miércoles, 31 de diciembre de 2025

GRATIAS TIBI O BENEDICTE!

 

Gracias, ¡oh Benedicto!

Gracias por tu pontificado, suave brisa del Espíritu Santo.

Gracias por tu vida de entrega y servicio a la Iglesia Santa.

Gracias por tu sencillez y humildad.

Gracias por tu sabio magisterio.

Gracias por devolver a la Iglesia todos los tesoros de su tradición litúrgica.

Intercede por el rebaño que Dios te confío en la tierra, para que pueda gozar con plena libertad de la belleza de la fe y de la liturgia.



martes, 30 de diciembre de 2025

JUAN Y EL NACIMIENTO ETERNO DE CRISTO

Publico el inicio de un sermón de San Beda el Venerable sobre el nacimiento eterno del Verbo. Luego de exponer en un sermón precedente el nacimiento humano del Verbo según los relatos de Lucas y Mateo, Beda, siguiendo el texto sublime del prólogo del evangelio de san Juan, expone el nacimiento eterno y divino de Cristo. Especialmente hermosas son las notas y privilegios que atribuye al discípulo amado en cuanto autor del cuarto evangelio y lo oportuno de su tradicional simbolismo: un águila majestuosa. (Los destacados son nuestros).

* * *

1. «Puesto que ya hemos contemplado el nacimiento en el tiempo del Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, ocurrido en el día de hoy, narrado con palabras de los santos evangelistas –a saber, Mateo y Lucas–, ahora nos gustaría también examinar las palabras del evangelista san Juan, a propósito de la eternidad del Verbo: es decir, de la eternidad de su Divinidad, en la que permanece siempre igual al Padre. Este Juan, por el privilegio de su singular castidad, mereció de una parte captar con más profundidad que los otros el misterio de su Divinidad, y de otra exponerlo. Porque se entiende que no en vano en la última cena descansó sobre el pecho del señor Jesús, sino que además por este medio se enseña de un modo simbólico que de la santísima fuente del pecho del Señor bebió el agua de la sabiduría celestial, de un modo más excelso que los otros. Por eso, en la representación de los cuatro animales, se le compara con razón a un águila en pleno vuelo. Evidentemente, entre todas las aves el águila acostumbra a volar más alto y a dirigir más directamente que los demás animales sus miradas a los rayos del sol.

2. En efecto, los demás evangelistas es como si anduvieran en la tierra con el Señor y, si bien relatan su generación en el tiempo junto con sus hechos en vida con la suficiente extensión, apenas han dicho algo sobre su Divinidad. Éste, por el contrario, es como si volara hasta el cielo con el Señor; y, publicando muy pocos relatos sobre sus hechos temporales, captó el poder eterno de su Divinidad –por el que todo fue hecho–, a base de volar más alto y especular con más profundidad con su mente. Y además, al escribirlo, nos lo trasmitió para que creyéramos en ese poder.

3. Por eso, los otros evangelistas describen a Cristo nacido en el tiempo, Juan da fe de que El mismo existía ya al principio y afirma: En el principio era el Verbo. Los otros recuerdan que Cristo apareció de repente entre los hombres; Juan declara que estaba siempre junto a Dios, al decir: y el Verbo estaba en Dios. Los otros afirman que era verdadero hombre; Juan confirma que era verdadero Dios, cuando dice: y el Verbo era Dios. Los otros dicen que convivió en el tiempo como hombre entre los hombres; Juan muestra que era Dios, que estaba al principio en Dios, con estas palabras: Él estaba al principio en Dios. Los otros presentan las grandezas que hizo como hombre; Juan enseña que Dios Padre hizo por Él a todas las criaturas, visibles e invisibles, diciendo: Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada. Y de un modo admirable san Juan, al comienzo de su evangelio, inculca de un modo sublime la fe a los que creen de verdad y al mismo tiempo rebate con autoridad la perfidia de los herejes a propósito de la Divinidad del Salvador».

(San Beda, Homilías sobre los Evangelios/I. Homilía VIII, En la Navidad del Señor, Ciudad Nueva 2016, p. 149 y 150).


jueves, 25 de diciembre de 2025

VAYAMOS HASTA EL BELÉN CELESTIAL

Adoración de los pastores. 
Luca Giordano

"Y sucedió que, luego que los ángeles se apartaron de ellos hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos hasta Belén y veamos este hecho que acaba de suceder y que el Señor nos ha manifestado. Y vinieron presurosos, y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre" (Lc 2, 15-16).

