pensaron y hablaron en latín, hoy estaríamos probablemente en las cavernas, comiéndonos los unos a los otros.
Sentarse a traducir, lentamente, las frases de algún vate o las sentencias de algún sabio, descubrir cómo nuestro castellano revela etimologías deliciosas, admirar la estructura y confección de frases musicales y recónditas, y darse cuenta de que somos herederos de un caudal aquilatado por muchos siglos es, entonces, como ir a un concierto de J. S. Bach o admirar una puesta de sol. Una actividad gratuita, pacífica, intensa y feliz".

sábado, 15 de noviembre de 2014

SAN ALBERTO MAGNO, EL SABER QUE SE VIERTE EN ALABANZA

Extracto de la Audiencia del miércoles 24 de marzo de 2010 que el Papa Benedicto XVI dedicó a San Alberto Magno, obispo y doctor, figura intelectual señera de la Iglesia.

"San Alberto muestra sobre todo que entre fe y ciencia no existe oposición, pese a algunos episodios de incomprensión que han tenido lugar en la historia. Un hombre de fe y de oración, como era san Alberto Magno, puede cultivar serenamente el estudio de las ciencias naturales y avanzar en el conocimiento del micro y del macrocosmos, descubriendo las leyes propias de la materia, porque todo esto concurre a alimentar la sed de Dios y el amor a él. La Biblia nos habla de la creación como del primer lenguaje a través del cual Dios —que es suma inteligencia, que es Logos— nos revela algo de sí mismo. El libro de la Sabiduría, por ejemplo, afirma que los fenómenos de la naturaleza, dotados de grandeza y belleza, son como las obras de un artista, a través de las cuales, por analogía, podemos conocer al Autor de la creación (cf. Sb 13, 5). Con una similitud clásica en la Edad Media y en el Renacimiento, el mundo natural puede compararse con un libro escrito por Dios, que nosotros leemos según los distintos enfoques de las ciencias ¡Cuántos científicos, siguiendo los pasos de san Alberto Magno, han llevado adelante sus investigaciones movidos por asombro y gratitud frente al mundo que, a sus ojos de estudiosos y creyentes, se presentaba y se presenta como la obra buena de un Creador sabio y amoroso! El estudio científico se transforma en un himno de alabanza. Lo había comprendido muy bien un gran astrofísico de nuestros tiempos, cuya causa de beatificación se ha incoado, Enrico Medi, el cual escribió: "Oh, vosotras, misteriosas galaxias..., yo os veo, os calculo, os entiendo, os estudio y os descubro, penetro en vosotras y os recojo. Tomo vuestra luz y con ella hago ciencia; tomo el movimiento y hago de él sabiduría; tomo el destello de los colores y hago de él poesía; os tomo a vosotras, estrellas, en mis manos, y temblando en la unidad de mi ser os elevo por encima de vosotras mismas, y en oración os presento al Creador, que vosotras sólo podéis adorar a través de mí" (Le opere. Inno alla creazione).
San Alberto Magno nos recuerda que entre ciencia y fe existe amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, mediante su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante camino de santidad".
Fuente:www.vatican.va

jueves, 13 de noviembre de 2014

INGENUIDAD PASTORAL

"La Iglesia, al abrir de par en par sus puertas, 
quiso facilitarles la entrada a los de fuera, 
sin pensar que más bien les facilitaba la salida a los de adentro".
(Nicolás Gómez Dávila)

miércoles, 5 de noviembre de 2014

UNA ESPINA EN EL ALMA DEL BEATO PABLO VI

Seis meses antes de su muerte el Papa Pablo VI manifestaba al clero de Roma el profundo dolor que causaba en su alma la ola creciente de las defecciones sacerdotales. Junto con alentar a los sacerdotes a ser fieles al llamado de Cristo, el Papa deploraba el afán desmedido de muchos clérigos por asimilarse a un hombre de mundo, desacralizando así su persona y su ministerio. Un texto digno de meditación y de perenne actualidad, si de verdad se busca un repunte significativo en el número de las vocaciones sacerdotales.

“…Nos abstenemos ahora de considerar las formas y las proporciones del fenómeno de las defecciones sacerdotales que estos últimos años ha afligido a la Iglesia y que está presente cada día en nuestra pena y en nuestra oración.
Las estadísticas nos abruman; la casuística nos desconcierta; las motivaciones, sí, nos imponen respeto y nos mueven a compasión, pero nos causan un dolor inmenso; la suerte de los débiles que han encontrado fuerza para desertar de su compromiso nos confunde y nos hace invocar la misericordia de Dios. Que sean justamente los predilectos de la Casa de Dios quienes impugnen su estabilidad y violen sus costumbres tiene para nosotros algo de inverosímil, qué nos pone en los labios las angustiadas palabras del Salmo: Si inimicus meus maledixisset mihi, sustinuissem utique… “Si me hubiese injuriado un enemigo, lo habría soportado; si se hubiese alzado contra mí un adversario, me habría escondido de él. ¡Pero eres tú, mi compañero, mi amigo y confidente! ¡Nos unía una dulce amistad, caminábamos jubilosos hacia la casa de Dios!" (Sal 54, 13-15).
Una táctica calculada se ha apoderado de la sicología de algunos hermanos en el sacerdocio —queremos creer que pocos— para desconsagrar su figura tradicional; un proceso de desacralización se ha apoderado de la institución sacerdotal para demoler su consistencia y cubrir sus ruinas, una manía de aseglaramiento ha arrancado las ínfulas exteriores del hábito sagrado y ha extirpado del corazón de algunos la sagrada reverencia debida a su propia persona, para sustituirla con una exhibida vanidad de lo profano y a veces incluso con la audacia de lo ilícito y de lo intemperante”. (DISCURSO DEL BEATO PABLO VI A LO SACERDOTES DE ROMA. Capilla Sixtina, viernes 10 de febrero de 1978).
Fuente: www.vatican.va

miércoles, 29 de octubre de 2014

ARTE Y ORACIÓN EN BENEDICTO XVI

Atrás quedaron los años de barbarie antiestética que acompañaron la reforma litúrgica posconciliar. Una herencia valiosa que el Papa Benedicto XVI ha dejado a la Iglesia y a la humanidad es la constante presencia, en su magisterio, de la importancia de la belleza como camino de encuentro con el Dios vivo y verdadero. A continuación recojo un extracto de una Audiencia dedicada a las relaciones entre arte y oración.

