sábado, 3 de septiembre de 2022

BELLEZA LITÚRGICA Y BELLEZA DIVINA

Traduzco al español una interesante reflexión sobre la belleza de la Misa como el ámbito más apropiado para experimentar la belleza de Dios. 

Fuente: itresentieri.it

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Cuidar la belleza de la misa... 
para experimentar la belleza de Dios
por Maria Bigazzi

La santa Misa es el sacrificio de Jesús, el mismo sacrificio de la cruz que se perpetúa en nuestros altares de modo incruento.

La belleza y el cuidado de la liturgia se dirigen del todo a Dios, al que nunca podremos honrar plenamente a causa de nuestra miseria, pero al que debemos dar siempre todo lo que esté de nuestra parte.

La pobreza se detiene a los pies del altar decía san Francisco de Asís; para Dios nada es demasiado.

Pero para penetrar más hondamente en el grandioso misterio del sacrificio de Jesús por nuestra salvación, acontecimiento humanamente tan grande y difícil de comprender si no es con los ojos de la fe, –también ella don de Dios–, la celebración de la santa Misa debe ser cuidada y debe invitar a los fieles a la adoración y al respeto.

En la Misa el centro de gravedad debe estar en Dios, no en el hombre.

Y esto es lo que lamentablemente no sucede en muchas celebraciones, hoy convertidas en un espectáculo, donde lo profano le roba espacio a lo sagrado.

Para acercarnos más a Dios, que es Bondad, Verdad y Belleza, debemos atesorar estas mismas perfecciones.

La celebración eucarística debe exaltar la belleza y majestad de Dios, debe invitar al corazón a participar plenamente en el sacrificio de Jesús, a inmolarse con Él, porque la Misa, además de prefigurar la alegría futura, es sacrificio y sufrimiento, y participar en ella significa revivir lo que Jesús vivió durante su pasión y muerte.

Concentración, adoración, silencio y respeto. Estos comportamientos deben caracterizar la celebración eucarística.

Precisamente por ello, la Misa en el antiguo rito romano es hoy más popular, ya que incluso los jóvenes y las nuevas generaciones han comprendido la necesidad y la importancia de estos aspectos que unen más íntimamente a Jesús y, por medio de un lenguaje universal propio de la universitas christianorum, unen también a todos los hermanos en Cristo del mundo.

El amor que Dios enciende en los corazones que se acercan a la santa Misa con devoción, adoración y respeto es tal, que ya no se apaga más y seguirá ardiendo por Él durante la eternidad.

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