martes, 13 de enero de 2026

EL PRIMER RUGIDO DE LEÓN

Casi todos los medios de comunicación han destacado el tono directo y fuerte del discurso que León XIV dirigió al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. “Asistimos al fin de la «Diplomacia del Silencio» –comentaba al respecto Don Mario Proietti en Korazym–. Tradicionalmente, la diplomacia de la Santa Sede prefiere tonos matizados para mantener abiertos los canales con los gobiernos; sin embargo, hoy León XIV opta por la confrontación intelectual. Utilizar términos como «lenguaje orwelliano» o denunciar el «cortocircuito de derechos» ante embajadores de todo el mundo representa un gesto de agresividad comunicativa que no se veía desde hacía tiempo".

Con todo respeto, se podría decir que ha sido su primer rugido frente a las lacras que atenazan nuestra decadente sociedad occidental; como un recordatorio de las palabras del Apóstol a los hombres de nuestro tiempo: “Es hora de despertar de vuestro sueño” (Cf. Rm 13, 11).

Extractos del discurso del Santo Padre:

«Hoy en día, el significado de las palabras es cada vez más fluido y los conceptos que representan son cada vez más ambiguos. El lenguaje ya no es el medio preferido por los seres humanos para conocerse y relacionarse entre sí. Además, en las contorsiones de la ambigüedad semántica, el lenguaje se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes. Las palabras deben volver a expresar ciertas realidades de forma inequívoca. Sólo así podrá reanudarse el diálogo auténtico sin malentendidos. Esto debería ocurrir en nuestros hogares y espacios públicos, en la política, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Del mismo modo, debería ocurrir en el contexto de las relaciones internacionales y el multilateralismo, para que este último pueda recuperar la fuerza precisa para desempeñar su papel de encuentro y mediación. Esto es realmente necesario para prevenir conflictos y garantizar que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar.

También debemos señalar la paradoja de que este debilitamiento del lenguaje se invoca a menudo en nombre de la propia libertad de expresión. Sin embargo, si lo analizamos más detenidamente, ocurre lo contrario, ya que la libertad de expresión está garantizada precisamente por la certeza del lenguaje y el hecho de que cada término está anclado en la verdad. Es doloroso ver cómo, especialmente en Occidente, el espacio para la verdadera libertad de expresión se está reduciendo rápidamente. Al mismo tiempo, se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que, en un intento por ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan».

«La vocación al amor y a la vida, que se manifiesta de manera importante en la unión exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre, implica un imperativo ético fundamental para que las familias puedan acoger y cuidar plenamente la vida por nacer. Esto es cada vez más una prioridad, especialmente en aquellos países que están experimentando un dramático descenso de la natalidad. La vida, de hecho, es un don inestimable que se desarrolla dentro de una relación comprometida basada en la entrega mutua y el servicio.

A la luz de esta profunda visión de la vida como un don que hay que apreciar, y de la familia como su guardiana responsable, rechazamos categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo. Entre ellas se encuentra el aborto, que interrumpe una vida en crecimiento y rechaza acoger el don de la vida. En este sentido, la Santa Sede expresa su profunda preocupación por los proyectos destinados a financiar la movilidad transfronteriza con el fin de acceder al llamado “derecho al aborto seguro”. Asimismo, considera deplorable que se asignen recursos públicos para suprimir la vida, en lugar de invertirlos en apoyar a las madres y las familias. El objetivo principal debe seguir siendo la protección de todos los niños no nacidos y el apoyo efectivo y concreto a todas las mujeres para que puedan acoger la vida.

De manera similar, existe la práctica de la subrogación. Al convertir la gestación en un servicio negociable, se viola la dignidad de ambos, tanto del niño, que queda reducido a un “producto”, como de la madre, al explotar su cuerpo y el proceso generativo y alterar la vocación relacional original de la familia.

Consideraciones similares se aplican también a los enfermos y a las personas mayores y solas, que a veces tienen dificultades para encontrar una razón para seguir viviendo. La sociedad civil y los Estados también tienen la responsabilidad de responder de manera concreta a las situaciones de vulnerabilidad, ofreciendo soluciones al sufrimiento humano, como los cuidados paliativos, y promoviendo políticas de auténtica solidaridad, en lugar de fomentar formas falsas de compasión como la eutanasia».

