lunes, 2 de noviembre de 2026

LA PAZ Y CONCORDIA DE LA CREACIÓN

En su carta a los Corintos San Clemente exhorta a los cristianos a contemplar la paz y armonía impresas por el Creador en la naturaleza. La vida de los fieles en la Iglesia debe reflejar, a su modo, ese ritmo ordenado y pacífico del cosmos dispuesto por el Dueño y Soberano de cuanto existe.

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«En toda la creación, el Dueño y Creador soberano del universo
ha querido que reinara la paz y la concordia»

«No perdamos de vista al que es Padre y Creador de todo el mundo, y tengamos puesta nuestra esperanza en la munificencia y exuberancia del don de la paz que nos ofrece. Contemplémoslo con nuestra mente y pongamos los ojos de nuestra alma en la magnitud de sus designios, sopesando cuán bueno se muestra él para con todas sus criaturas.

Los astros del firmamento obedecen en sus movimientos, con exactitud y orden, las reglas que de él han recibido; el día y la noche van haciendo su camino, tal como él lo ha determinado, sin que jamás un día irrumpa sobre otro. El sol, la luna y el coro de los astros siguen las órbitas que él les ha señalado en armonía y sin transgresión alguna. La tierra fecunda, sometiéndose a sus decretos, ofrece, según el orden de las estaciones, la subsistencia tanto a los hombres como a los animales y a todos los seres vivientes que la habitan, sin que jamás desobedezca el orden que Dios le ha fijado.

Los abismos profundos e insondables y las regiones más inescrutables obedecen también a sus leyes. La inmensidad del mar, colocada en la concavidad donde Dios la puso, nunca traspasa los límites que le fueron impuestos, sino que en todo se atiene a lo que él le ha mandado. Pues al mar dijo el Señor: Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas. Los océanos, que el hombre no puede penetrar, y aquellos otros mundos que están por encima de nosotros obedecen también a las ordenaciones del Señor.

Las diversas estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno, van sucediéndose en orden, una tras otra. El ímpetu de los vientos irrumpe en su propio momento y realiza así su finalidad sin desobedecer nunca; las fuentes, que nunca se olvidan de manar y que Dios creó para el bienestar y la salud de los hombres, hacen brotar siempre de sus pechos el agua necesaria para la vida de los hombres; y aún los más pequeños de los animales, uniéndose en paz y concordia, van reproduciéndose y multiplicando su prole.

Así, en toda la creación, el Dueño y soberano Creador del universo ha querido que reinara la paz y la concordia, pues él desea el bien de todas sus criaturas y se muestra siempre magnánimo y generoso con todos los que recurrimos a su misericordia, por nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y la majestad por los siglos de los siglos. Amén».

(San Clemente Romano, papa; Carta a los Corintios, c. 19-20)

 


 

martes, 27 de octubre de 2026

EL MISTERIO DEL AGNUS DEI: SIEMPRE ABSUELTO, Y SIEMPRE CONDENADO

Agnus Dei de Francisco de Zurbarán

Piadosa consideración del Cardenal Newman sobre la primera estación del Via Crucis, Jesús es condenado a muerte. En ella se resalta una paradoja realizada en Cristo: es el Cordero manso e inocente, reconocido como tal por sus mismos jueces y verdugos, y a la vez el Cordero condenado y sacrificado, único capaz de cargar con el pecado del mundo para expiarlo hasta en sus más profundas raíces. Ya en el Antiguo Testamento Dios exigía la perfección de la víctima para alcanzar la liberación: “Ha de ser un animal sin defecto, macho, de un año, escogido de entre los corderos o cabritos” (Ex 12, 5). Siempre absuelto por su condición de inocente, siempre condenado por su condición de víctima.

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«El Santo, el Justo y la Verdad fue juzgado por pecadores y condenado a muerte. Pero, mientras lo juzgaban se veían forzados a absolverlo. Judas, que lo traicionó, dijo: “He pecado al traicionar sangre inocente”. Pilatos, que lo sentenció, dijo: “Soy inocente de la sangre de este justo” echándole la culpa a los judíos. El centurión que lo vio crucificado dijo: “Ciertamente éste era un hombre justo”. De modo, Señor, que siempre estás justificado en tus palabras y triunfas cuando eres juzgado. Y así, muchos más, en el último día, “mirarán al que traspasaron”, el que fue condenado en la debilidad juzgará al mundo con poder, y aún aquellos que estén condenados confesarán que su juicio es justo» (San J.H. Newman, Breves meditaciones sobre las estaciones de la Cruz, Buenos Aires 2007, p. 139).


viernes, 23 de octubre de 2026

QUO VADIS, DOMINE?

