Conmovedora anécdota en la vida de Santa Faustina Kowalska que nos ayuda a comprender mejor la hondura del perdón divino. Dios, -tardo a la ira y grande en misericordia- (Num 14, 18), se olvida prontamente de los pecados que perdona. Un perdón sin olvido siempre será un perdón resentido.
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«Llevaba Santa Faustina Kowalska unos días algo inquieta por unas visiones que tenía. Dudando de si eran de Dios o, al contrario, eran provocadas por el demonio para confundirla, lo habló con su confesor. Este, que era una persona muy espiritual como después se demostró, le dijo: “La próxima vez que veas la visión pregúntale cuál fue el último pecado que te perdonó Dios”.
Así lo hizo Santa Faustina y en la
próxima ocasión que tuvo dijo a la visión: “¿Cuál es el último pecado que me
perdonó Dios?” Y la visión respondió: “No me acuerdo”.
Volvió la Santa al confesor y le contó la respuesta recibida, a lo que éste dijo: “Verdaderamente es Dios a quién ves».
Fuente: religionenlibertad.com

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