«Verdaderamente aquellos pastores se apresuraron a ver con gozosa alegría aquello que habían escuchado y, por haber buscado con amor vibrante, de inmediato merecieron encontrar al Salvador a quien buscaban. Pero también con sus palabras y hechos mostraron con qué afán deben buscar a Cristo los pastores de ovejas dotadas de razón e incluso todos los fieles. Vayamos hasta Belén -dicen- y veamos este hecho que acaba de suceder.

Vayamos también nosotros, hermanos queridísimos, con nuestro pensamiento hasta Belén, la ciudad de David, volvámosle a visitar con nuestro amor y celebremos su encarnación con los debidos honores. Vayamos, dejando de lado con todo el deseo de nuestro corazón las bajas concupiscencias de la carne, hasta el Belén celestial: esto es, hasta la «casa del pan» vivo en los cielos, no hecha por mano de hombre, sino eterna; y volvámosle a visitar, porque el Verbo que se hizo carne, ha ascendido hasta allí con su carne y está sentado a la derecha de Dios Padre. Sigámosle hasta allí con el vigor de nuestras virtudes y, con la solícita mortificación del alma y del cuerpo, procuremos merecer contemplar cómo reina en el trono de su Padre Aquel al que los pastores vieron, dando vagidos en un pesebre».

(San Beda, Homilías sobre los evangelios/I. Homilía VII, En la Navidad del Señor, Ciudad Nueva 2016, p. 142-142.).


 

lunes, 22 de diciembre de 2025

EL SILENCIO, LA CUNA DE DIOS

La Adoración del Niño de Pinturicchio

Hacia la medianoche y postrada en su lecho de muerte, Santa Isabel de Hungría pedía a las personas que la rodeaban guardar «completo silencio ante el nacimiento del Niño. Eso podría aparecer a primera vista -comentaba el entonces Cardenal Ratzinger- casi como un juego: el pequeño quiere dormir y no hay que molestarlo. Pero ese aparente juego es en realidad expresión de un respeto que es lo único que abre el camino hacia el misterio. El silencio es el ámbito de ese Niño. El silencio es el ámbito del nacimiento de Dios. Solo si nosotros mismos entramos en el ámbito del silencio llegamos al lugar donde acontece el nacimiento de Dios.

Así, en esa invitación resuena una de las afirmaciones primordiales de la liturgia navideña, que más tarde ha inspirado tantos cánticos, la frase del libro de la Sabiduría que dice: “Mientras plácido silencio lo envolvía todo, y la noche se encontraba a mitad de su carrera, tu omnipotente palabra desde los cielos, desde el trono real […] se lanzó en medio de la tierra” (Sab 18, 14).

(J. Ratzinger–Benedicto XVI, La bendición de la Navidad. Meditaciones, Herder 2007, p. 74).

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

NO ERAN ELLOS. BENEDICTO XVI Y EL FRACASO DE LAS IDEOLOGÍAS

Predicación de San Juan Bautista 

«Hemos escuchado en el Evangelio la pregunta de san Juan Bautista que se encuentra en la cárcel; el Bautista, que había anunciado la venida del Juez que cambia el mundo, y ahora siente que el mundo sigue igual. Por eso, pide que pregunten a Jesús: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? ¿Eres tú o debemos esperar a otro?». En los últimos dos o tres siglos muchos han preguntado: «¿Realmente eres tú o hay que cambiar el mundo de modo más radical? ¿Tú no lo haces?». Y han venido muchos profetas, ideólogos y dictadores que han dicho: «¡No es él! ¡No ha cambiado el mundo! ¡Somos nosotros!». Y han creado sus imperios, sus dictaduras, su totalitarismo que cambiaría el mundo. Y lo ha cambiado, pero de modo destructivo. Hoy sabemos que de esas grandes promesas no ha quedado más que un gran vacío y una gran destrucción. No eran ellos.

Y así debemos mirar de nuevo a Cristo y preguntarle: «¿Eres tú?». El Señor, con el modo silencioso que le es propio, responde: «Mirad lo que he hecho. No he hecho una revolución cruenta, no he cambiado el mundo con la fuerza, sino que he encendido muchas luces que forman, a la vez, un gran camino de luz a lo largo de los milenios.