Domine, quo vadis? de Annibale Carracci

Extracto de la homilía de San Juan Pablo II al inicio de su pontificado. Un texto que nos recuerda la disposición de no huir de la cruz en nuestro camino de seguimiento a Cristo. San Juan de la Cruz advertía: “Si quieres llegar a poseer a Cristo, jamás le busques sin la cruz”.

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«¡Pedro vino a Roma!

¿Qué fue lo que le guio y condujo a esta Urbe, corazón del Imperio Romano, sino la obediencia a la inspiración recibida del Señor? Es posible que este pescador de Galilea no hubiera querido venir hasta aquí; que hubiera preferido quedarse allá, a orillas del Lago de Genesaret, con su barca, con sus redes. Pero guiado por el Señor, obediente a su inspiración, llegó hasta aquí.

Según una antigua tradición (que ha tenido magnífica expresión literaria en una novela de Henryk Sienkiewicz), durante la persecución de Nerón, Pedro quería abandonar Roma. Pero el Señor intervino, le salió al encuentro. Pedro se dirigió a Él preguntándole: «Quo vadis, Domine?: ¿Dónde vas, Señor?». Y el Señor le respondió enseguida: «Voy a Roma para ser crucificado por segunda vez». Pedro volvió a Roma y permaneció aquí hasta su crucifixión.

Sí, hermanos e hijos, Roma es la Sede de Pedro. A lo largo de los siglos le han sucedido siempre en esta sede nuevos Obispos. Hoy, un nuevo Obispo sube a la Cátedra Romana de Pedro, un Obispo lleno de temblor, consciente de su indignidad. ¡Y, cómo no temblar ante la grandeza de tal llamada y ante la misión universal de esta Sede Romana!» (San Juan Pablo II, Homilía al inicio de su pontificado, Domingo 22 de octubre de 1978).


domingo, 18 de octubre de 2026

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR, A DIOS LO QUE ES DE DIOS. COMENTARIO DE BENEDICTO XVI

El tributo al César de Pedro Pablo Rubens

«Nos detenemos ahora en el pasaje del Evangelio. Se trata del texto sobre la legitimidad del tributo que hay que pagar al César, que contiene la célebre respuesta de Jesús: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22, 21). Pero antes de llegar a este punto, hay un pasaje que se puede referir a quienes tienen la misión de evangelizar. De hecho, los interlocutores de Jesús —discípulos de los fariseos y herodianos— se dirigen a él con palabras de aprecio, diciendo: «Sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie» (v. 16). Precisamente esta afirmación, aunque brote de hipocresía, debe llamar nuestra atención. Los discípulos de los fariseos y los herodianos no creen en lo que dicen. Sólo lo afirman como una captatio benevolentiae para que los escuche, pero su corazón está muy lejos de esa verdad; más bien quieren tender una trampa a Jesús para poderlo acusar. Para nosotros en cambio, esa expresión es preciosa y verdadera: Jesús, en efecto, es sincero y enseña el camino de Dios según la verdad y no depende de nadie. Él mismo es este «camino de Dios», que nosotros estamos llamados a recorrer. Podemos recordar aquí las palabras de Jesús mismo, en el Evangelio de san Juan: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (14, 6). Es iluminador al respecto el comentario de san Agustín: «era necesario que Jesús dijera: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” porque, una vez conocido el camino, faltaba conocer la meta. El camino conducía a la verdad, conducía a la vida… y nosotros ¿a dónde vamos sino a él? y ¿por qué camino vamos sino por él?» (In Ioh 69, 2) …

Una breve reflexión también sobre la cuestión central del tributo al César. Jesús responde con un sorprendente realismo político, vinculado al teocentrismo de la tradición profética. El tributo al César se debe pagar, porque la imagen de la moneda es suya; pero el hombre, todo hombre, lleva en sí mismo otra imagen, la de Dios y, por tanto, a él, y sólo a él, cada uno debe su existencia. Los Padres de la Iglesia, basándose en el hecho de que Jesús se refiere a la imagen del emperador impresa en la moneda del tributo, interpretaron este paso a la luz del concepto fundamental de hombre imagen de Dios, contenido en el primer capítulo del libro del Génesis. Un autor anónimo escribe: «La imagen de Dios no está impresa en el oro, sino en el género humano. La moneda del César es oro, la de Dios es la humanidad… Por tanto, da tu riqueza material al César, pero reserva a Dios la inocencia única de tu conciencia, donde se contempla a Dios… El César, en efecto, ha impreso su imagen en cada moneda, pero Dios ha escogido al hombre, que él ha creado, para reflejar su gloria» (Anónimo, Obra incompleta sobre Mateo, Homilía 42). Y san Agustín utilizó muchas veces esta referencia en sus homilías: «Si el César reclama su propia imagen impresa en la moneda —afirma—, ¿no exigirá Dios del hombre la imagen divina esculpida en él? (En. in Ps., Salmo 94, 2). Y también: «Del mismo modo que se devuelve al César la moneda, así se devuelve a Dios el alma iluminada e impresa por la luz de su rostro… En efecto, Cristo habita en el interior del hombre» (Ib., Salmo 4, 8).