Fuente: vatican.va





 

domingo, 11 de enero de 2026

DIGNIDAD CRISTIANA

Bautismo de Cristo. Paolo Veronese

«Por lo cual, amadísimos, demos gracias a Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo, que, por la inmensa misericordia con que nos amó, se compadeció de nosotros, y, estando muertos por el pecado nos resucitó a la vida de Cristo (Ef 2, 5), para que fuésemos en él una nueva criatura, una nueva obra de sus manos. Por tanto, dejemos al hombre viejo con sus acciones (Col 3, 9), y renunciemos a las obras de la carne nosotros que hemos sido admitidos a participar del nacimiento de Cristo.

Reconoce, ¡oh cristiano!, tu dignidad, pues participas de la divina naturaleza (2 Pe 1, 4), y no vuelvas a la antigua vileza con una vida depravada. Recuerda de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. Ten presente que arrancado al poder de las tinieblas Col 1, 13) se te ha trasladado al reino y claridad de Dios. Por el sacramento del Bautismo te convertiste en templo del Espíritu Santo. No ahuyentes a tan escogido huésped con acciones pecaminosas, no te entregues otra vez como esclavo al demonio, pues has costado la sangre de Cristo, quien te redimió según su misericordia y te juzgará conforme a la verdad, el cual con el Padre y el Espíritu Santo reina por los siglos de los siglos. Amén».

(San León Magno, Homilías sobre el año litúrgico. Homilía I en la Natividad del Señor, n. 3, BAC 2014, p. 31)

 

martes, 6 de enero de 2026

EPIFANÍA, CAMINO DE FIDELIDAD

Adoración de los Magos 
Pedro Pablo Rubens

Prontitud, generosidad y perseverancia son las cualidades que un autor espiritual señala como definitorias de la fidelidad de los Magos. Y como recompensa a dicha lealtad, Dios les concede el gozo de ver con sus propios ojos al Salvador del mundo.

I. «La fidelidad a la gracia supone, ante todo, prontitud en seguir su impulso. La de los Magos fue admirable: una estrella, de brillo extraordinario, les llamó su atención, una voz interior les hizo comprender su significación; al punto, deshaciéndose de todo lo que podía detenerlos, se pusieron en estado de seguirla. Ellos pudieron decir, con toda verdad, al rey Herodes: Vidimus et venimos. Hemos visto la estrella del Rey recién nacido, y hemos venido al punto para adorarlo. (Mt 2).

Es probable que otros muchos sabios, observadores como ellos del curso de los astros, vieron la estrella y se sintieron interiormente inclinados seguirla: pero creyeron deber aguardar explicaciones ulteriores. Sus razonamientos y su morosidad les han privado por siempre jamás del más insigne de los favores, de la felicidad de ver con sus propios ojos al Salvador del mundo.

II. La fidelidad a la gracia supone también la generosidad. Esta virtud consiste en sobreponerse a las dificultades e imposibilidades aparentes de que se espanta naturalmente nuestro amor propio y nuestra pusilanimidad.

Esta generosidad era, sin duda alguna, necesaria a los Magos: el viaje que tenían que emprender era largo; la estación rigurosa y los caminos poco practicables; por otra parte, ignoraban dónde les conduciría la estrella, y cuánto tiempo estarían apartados de sus familias y de sus negocios. Se exponían además a la crítica y burlas de sus conciudadanos. Nada de esto los detuvo; se abandonaron con entera confianza a Aquel que les había llamado con señales tan evidentes.

III. La fidelidad a la gracia supone, en tercer lugar, la perseverancia, porque los buenos propósitos que la gracia nos inspira, a veces no se pueden realizar por completo en los primeros momentos, sino que exigen, de nuestra parte, esfuerzos continuos de algunos días y meses.

La perseverancia de los Magos fue heroica. Nada pudo inmutarla: ni las intemperies del aire, ni las privaciones, ni lo largo del camino, ni la desaparición de la estrella, ni la indiferencia inexplicable con que los habitantes de Jerusalén recibieron la noticia del gran acontecimiento anunciado por la estrella. Dios recompensó su constancia. La estrella volvió a aparecer y los condujo a los pies del divino Salvador».

(Fuente: Bruno Vercruysse, Nuevas Mediaciones Prácticas, Vol. I, París-México 1900, pp. 23-25)