sábado, 7 de marzo de 2026

SAN LEÓN MAGNO, LA CUARESMA COMO PALESTRA DE SANTIDAD

La tentación de Cristo. 
Miniatura de Simon Bening

«Entramos, amadísimos, en la Cuaresma, es decir, en una fidelidad mayor al servicio del Señor. Viene a ser como si entrásemos a un combate de santidad. Por tanto, preparemos nuestras almas a las embestidas de las tentaciones, sabiendo que cuanto más celosos seamos de nuestra salvación, tanto más violentamente nos atacarán nuestros adversarios. 

Más el que habita en medio nosotros es más fuerte que quien lucha contra nosotros. Nuestra fortaleza viene de él, en cuyo poder tenemos puesta nuestra confianza. Pues si el Señor permitió que lo visitase el tentador, lo hiso para que tuviésemos, además de la fuerza de su socorro, la enseñanza de su ejemplo. Acabáis de oírlo: venció a su adversario con las palabras de la Ley, no con el vigor de su brazo. Sin duda alguna, reportó su humanidad mayor gloria y fue mayor el castigo de su adversario al triunfar del enemigo de los hombres no como Dios, sino como mortal. 

Ha combatido para enseñarnos a combatir en pos de él. Ha vencido para que nosotros seamos también vencedores de la misma manera. Pues no hay, amadísimos, actos de virtud sin la experiencia de las tentaciones, ni fe sin prueba, ni combate sin enemigo, ni victoria sin batalla. La vida pasa en medio de emboscadas, en medio de sobresaltos. Si no queremos vernos sorprendidos, hay que vigilar. Si pretendemos vencer, hemos de luchar. He aquí por qué dijo Salomón cuando era sabio: Hijo, si entras a servir al Señor, prepara tu alma para la tentación (Ecl 2, 2). Estaba lleno de la ciencia de Dios, sabía que no hay fervor sin trabajos y combates. Y previendo los peligros, los advierte a fin de que estemos preparados para rechazar los choques del tentador».

(San León Magno, Homilías sobre el año litúrgico; Homilía sobre la Cuaresma I, 3, BAC 2014, p. 141).


 

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