Esta palabra de Jesús es rica en contenido antropológico, y no se la puede reducir únicamente al ámbito político. La Iglesia, por tanto, no se limita a recordar a los hombres la justa distinción entre la esfera de autoridad del César y la de Dios, entre el ámbito político y el religioso. La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, hacer memoria de su soberanía, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su identidad, el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra vida».

(BENEDICTO XVI, Homilía en la Basílica Vaticana, Domingo, 16 de octubre de 2011. Extracto)

sábado, 17 de octubre de 2026

EL PECADO COMO ESTAFA

El padre José Miguel Ibáñez, al comentar el punto 708 de Camino, situado en al capítulo Lucha Interior, señala la fuerza teológica y literaria con que San Josemaría muestra una dimensión importante del pecado de la que el alma debe ser bien consciente: el pecado como auténtica estafa.

«El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer —que nada vale—, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad» (Camino 708). 

«Podría expresarse este símil espiritual de muchas maneras, pero yo no sé de ninguna que diga tanto, y tan propia y rotunda y teologalmente, como la imagen citada, una maravilla de precisión ascética y mística: el pecado como estafa. Esta propiedad literaria del lenguaje parabólico anda muy cerca de otro privilegio de esta prosa sapiencial: su fuerza, su poder expresivo, el temblor que deja en el corazón, la energía de su penetración verbal, su capacidad de herir para curar, con una interpelación tal vez dura, pero que nadie sino un soberbio rechazaría, porque su claridad pone en jaque nuestros modos habituales de pensar y de comportarnos, o al menos nuestras tendencias profundas, nuestras mezquindades secretas». (José Miguel Ibáñez Langlois, Josemaría Escrivá como escritor, Santiago de Chile, 2002, p. 34).

 

jueves, 15 de octubre de 2026

TERESA DE ÁVILA, HORTELANA DE DIOS.

A Teresa de Jesús le gustaba comparar el alma a un huerto o jardín donde Dios trabaja con prolijidad. Fiel a las inspiraciones del jardinero divino y con maestría de hortelana experimentada, cultivó su alma hasta hacer de ella un huerto o jardín donde su Majestad se holgaba y deleitaba. Para alcanzar este fin, nos ha dejado preciosas páginas de como regar este jardín de modo que siempre conserve su lozanía y hermosura. 

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«Paréceme ahora a mí que he leído u oído esta comparación –que como tengo mala memoria, ni sé adónde ni a qué propósito, mas para el mío ahora conténtame: ha de hacer cuenta el que comienza, que comienza a hacer un huerto en tierra muy infructuosa, que lleva muy malas hierbas, para que se deleite el Señor. Su Majestad arranca las malas hierbas y ha de plantar las buenas. Pues hagamos cuenta que está ya hecho esto cuando se determina a tener oración un alma y lo ha comenzado a usar. Y con ayuda de Dios hemos de procurar, como buenos hortelanos, que crezcan estas plantas y tener cuidado de regarlas para que no se pierdan, sino que vengan a echar flores que den de sí gran olor para dar recreación a este Señor nuestro, y así se venga a deleitar muchas veces a esta huerta y a holgarse entre estas virtudes.

Pues veamos ahora de la manera que se puede regar, para que entendamos lo que hemos de hacer y el trabajo que nos ha de costar, si es mayor que la ganancia, o hasta qué tanto tiempo se ha de tener.

Paréceme a mí que se puede regar de cuatro maneras:

– O con sacar el agua de un pozo, que es a nuestro gran trabajo.

– O con noria y arcaduces, que se saca con un torno; yo lo he sacado algunas veces: es a menos trabajo que esto otro y sácase más agua.

– O de un río o arroyo: esto se riega muy mejor, que queda más harta la tierra de agua y no se ha menester regar tan a menudo y es a menos trabajo mucho del hortelano.

– O con llover mucho, que lo riega el Señor sin trabajo ninguno nuestro, y es muy sin comparación mejor que todo lo que queda dicho». (Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, c. 11).

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

MISA TRADICIONAL EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Misa tradicional (Vetus Ordo) celebrada en la capilla dedicada a San Miguel Arcángel en la Basílica Vaticana de San Pedro (29.IX.2026). «Sancte Michäel Archangele, defende nos in proelio!». Me consuela pensar que este Príncipe de la milicia celestial lidera el ejercito de los que luchan por defender los derechos de Dios en la liturgia. Quis sicut Deus? en términos litúrgicos equivale ¡A Dios lo mejor!

Fuente: blog.messainlatino.it