Comencemos aquí, en nuestra parroquia: san Maximiliano Kolbe, que se ofreció para morir de hambre a fin de salvar a un padre de familia. ¡En qué gran luz se ha convertido! ¡Cuánta luz ha venido de esta figura! Y ha alentado a otros a entregarse, a estar cerca de quienes sufren, de los oprimidos. Pensemos en el padre que era para los leprosos Damián de Veuster, que vivió y murió con y para los leprosos, y así llevó luz a esa comunidad. Pensemos en la madre Teresa, que dio tanta luz a personas, que, después de una vida sin luz, murieron con una sonrisa, porque las había tocado la luz del amor de Dios.

Y podríamos seguir y veríamos, como dijo el Señor en la respuesta a Juan, que lo que cambia el mundo no es la revolución violenta, ni las grandes promesas, sino la silenciosa luz de la verdad, de la bondad de Dios, que es el signo de su presencia y nos da la certeza de que somos amados hasta el fondo y de que no caemos en el olvido, no somos un producto de la casualidad, sino de una voluntad de amor».

(Benedicto XVI, Homilía en la parroquia romana de San Maximiliano Kolbe. Domingo III de Adviento, 12 de diciembre de 2010).

Fuente: vatican.va


 

viernes, 12 de diciembre de 2025

CONSUELO DE LOS AFLIGIDOS

Palabras cargadas de maternal consuelo que Nuestra Señora de Guadalupe dirigió a San Juan Diego en la madrugada del 12 de diciembre de 1531:

– «¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?».

– «Oye y pon bien en tu corazón, hijo mío el más pequeño: nada te asuste, nada te aflija, tampoco se altere tu corazón, tu rostro; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad o algo molesto, angustioso o doliente.»

«¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en donde se cruzan mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?»

«Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te preocupe con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora. Ten por seguro que ya sanó.»

«Sube hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerro, a donde me viste y te di órdenes. Allí verás que haya variadas flores: córtalas, reúnelas, ponlas todas juntas. Luego baja aquí; tráelas aquí, delante de mí.»

– «Hijo mío el menor, estas diferentes flores son la prueba, la señal que llevarás al Obispo; de mi parte le dirás que vea en ellas lo que quiero, y que con esto se realice mi voluntad y mi deseo. Y tú… tú eres mi mensajero, en ti pongo toda mi confianza. Y con toda energía te mando que solamente en presencia del Obispo abras tu ayate y le enseñes lo que llevas. Le contarás bien todo, le dirás que te mandé que subieras a la cumbre del cerrito a cortar flores, y todo lo que viste y admiraste, para que puedas convencer al gobernante sacerdote, para que luego ponga todo lo que está de su parte para que se haga, se levante mi templo que le he pedido».

Fuente: encuentra.com
 

martes, 9 de diciembre de 2025

EL «RITO» DEL ESPÍRITU SANTO


Breve extracto de la homilía pronunciada por Monseñor Athanasius Schneider el domingo de Pentecostés con ocasión de la Peregrinación de Chartres, en junio de este año. El perfil trazado aquí por Mons. Schneider es alentador; los miedos ancestrales a la liturgia tradicional hoy solo existen en la imaginación de unos cuantos liturgistas o jerarcas que padecen de miopía.

* * *

«El rito tradicional de la Santa Misa, que tenemos la alegría y la gracia de celebrar hoy aquí, puede llamarse, en cierta medida, el rito «pentecostal», porque es la verdadera expresión católica de la devoción al Espíritu Santo. El rito tradicional de la Santa Misa nos ofrece la atmósfera espiritual que nos permite tener un corazón ardiente, a la vez que nos mantenemos serenos y disciplinados, guiados por nuestra razón iluminada por la fe. Él también nos ofrece su belleza y dignidad externas. El rito tradicional de la Santa Misa refleja todo esto de la manera más extraordinaria. Es la razón por la que este rito atrae a los jóvenes. Es el rito amado y preservado por innumerables generaciones de católicos. Por eso, el rito tradicional de la Santa Misa es un rito siempre nuevo, siempre actual, nunca anticuado ni pasado de moda».

Fuente:  paixliturgique.com