viernes, 21 de agosto de 2026

UNA AMISTAD ENTRE SANTOS

Imagen de San Pío X realizada por del escultor italiano Sciancalepore. 
Encargada por San Josemaría Escrivá como manifestación
 de su inmensa devoción al Santo.

Desde muy temprano el fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá, tuvo especial devoción a San Pío X. Le guardó una particular gratitud porque gracias a sus disposiciones pudo hacer antes su primera Comunión. Más tarde le nombró entre los Santos intercesores de la Obra, y el recurso a su mediación se acentuó fuertemente en sus últimos años. Por entonces, llegaron a sus manos varias reliquias de San Pío décimo donadas por familiares descendientes del Papa Sarto. En un coloquio de familia en 1972, comentó: He estado leyendo recientemente los documentos de este Santo Papa… Le quiero particularmente, y pienso que él, desde el Cielo, está ayudando mucho al Opus Dei. Parece que está contento, porque ha puesto en mis manos, en este año pasado, un montón de reliquias suyas… Procuro corresponder a su cariño haciéndole amar, porque en ciertas esferas eclesiásticas no se puede ni hablar de San Pio X... Leed todos los documentos suyos, y gozaréis. Son de una actualidad tan grande, que deberían volverse a escribir para la Iglesia de ahora. Amad mucho a San Pio X y releed sus escritos”. Finalmente su agradecimiento y devoción a San Pio X se materializó en la hermosa imagen que mandó colocar en Cavavianca, el Seminario romano de la Prelatura, con una lápida en latín que es un buen reflejo de los sentimientos e intenciones que deseaba dejar a los pies del Santo Pontífice. Pocos días antes de su muerte, oró frente a esta imagen. Como había indicado que se doraran algunos elementos de la escultura para que luciera más, se dirigió al santo con este amistoso halago: ¡Qué guapo te van a dejar!’». Abajo una traducción propia del texto latino de la lápida:

EN EL AÑO 1972 DE NUESTRA REDENCIÓN

Mientras la Santa Iglesia se ve afligida por muchas insidias del diablo, esta imagen de San Pío X ha sido colocada para que, con su ayuda e intercesión, el Opus Dei, siempre firme en la fe e inflamado por un amor ardiente a la Santísima Eucaristía, persevere sin cesar en su misión de defender fielmente a la Madre Iglesia y al Romano Pontífice.


miércoles, 19 de agosto de 2026

COMO CAZADOR SIGILOSO

Natividad de Murillo

Es propio del cazador experimentado acercarse sigilosamente a su presa para no espantarla ni precipitar su fuga con riesgo de perderla. Así actuó Dios al venir a este mundo: ocultó su infinita majestad para no ahuyentar a la oveja perdida que venía a rescatar. Como un cazador sigiloso –dirá Teodoto de Ancira (+ ca 446)– se revistió con la debilidad de la carne para evitar nuestra huida y alcanzarnos con los dardos de su amor.

* * *

«Ni los profetas, que habían sido vencidos; ni los doctores, que nada habían adelantado; ni la Ley, que carecía de la fuerza suficiente; ni los frustrados intentos de los ángeles; ni la voluntad de los hombres, reacia a practicar lo que es bueno: para levantar la naturaleza caída, hubo de venir su mismo Creador. Y vino, no con la manifestación externa de su condición divina: precedido de un gran clamor, con el ensordecedor estruendo del trueno, rodeado de nubes y mostrando un fuego terrible; ni con sonido de trompetas, como antiguamente se había aparecido a los judíos, infundiéndoles terror; tampoco usó de insignias imperiales, ni se presentó con una corte de arcángeles: no deseaba atemorizar al desertor de sus leyes.

El Señor de todas las cosas apareció en forma de siervo, revestido de pobreza para que la presa no se le escapase espantada. Nació en una ciudad que no era ilustre en el Imperio, escogió una obscura aldea para ver la luz, fue alumbrado por una humilde virgen, asumiendo la indigencia más absoluta, para lograr, en silencio, al modo de un cazador, apresar a los hombres y así salvarles.

Si hubiese nacido con esplendor y rodeado de grandes riquezas, los incrédulos hubieran atribuido a esa abundancia la transformación de la tierra. Si hubiese escogido la gran ciudad de Roma, entonces la más poderosa, de nuevo habrían creído que la potencia de la Urbe fue la que cambió el mundo. Si hubiese sido hijo del emperador, habrían atribuido el bien conseguido a la nobleza y poder de esa cuna. Si fuese hijo de un gran hombre de leyes, lo hubiesen achacado a la sabiduría de sus prescripciones.

¿Qué es lo que hizo en cambio? Escogió todo lo que es pobre y sin valor alguno, lo más modesto e insignificante, para que fuese evidente que sólo la Divinidad ha transformado el mundo. Precisamente por eso, eligió una madre pobre, una patria todavía más pobre, y Él mismo se hizo pobrísimo».

