miércoles, 22 de junio de 2016

EL PELIGRO DE LA SOMNOLENCIA. UNA EXHORTACIÓN DE TOMÁS MORO

Desde la prisión y ante el cercano horizonte de su martirio, Santo Tomás Moro escribe un precioso y postrer libro titulado La agonía de Cristo. En él, el gran humanista contempla el abandono de Cristo por parte de los suyos y entrevé en el sueño que invade a los apóstoles la grave responsabilidad que pesa sobre los pastores de la Iglesia a la hora de vigilar sobre el rebaño que se les ha confiado. Por eso no duda en exclamar: Cur non hic contemplentur episcopi somnolentiam suam?: “¿por qué no contemplan los obispos en esta escena su propia somnolencia?” La desidia y poca fortaleza que ve a su alrededor, la amenazada unidad de la Iglesia, a la cual ama con pasión y por la que tanto sufre, le impelen a exhortar a los obispos a sacudir de sus vidas todo adormilamiento y dar la vida, si es necesario, por el bien de su grey.

"Levantándose del suelo y volviendo a sus discípulos, hallólos dormidos por causa de la tristeza. Les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para no caer en la tentación…” (Lc 22, 45)

V
uelve Cristo por tercera vez adonde están sus Apóstoles, y allí los encuentra sepultados en el sueño, a pesar del mandato que les había dado de vigilar y rezar ante el peligro que se cernía. Al mismo tiempo, Judas, el traidor, se mantenía bien despierto, y tan concentrado en traicionar a su Señor que ni siquiera la idea de dormirse se le pasó por la cabeza. ¿No es este contraste entre el traidor y los Apóstoles como una imagen especular, y no menos clara que triste y terrible, de lo que ha ocurrido a través de los siglos, desde aquellos tiempos hasta nuestros días? ¿Por qué no contemplan los obispos, en esta escena, su propia somnolencia? Han sucedido a los Apóstoles en el cargo, ¡ojalá reprodujeran sus virtudes con la misma gana y deseo con que abrazan su autoridad! ¡Ojalá les imitaran en lo otro con la fidelidad con que imitan su somnolencia! Pues son muchos los que se duermen en la tarea de sembrar virtudes entre la gente y mantener la verdadera doctrina, mientras que los enemigos de Cristo, con objeto de sembrar el vicio y desarraigar la fe (en la medida en que pueden prender de nuevo a Cristo y crucificarlo otra vez), se mantienen bien despiertos. Con razón dice Cristo que los hijos de las tinieblas son mucho más astutos que los hijos de la luz…
Cristo mandó tener por nada la pérdida de nuestro cuerpo por su causa “No temáis a quienes matan el cuerpo, y no pueden hacer más. Yo os mostraré a quién habéis de temer: Temed al que después de quitar la vida, puede mandar al infierno. A ése, os repito habéis de temer” (Lc 12, 4-5). Para todos, sin excepción, dijo estas palabras, caso de que hayan sido encarcelados y no haya escapatoria posible. Pero añade algo más para aquellos que llevan el peso y la responsabilidad episcopal: no permite que se preocupen solo de sus propias almas, ni tampoco que se contenten refugiándose en el silencio, hasta que sean arrastrados y forzados a escoger entre una abierta profesión de fe o una engañosa simulación. No. Quiso que dieran la cara si ven que la grey a ellos confiada está en peligro, y que hicieran frente al peligro con su propio riesgo, por el bien de su rebaño". (Santo Tomás Moro, La agonía de Cristo, Ed. Rialp, Madrid 1989, p. 73-74 y 76).

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