viernes, 26 de junio de 2026

UN CONTEMPLATIVO ITINERANTE

Hoy que parece estar de moda lanzar piedras sobre el Opus Dei, es de justicia reconocer que San Josemaría fue maestro y guía de un ejército de contemplativos itinerantes, que han procurado iluminar las encrucijadas del mundo invitando a la amistad con Cristo a miles de personas: «Jesús es tu amigo. El Amigo. Con corazón de carne, como el tuyo. Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro...Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti» (Camino 422). Copio un párrafo del Decreto sobre las virtudes heroicas de Mons. Escrivá de Balaguer, del 9 de abril de 1990.

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«Con todo, los rasgos más característicos de su figura no sólo se encuentran en sus dotes extraordinarias de hombre de acción, sino también en su vida de oración y en esa asidua experiencia unitiva que hizo de él un contemplativo itinerante. Fiel al carisma recibido fue ejemplo de un heroísmo que se manifestaba en las situaciones más corrientes: en la oración continua, en la mortificación ininterrumpida «como el latir del corazón», en la asidua presencia de Dios, capaz de alcanzar las cumbres de la unión con el Señor incluso en medio del fragor del mundo y en la intensidad de un trabajo sin tregua. Constantemente inmerso en la contemplación del misterio trinitario, puso en el sentido ele la filiación divina en Cristo el fundamento de una espiritualidad en la que la fortaleza de la fe y la audacia apostólica de la caridad se conjugan armónicamente con el abandono filial en Dios Padre».

«El Siervo de Dios, amante apasionado de la Eucaristía, vivió el Sacrificio del Altar como «centro y raíz de la vida cristiana». Fue apóstol incansable del Sacramento de la Penitencia; y delicadamente devoto de María, «Madre de Dios y Madre nuestra», de san José y de los Ángeles Custodios. Amaba a la Iglesia con todas las fuerzas de su corazón sacerdotal, y se ofrecía en holocausto de reparación y penitencia por los pecados con los que las criaturas afean su rostro materno. Aunque la prodigiosa fecundidad de su apostolado estaba a la vista de todos, se consideraba sólo un «instrumento inepto y sordo», un «fundador sin fundamento», «un pecador que ama con locura a Jesucristo».


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