(Teodoto de Ancira, Homilía I en la Navidad del Señor).

 

martes, 11 de agosto de 2026

EL SENTIDO DEL SACRIFICIO: COMPRAR EL AMOR DE DIOS

«En esto está todo el contenido esencial de la misa: en la realización de un sacrificio», dice el Beato Rafael Alcocer OSB, mártir, en su obra La Misa de siempre. La misa Católica explicada a los fieles. Abajo recojo algunos párrafos sugerentes del libro donde el autor señala que la finalidad última que mueve al hombre a ofrecer sacrificios a Dios es el deseo de comprar su amor.

* * *

“Decía Platón, –en “el Banquete”– que “todo el arte de los sacrificios no tiene más objeto que conservar el amor… Le está encomendado cuidar del amor entre los hombres y los dioses, y producirlo”. Como inspirado y casi en mística “catarsis”, el gran filósofo penetra verticalmente en el entrañado sentido de este acto de religión. Un poco más de estremecimiento en su estado como de trance, y, en vez de “producir” hubiera dicho “comprar el amor”.

En efecto; el sacrificio puede definirse diciendo que es un don sensible ofrecido a Dios para expresar simbólicamente la donación que el hombre hace de sí mismo a la divinidad.

Los sacrificios tienen por nota sustantiva y primera el expresar por parte del hombre una relación de dependencia con respecto a su Dios; pero cualquiera que sea la finalidad inmediata de un sacrifico, y aunque parezca limitado a expresar una declaración de entrega por parte del hombre, lo que más en el fondo expresa es una petición; lo que realmente intenta el hombre por medio del sacrifico es siempre y en último análisis comprar el amor de su Dios”.

Sin embargo, para poder alcanzar ese noble fin algo faltaba a los sacrificios humanos. Sigue diciendo Alcocer: “Platón, sin adivinar siquiera el más hondo sentido de sus palabras, decía ser propio de los sacrificios “Producir el amor entre los hombres y los dioses. Y, precisamente, toda la cuestión estaba en esto.

Rota por el pecado primero la comunicación sobrenatural de los hombres con Dios, por muchas víctimas que inmolaran, por mucho que ofrecieran, valía más, inmensamente más, lo que trataba de adquirir que el precio que ofrecía…

Y era imposible soñar siquiera que el hombre pudiera tener jamás en sus manos una hostia de tal precio para ofrecerla al Señor…

Lo que la humanidad pedía en el orden sobrenatural quedó obtenido de una vez para siempre no por el valor de sus víctimas, sino por aquella Víctima que valía tanto como Dios. Y esto es el sacrificio del Calvario.

Pero además, en la noche de la Cena última, en aquel acto tremendo en el cual Jesucristo hizo al Padre la ofrenda sacerdotal de sí mismo, dejó por la institución eucarística su Cuerpo y su Sangre en nuestra pobres manos, vacías del todo, para que tuviéramos una víctima, una hostia eficaz que ofrecer al Señor y poder hacer personalmente nuestro el sacrificio mismo de la Cruz al renovarlo incruento en el altar. Y esto es el sacrifico de la misa”.

(Rafael Alcocer Martínez, OSB, La misa de siempre, versión Kindle, C. III, El Sacrifico de la misa).


 

jueves, 6 de agosto de 2026

¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!

Icono de la Transfiguración (siglo XV)

El misterio de la Transfiguración del Señor marca un hito importante en la vida pública del Señor. El siguiente texto de un antiguo padre de la Iglesia nos invita a entrar en la nube que cubre el Monte Santo para exclamar con Pedro: ¡qué bien se está aquí!

* * *

«Debemos apresurarnos a ir hacia allí —así me atrevo a decirlo— como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.

Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, ¡qué bien se está aquí!

Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí! donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras».

 

(Del sermón de Anastasio Sinaíta, obispo, en el día de la Transfiguración del Señor. Oficio de lectura de la fiesta).


 

lunes, 3 de agosto de 2026

EL «NOLI ME TANGERE» COMENTADO POR SAN AGUSTÍN

"Noli me tangere" de Giulio Romano

«Hemos escuchado y hasta visto con los ojos de la fe el afecto de aquella piadosa mujer hacia el Señor. Buscaba a Jesús, pero todavía como quien busca el cuerpo de un hombre muerto y le amaba pero como a un maestro bueno…»

«¿Qué significa, pues: No me toques (Noli me tangere)? (Jn 20, 17). Este tocar simboliza la fe, pues tocando se acerca uno a lo tocado. Pensad en aquella mujer que padecía flujo de sangre. Decía en su corazón: Sanaré si toco la orla de su vestido (Mt 9, 21). Se acercó, la tocó y sanó. ¿Qué significa: «Se acercó y la tocó»? Que se acercó y creyó.

