martes, 6 de enero de 2026

EPIFANÍA, CAMINO DE FIDELIDAD

Adoración de los Magos 
Pedro Pablo Rubens

Prontitud, generosidad y perseverancia son las cualidades que un autor espiritual señala como definitorias de la fidelidad de los Magos. Y como recompensa a dicha lealtad, Dios les concede el gozo de ver con sus propios ojos al Salvador del mundo.

I. «La fidelidad a la gracia supone, ante todo, prontitud en seguir su impulso. La de los Magos fue admirable: una estrella, de brillo extraordinario, les llamó su atención, una voz interior les hizo comprender su significación; al punto, deshaciéndose de todo lo que podía detenerlos, se pusieron en estado de seguirla. Ellos pudieron decir, con toda verdad, al rey Herodes: Vidimus et venimos. Hemos visto la estrella del Rey recién nacido, y hemos venido al punto para adorarlo. (Mt 2).

Es probable que otros muchos sabios, observadores como ellos del curso de los astros, vieron la estrella y se sintieron interiormente inclinados seguirla: pero creyeron deber aguardar explicaciones ulteriores. Sus razonamientos y su morosidad les han privado por siempre jamás del más insigne de los favores, de la felicidad de ver con sus propios ojos al Salvador del mundo.

II. La fidelidad a la gracia supone también la generosidad. Esta virtud consiste en sobreponerse a las dificultades e imposibilidades aparentes de que se espanta naturalmente nuestro amor propio y nuestra pusilanimidad.

Esta generosidad era, sin duda alguna, necesaria a los Magos: el viaje que tenían que emprender era largo; la estación rigurosa y los caminos poco practicables; por otra parte, ignoraban dónde les conduciría la estrella, y cuánto tiempo estarían apartados de sus familias y de sus negocios. Se exponían además a la crítica y burlas de sus conciudadanos. Nada de esto los detuvo; se abandonaron con entera confianza a Aquel que les había llamado con señales tan evidentes.

III. La fidelidad a la gracia supone, en tercer lugar, la perseverancia, porque los buenos propósitos que la gracia nos inspira, a veces no se pueden realizar por completo en los primeros momentos, sino que exigen, de nuestra parte, esfuerzos continuos de algunos días y meses.

La perseverancia de los Magos fue heroica. Nada pudo inmutarla: ni las intemperies del aire, ni las privaciones, ni lo largo del camino, ni la desaparición de la estrella, ni la indiferencia inexplicable con que los habitantes de Jerusalén recibieron la noticia del gran acontecimiento anunciado por la estrella. Dios recompensó su constancia. La estrella volvió a aparecer y los condujo a los pies del divino Salvador».

(Fuente: Bruno Vercruysse, Nuevas Mediaciones Prácticas, Vol. I, París-México 1900, pp. 23-25)


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