jueves, 15 de octubre de 2026

TERESA DE ÁVILA, HORTELANA DE DIOS.

A Teresa de Jesús le gustaba comparar el alma a un huerto o jardín donde Dios trabaja con prolijidad. Fiel a las inspiraciones del jardinero divino y con maestría de hortelana experimentada, cultivó su alma hasta hacer de ella un huerto o jardín donde su Majestad se holgaba y deleitaba. Para alcanzar este fin, nos ha dejado preciosas páginas de como regar este jardín de modo que siempre conserve su lozanía y hermosura. 

* * *

«Paréceme ahora a mí que he leído u oído esta comparación –que como tengo mala memoria, ni sé adónde ni a qué propósito, mas para el mío ahora conténtame: ha de hacer cuenta el que comienza, que comienza a hacer un huerto en tierra muy infructuosa, que lleva muy malas hierbas, para que se deleite el Señor. Su Majestad arranca las malas hierbas y ha de plantar las buenas. Pues hagamos cuenta que está ya hecho esto cuando se determina a tener oración un alma y lo ha comenzado a usar. Y con ayuda de Dios hemos de procurar, como buenos hortelanos, que crezcan estas plantas y tener cuidado de regarlas para que no se pierdan, sino que vengan a echar flores que den de sí gran olor para dar recreación a este Señor nuestro, y así se venga a deleitar muchas veces a esta huerta y a holgarse entre estas virtudes.

Pues veamos ahora de la manera que se puede regar, para que entendamos lo que hemos de hacer y el trabajo que nos ha de costar, si es mayor que la ganancia, o hasta qué tanto tiempo se ha de tener.

Paréceme a mí que se puede regar de cuatro maneras:

– O con sacar el agua de un pozo, que es a nuestro gran trabajo.

– O con noria y arcaduces, que se saca con un torno; yo lo he sacado algunas veces: es a menos trabajo que esto otro y sácase más agua.

– O de un río o arroyo: esto se riega muy mejor, que queda más harta la tierra de agua y no se ha menester regar tan a menudo y es a menos trabajo mucho del hortelano.

– O con llover mucho, que lo riega el Señor sin trabajo ninguno nuestro, y es muy sin comparación mejor que todo lo que queda dicho». (Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, c. 11).

 

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