Para que sepáis que lo tocó mediante la fe, dijo el Señor: Alguien me ha tocado (Lc 8, 46).  ¿Qué es me ha tocado, sino «ha creído en mí»? Para que veáis que el tocar equivale al creer, le respondieron los discípulos y le dijeron: La multitud te apretuja y preguntas: ¿Quién me ha tocado? (Lc 8, 45-46). Si caminaras solo, si el gentío se apartase para que tú pasases, si nadie estuviese a tu lado, harías bien en decir: Alguien me ha tocado. ¡La multitud te apretuja, y tú piensas en que uno te ha tocado! Pero él insistió: Alguien me ha tocado. Primero había preguntado: ¿Quién me ha tocado?, y luego afirma: Alguien me ha tocado. Lo sabéis, puesto que decís: La multitud te apretuja. Alguien me ha tocado. Esta multitud sabe apretujar, mas no tocar. Está claro que es esto lo que quiso indicar al decir: ¿Quién me ha tocado? y Alguien me ha tocado.

Creemos, pues, que ese tocar es la fe de quien toca, o, mejor, el acercarse de quien cree. ¿Qué significa, en consecuencia: No me toques, pues aún no he subido a mi Padre? (Jn 20, 17). Piensas que soy solo lo que ves: aún no he subido a mi Padre. Ves que soy un hombre, y piensas que soy solo hombre; es cierto que soy hombre, pero no se quede ahí tu fe. No me toques pensando que soy solo un hombre. Aún no he subido a mi Padre. Subo a mi Padre: tócame entonces; es decir, progresa en la fe, comprende que soy igual al Padre; tócame entonces y sanarás. No me toques, pues aún no he subido a mi Padre. Ves que he descendido, pero aún no ves que he subido. Aún no he subido a mi Padre. Me anonadé tomando la forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres y hallado como hombre en el aspecto externo (Flp 2, 7). Esto es lo que ha sido crucificado, sepultado y lo que resucitó. No ves, en cambio, lo otro: Existiendo en la forma de Dios, no consideró una rapiña ser igual a Dios (Flp 2, 6). Aún no ves que he ascendido. No pierdas el cielo tocando la tierra; no renuncies a creer en él como Dios, quedándote solo en el hombre. No me toques, pues aún no he subido al cielo».

(San Agustín, Obras completas, Del Sermón 244, sobre la Aparición a María Magdalena. BAC 1983, Vol. XXIV).

 

viernes, 31 de julio de 2026

SANTIDAD Y BELLEZA, LOS CAMINOS DE LA IGLESIA

Catedral de León

En medio de una falta de interés generalizada y con evidente pérdida de tiempo, muchos debaten hoy sobre las sendas sinodales de la Iglesia. Pero hace ya más de veinte años que Ratzinger/Benedicto XVI señaló con convicción los caminos más expeditos para el futuro de la Iglesia y el fortalecimiento de la fe: el encuentro con los santos y la experiencia de lo bello. La liturgia es sin duda el «locus» privilegiado para dicho encuentro. Cada año el calendario hace desfilar ante nuestros ojos el grandioso ejército de los santos, tan variados como idénticos por el amor apasionado a Cristo. Y es también en el campo de la liturgia donde la Iglesia ha hecho brotar bellezas cautivantes que han tocado y siguen tocando lo más íntimo de los corazones. ¿Podríamos, en consecuencia, permanecer pasivos mientras la fealdad y el mal gusto se apoderan del culto? Además, ¿no ha sido la liturgia tradicional fuente de santidad y belleza durante siglos como para pretender cancelarla?

* * *

«Con frecuencia he afirmado mi convicción de que la verdadera apología del cristianismo, la demostración más convincente de su verdad contra todo lo que lo niega, la constituyen, por un lado, los santos, y por otro, la belleza que la fe ha generado. Para que hoy la fe se pueda extender, tenemos que conducirnos a nosotros mismos y guiar a las personas con las que nos encontramos al encuentro con los santos y a entrar en contacto con lo bello» (J. Ratzinger, Caminos de Jesucristo, Ed. Cristiandad 2004, p. 39).
 



jueves, 23 de julio de 2026

BRÍGIDA, MÍSTICA DE LA PASIÓN DE CRISTO

Escarnio de Cristo. Matthias Grünewald 

Como contemplativa asidua de la pasión de Cristo, Santa Brígida supo convertir cada escarnio, cada humillación, cada golpe padecido por Jesús en su camino de dolor, en un himno de agradecimiento, alabanza y glorificación a nuestro Salvador: Honor para siempre a ti, mi Señor Jesucristo..., Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo…, Alabanza eterna a ti, mi Señor JesucristoEn una de las ascensiones de su alma se dirige al Señor con estas palabras:

«Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, por las burlas que soportaste cuando fuiste revestido de púrpura y coronado con punzantes espinas, y aguantaste con una paciencia inagotable que fuera escupida tu faz gloriosa, que te taparan los ojos y que unas manos brutales golpearan sin piedad tu mejilla y tu cuello».

(De las oraciones de Santa Brígida. Cf. Oficio de lectura de su fiesta, 23 de julio).