La
llave y el cetro son signos de la potestad regia. El Mesías Redentor viene a
liberarnos del cautiverio del pecado, del demonio y de la muerte. Sobre todo,
con su llave omnipotente, viene a abrirnos las puertas del Reino de los cielos
que el pecado había cerrado para siempre. Ya podemos adentrarnos en el mundo de
su luz admirable y respirar el aire puro de su gracia.
* * *
«¡Oh Hijo de David, heredero de su trono y de su poderío! en tu triunfal marcha vas recorriendo una tierra sometida en otros tiempos a tu abuelo, y hoy esclavizada por los Gentiles. Por todas partes reconoces a tu paso los lugares que fueron testigos de los prodigios de la justicia y de la misericordia de Dios Padre para con su pueblo, en tiempos del Antiguo Testamento que ya termina. Pronto, libre ya del velo virginal que te envuelve volverás a recorrer todas esas tierras; pasarás por ellas haciendo el bien, curando toda suerte de miserias y enfermedades, y sin tener donde descansar tu cabeza. Al menos hoy te ofrece el seno materno un dulce y tranquilo refugio, donde recibes las demostraciones del más tierno y respetuoso amor. Pero, debes salir, Señor, de ese feliz retiro; es necesario, oh Luz eterna, que brilles en medio de las tinieblas, porque el cautivo a quien vas a libertar yace sumido en las mazmorras. Sentado en las sombras de la muerte va a perecer en ellas si no vienes pronto a abrir sus puertas con tu Llave omnipotente. Oh Jesús, ese Cautivo es el género humano esclavo de sus vicios y errores; ven a romper el yugo que le abruma y degrada; ese cautivo es nuestro propio corazón, esclavizado con frecuencia por sus malas inclinaciones: ven, oh divino Libertador, a liberar todo lo que gratuitamente creaste libre, y a hacernos dignos de ser hermanos tuyos» (Dom Gueranger, Id, p. 641).
O
clavis David, canto y partitura: www.youtube.com
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