Acuérdate, hombre, que eres polvo, y en polvo te convertirás. Desde su inicio, la liturgia cuaresmal nos asesta un duro golpe, de modo semejante a como lo hacen las palabras de esta lápida: AQUÍ YACE POLVO, CENIZAS, Y NADA. Sobre la base de esta humildad es posible toda conversión.
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