domingo, 1 de febrero de 2026

EL PORQUÉ DE UNA AMARGA PROFECÍA

«Y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones» (Lc 2, 35), dijo el anciano Simeón a Nuestra Señora el día de su Purificación en el Templo. Palabras que presagian densos nubarrones en la vida de María, pero que finalmente evidencian la inmensa predilección de Dios sobre ella. Absorto en este misterio, se pregunta fray Luis de Granada:

«¿Por qué quisiste, Señor, que tan temprano se descubriese a esta inocentísima Esposa tuya una tal nueva, que le fuese perpetuo cuchillo y martirio toda la vida? ¿Por qué no estuviera este misterio debajo de la llave del silencio hasta el mismo tiempo del trabajo, para que entonces solamente fuera mártir y no lo fuera toda la vida? ¿Por qué, Señor, no se contenta tu piadoso corazón con que esta Señora sea siempre Virgen, si no que quieres también que sea siempre mártir? ¿Por qué afliges a quien tanto amas, a quien tanto te ha servido y a quien nunca te hizo por donde mereciese castigo?

Ciertamente, Señor, por eso la afliges, porque la amas, por no defraudarla del mérito de la paciencia y de la gloria de este espiritual martirio, y del ejercicio de la virtud y de la imitación de Cristo, y del premio de los trabajos, que, cuanto son mayores, tanto son dignos de mayor corona.

Nadie, pues, infame los trabajos, nadie aborrezca la Cruz, nadie se tenga por desfavorecido de Dios cuando se viere atribulado, pues la más amada y más favorecida de todas las criaturas fue la más lastimada y afligida de todas».

(Fray Luis de Granada, Vida de Cristo, Madrid 1990, p. 48).


 

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