«Hemos convertido las iglesias en
lugares de encuentros convivales, en salas de concierto y en museos turísticos,
y nuestras liturgias, en entretenimientos, divertimentos y manifestaciones
folclóricas o culturales, en lugar de respetarlos por ser Moradas, Templos
santos de Dios y lugares de oración. Nos olvidamos de reconocer su Presencia
divina en el sagrario, y qué escasas son la veneración, el respeto y la
deferencia que mostramos. Ya nadie se arrodilla delante del Señor. Algunos
sacerdotes maltratan a sus fieles prohibiéndoles arrodillarse para recibir la
sagrada comunión. Y lo que es peor: a los fieles que se arrodillan para recibir
a Jesús Eucaristía llegan incluso a imponerles su falta de piedad y su
irreverencia ante la Presencia divina más inaudita. Estos sacerdotes tendrán
que rendir cuentas ante Dios de su impía autoridad. No, ya no sabemos
adorar a Dios en silencio. Ya nadie se prosterna ante la majestad del Señor,
del Todopoderoso». (Cardenal Robert Sarah, El amor en el matrimonio,
Palabra 2023, p. 75)

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