“El arte es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifiesta la sed y la búsqueda de infinito. Más aún, es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, impulsándonos hacia lo alto.
Pero hay expresiones artísticas que son auténticos caminos hacia Dios, la Belleza suprema; más aún, son una ayuda para crecer en la relación con él, en la oración. Se trata de las obras que nacen de la fe y que expresan la fe. Podemos encontrar un ejemplo cuando visitamos una catedral gótica: quedamos arrebatados por las líneas verticales que se recortan hacia el cielo y atraen hacia lo alto nuestra mirada y nuestro espíritu, mientras al mismo tiempo nos sentimos pequeños, pero con deseos de plenitud… O cuando entramos en una iglesia románica: se nos invita de forma espontánea al recogimiento y a la oración. Percibimos que en estos espléndidos edificios está de algún modo encerrada la fe de generaciones. O también, cuando escuchamos un fragmento de música sacra que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, nuestro espíritu se ve como dilatado y ayudado para dirigirse a Dios...


Queridos amigos, os invito a redescubrir la importancia de este camino también para la oración, para nuestra relación viva con Dios. Las ciudades y los pueblos en todo el mundo contienen tesoros de arte que expresan la fe y nos remiten a la relación con Dios. Por eso, la visita a los lugares de arte no ha de ser sólo ocasión de enriquecimiento cultural —también esto—, sino sobre todo un momento de gracia, de estímulo para reforzar nuestra relación y nuestro diálogo con el Señor, para detenerse a contemplar —en el paso de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que significa— el rayo de belleza que nos toca, que casi nos «hiere» en lo profundo y nos invita a elevarnos hacia Dios”. (Benedicto XVI, Audiencia General, miércoles 31 de agosto de 2011) 

lunes, 27 de octubre de 2014

UN CONTENTO EN EXPANSIÓN

“Estoy muy contento de que el usus antiquior viva ahora una paz plena en la Iglesia, también entre los jóvenes, apoyado y celebrado por grandes cardenales. Estaré espiritualmente con ustedes…”

(De la carta de Benedicto XVI, Papa emérito, al Delegado General del Coetus Internationalis Summorum Pontificum, 10-X-2014).


viernes, 24 de octubre de 2014

¿LA CASTIDAD DEJÓ DE SER UNA VIRTUD? REFLEXIONES SOBRE EL SÍNODO (II)

Presento la segunda parte del artículo de don Enrico Cattaneo aparecido en La Nuova Bussola Quodiana (2o-X-2014)

“Que el Sínodo haya ignorado por completo este aspecto, parece algo desconcertante y preocupante. Si la Iglesia ya no sabe más proponer íntegramente el mensaje evangélico sobre la sexualidad, esto significa entonces que la mentalidad del mundo ha entrado simplemente en la Iglesia. Y yendo un poco al fondo de la cuestión, hay un motivo de este confusionismo, que ha llegado desde el momento en que se ha pretendido nivelar todas las vocaciones, todos los carismas, diciendo que la elección de la virginidad por el Reino de los cielos no es "mejor" que la del estado matrimonial. ¿No habla Pablo de “aspirar a los mejores carismas” (1 Cor 12, 13)? ¿Y acaso no dice también que quien se casa “hace una cosa buena”, pero que quien no se casa para pertenecer completamente al Señor “hace algo mejor” (cf. 1 Cor 7, 32-38)? ¿Y no ha sido siempre ésta la posición de la Iglesia Católica en sus dos mil años de historia? ¿Acaso Dios no es libre de dar sus dones, y ofrecer a uno cinco talentos, y a otro dos, y a otro incluso uno? Corresponderá luego a cada uno hacer fructificar al máximo el don recibido, y según esto valorará el Señor la santidad de la persona.
  Volviendo al Sínodo, debería quedar claro que la crisis de la familia también es debida a la crisis de la moral sexual. Ahora bien, en vez de rociar un poco de agua bendita sobre situaciones objetivas de pecado (y ya se ha señalado cómo en la relación-síntesis falta justamente este concepto), ¿por qué no hacer también para la sexualidad aquella propuesta positiva que se quiere hacer para la familia ? Dicho en otras palabras, hay dos "bellezas" evangélicas que presentar: "la belleza de la familia", escuela de amor sacrificado, de fecundidad y comunión, y la "belleza de la castidad,  “escuela de autodisciplina y de elevación del amor humano y cristiano. 
  Si la reflexión sobre la familia que se llevará a cabo hasta el Sínodo ordinario del próximo año, se redujera a copiar de los ortodoxos lo referente a la comunión de los divorciados vueltos a casar; a copiar de los protestantes el considerar el Evangelio como un ideal, dejando a la conciencia de cada uno el decidir en las situaciones concretas; a copiar de los anglicanos el entender la sinodalidad como un resolver las cuestiones a fuerza de mayoría, entonces no se comprende en qué queda aquella "creatividad" que ha sido solicitada por el papa Francisco”.