lunes, 7 de julio de 2014

SUMMORUM PONTIFICUM, SÉPTIMO ANIVERSARIO

“La carta Apostólica Motu Proprio data “Summorum Pontificum” del Sumo Pontífice Benedicto XVI, del 7 de julio de 2007, entrada en vigor el 14 de septiembre de 2007, ha hecho más accesible a la Iglesia universal la riqueza de la Liturgia Romana. (Instrucción Universæ Ecclesiæ, 1 del 30 de abril de 2011) DEO GRATIAS!

“… la decisión con la que Benedicto XVI autorizó la celebración de la antigua misa en latín debe ser comprendida como un acto de legislación universal que interesa a toda la Iglesia en todo el mundo y no como un favor hecho a un individuo o a un grupo, porque se trata de una ley cuya finalidad es la salvaguardia y promoción de la vida de todo el cuerpo místico de Cristo y de la máxima expresión de esta vida, es decir, la liturgia Sacra”. (Mons. Raymond Leo Cardenal Burke)

“…es mi firme convicción de que el Vetus Ordo representa en gran medida y de la manera más satisfactoria, la forma que llaman mística y trascendente, para el encuentro con Dios en la liturgia. Por lo tanto ha llegado el momento para nosotros de, no solo renovar la nueva liturgia a través de cambios radicales, sino también de alentar más y más la vuelta del Vetus Ordo, como un camino para una verdadera renovación de la Iglesia, que fue la que los padres de la Iglesia, sentados en el Cocilio Vaticano II, tanto desearon”.  (Mons. Malcolm Cardenal Ranjith)

“Las mismas reacciones negativas al motu proprio, raras pero violentas, vienen a confirmar sin quererlo la urgencia de esta acción terapéutica realizada por Benedicto XVI”. (Pietro De Marco)

jueves, 3 de julio de 2014

TOMÁS UN APÓSTOL DECIDIDO

Extracto de la audiencia de Benedicto XVI (miércoles 27 septiembre de 2006) dedicada al apóstol Tomás:
“El cuarto Evangelio, en particular, nos da datos sobre algunas características significativas de su personalidad. La primera es la exhortación que hizo a los demás apóstoles cuando Jesús, en un momento crítico de su vida, decidió ir a Betania para resucitar a Lázaro, acercándose así de manera peligrosa a Jerusalén (Cf. Marcos 10, 32). En aquella ocasión Tomás dijo a sus condiscípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él» (Juan 11, 16). Su determinación a la hora de seguir al Maestro es verdaderamente ejemplar y nos ofrece una enseñanza preciosa: revela la total disponibilidad de adhesión a Jesús hasta identificar la propia suerte con la suya y querer compartir con Él la prueba suprema de la muerte. De hecho, lo más importante es no alejarse nunca de Jesús. Cuando los Evangelios utilizan el verbo «seguir», quieren explicar que adonde se dirige Él tiene que ir también su discípulo. De este modo, la vida cristiana se define como una vida con Jesucristo, una vida que hay que transcurrir con Él. San Pablo escribe algo parecido cuando tranquiliza con estas palabras a los cristianos de Corinto: «en vida y muerte estáis unidos en mi corazón» (2 Corintios 7, 3). Lo que se da entre el apóstol y sus cristianos tiene que darse ante todo en la relación entre los cristianos y el mismo Jesús: morir juntos, vivir juntos, estar en su corazón como Él está en el nuestro”.

domingo, 29 de junio de 2014

PEDRO Y PABLO, BELLEZA DE ROMA

O Roma felix, quae tantórum príncipium
es purpurata pretioso sanguine!
Excéllis omnem mundi pulchritúdinem
non laude tua, sed sanctórum méritis,
quos cruentátis iugulásti gládiis.
Oh feliz Roma, teñida de púrpura
con la sangre preciosa de tan grandes Príncipes,
que sobresales por encima de toda la belleza del mundo,
no tanto por tu fama como por los méritos de los Santos,
a quienes martirizaste con espada sanguinaria.

Estrofa del himno O ROMA. San Pedro y San Pablo (29-VI). II Vísperas.

viernes, 27 de junio de 2014

HORNO DE ARDIENTE CARIDAD

Como homenaje al Corazón Sacratísimo de Jesús cuya fiesta celebra hoy la Iglesia, reproduzco una devota y profunda reflexión del Santo Papa Juan Pablo II a una de las invocaciones de las letanías al Sagrado Corazón: Cor Iesu, fornax ardens caritatis, miserere nobis; Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.

“Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad. Durante la oración del Angelus deseamos dirigir, juntamente con la Madre de Dios, nuestros corazones hacia el Corazón de su Hijo Divino. Nos hablan profundamente las invocaciones de estas espléndidas letanías, que rezamos o cantamos sobre todo en el mes de junio. Que la Madre nos ayude a entender mejor los misterios del Corazón de su Hijo.
Horno de caridad. El horno arde. Al arder, quema todo lo material, sea leña u otra sustancia fácilmente combustible. El Corazón de Jesús, el Corazón humano de Jesús, quema con el amor que lo colma. Y este es el amor al Eterno Padre y el amor a los hombres; a las hijas y los hijos adoptivos. El horno, quemando, poco a poco se apaga. El Corazón de Jesús, en cambio, es horno inextinguible. En esto se parece a la zarza ardiente del libro del Éxodo, en la que Dios se reveló a Moisés. Era una zarza que ardía con el fuego, pero... no se consumía (Ex 3,2).
Efectivamente, el amor que arde en el Corazón de Jesús es sobre todo el Espíritu Santo, en el que Dios-Hijo se une eternamente al Padre. El Corazón de Jesús, el Corazón humano del Dios-Hombre, está abrazado por la llama viva del Amor Trinitario, que jamás se extingue.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad. El horno, mientras arde, ilumina las tinieblas de la noche y calienta los cuerpos de los viandantes ateridos. Hoy queremos rogar a la Madre del Verbo Eterno, para que en el horizonte de la vida de cada uno de nosotros no cese nunca de arder el Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad. Para que Él nos revele el Amor que no se extingue ni se deteriora jamás, el Amor que es eterno. Para que ilumine las tinieblas de la noche terrena y caliente los corazones.
¡Cuánto se alegra la Iglesia por el hecho de que en este Corazón Divino se enciendan de amor los corazones humanos!...
Dándole las gracias por el único amor capaz de transformar el mundo y la vida humana, nos dirigimos con la Virgen Inmaculada, en el momento de la Anunciación, al Corazón Divino que no cesa de ser horno ardiente de caridad. Ardiente: como la zarza que Moisés vio al pie del monte Horeb”. (Angelus, 23 de junio, 1985)

sábado, 7 de junio de 2014

¡VEN DADOR DE LAS GRACIAS! ORANDO CON LA LITURGIA DE PENTECOSTÉS


Latín
Castellano
Veni, Sancte Spiritus,
Et emitte caelitus
Lucis tuae radium.

Veni, pater pauperum,
Veni, dator munerum,
Veni, lumen cordium.

Consolator optime,
Dulcis hospes animae,
Dulce refrigerium.

In labore requies,
In aestu temperies,
In fletu solatium.

O lux beatissima,
Reple cordis intima
Tuorum fidelium.

Sine tuo numine
Nihil est in homine,
Nihil est innoxium.

Lava quod est sordidum,
Riga quod est aridum,
Sana quod est saucium.

Flecte quod est rigidum,
Fove quod est frigidum,
Rege quod est devium.

Da tuis fidelibus
In te confidentibus
Sacrum septenarium.

Da virtutis meritum,
Da salutis exitum,
Da perenne gaudium.
Amen. Alleluia.
Ven Espíritu Santo
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.

Ven padre de los pobres,
ven dador de las gracias,
ven luz de los corazones.

Consolador óptimo,
dulce huésped del alma,
dulce refrigerio.

Descanso en el trabajo,
en el ardor tranquilidad,
consuelo en el llanto.

Oh luz santísima:
llena lo más íntimo
de los corazones de tus fieles.

Sin tu ayuda
nada hay en el hombre,
nada que sea inocente.

Lava lo que está manchado,
riega lo que es árido,
cura lo que está enfermo.

Doblega lo que es rígido,
calienta lo que es frío,
dirige lo que está extraviado.

Concede a tus fieles
que en Ti confían,
tus siete sagrados dones.

            Dales el mérito de la virtud,
dales el puerto de la salvación,
dales el eterno gozo.
Amén, Aleluya.

miércoles, 4 de junio de 2014

FUNERALES QUE AGOTAN

Comprendo perfectamente la desazón que por estos días han manifestado algunos fieles en relación a las misas de difuntos. “Que la secular sobriedad chilena se esfumó hace tiempo, es un hecho indesmentible”, constata una señora en carta al diario El Mercurio de Santiago de Chile (Edición del 31/05/14). Y continúa: “Pero donde esto ya pasó a mayores es en las actuales misas de difuntos. Una fila interminable de deudos, algunos cercanos y otros no tanto, se plantan frente a un micrófono, y a través de él estiman que es de lo más normal y pertinente imponer a los asistentes no solo de las cualidades del fallecido, sino, y lo peor de todo, de sus gustos culinarios, musicales, recreacionales, y un sinfín de etcéteras. En resumen, la ceremonia se alarga hasta límites insoportable, y ello impide el recogimiento personal, tan importante para que se pueda recordar íntimamente a quien ya nos ha dejado”.

Simplemente señalar que este frenesí testimonial de poco sirve al difunto, que desde la dura soledad de su féretro solo espera una cosa de quienes lo despiden: oración.


sábado, 31 de mayo de 2014

LA VISITACIÓN, PRIMERA PROCESIÓN EUCARÍSTICA DE LA HISTORIA

Palabras de Benedicto XVI pronunciadas el 31 de mayo de 2005 al concluir el mes de María, junto a la gruta de Lourdes, en los jardines vaticanos.

En particular hoy, con la liturgia, nos detenemos a meditar en el misterio de la Visitación de la Virgen a santa Isabel. María, llevando en su seno a Jesús recién concebido, va a casa de su anciana prima Isabel, a la que todos consideraban estéril y que, en cambio, había llegado al sexto mes de una gestación donada por Dios (cf. Lc 1, 36). Es una muchacha joven, pero no tiene miedo, porque Dios está con ella, dentro de ella. En cierto modo, podemos decir que su viaje fue -queremos recalcarlo en este Año de la Eucaristía- la primera "procesión eucarística" de la historia. María, sagrario vivo del Dios encarnado, es el Arca de la alianza, en la que el Señor visitó y redimió a su pueblo. La presencia de Jesús la colma del Espíritu Santo. Cuando entra en la casa de Isabel, su saludo rebosa de gracia: Juan salta de alegría en el seno de su madre, como percibiendo la llegada de Aquel a quien un día deberá anunciar a Israel. Exultan los hijos, exultan las madres. Este encuentro, impregnado de la alegría del Espíritu, encuentra su expresión en el cántico del Magníficat.
¿No es esta también la alegría de la Iglesia, que acoge sin cesar a Cristo en la santa Eucaristía y lo lleva al mundo con el testimonio de la caridad activa, llena de fe y de esperanza? Sí, acoger a Jesús y llevarlo a los demás es la verdadera alegría del cristiano. Queridos hermanos y hermanas, sigamos e imitemos a María, un alma profundamente eucarística, y toda nuestra vida podrá transformarse en un Magníficat (cf. Ecclesia de Eucharistia, 58), en una alabanza de Dios. En esta noche, al final del mes de mayo, pidamos juntos esta gracia a la Virgen santísima.