domingo, 30 de noviembre de 2014

TENTACIÓN SINODAL

“No habiendo logrado que los hombres practiquen lo que enseña, la Iglesia actual ha resuelto enseñar lo que practican”.
(Nicolás Gómez Dávila)


jueves, 27 de noviembre de 2014

SANTO TOMÁS Y EL PORQUÉ DE LA RELIGIÓN

En un texto poco conocido pero de profunda densidad metafísica, Santo Tomás nos ofrece una admirable fundamentación ontológica de la religión. Por el hecho mismo de ser creatura, el hombre no puede entenderse sino como “ligado” a su Creador, fuente originaria de su ser, y en tensión permanente hacia Él.

“Para poder conocer la naturaleza de la religión, indaguemos el origen de su nombre. El nombre de religión, como parece indicar Agustín en el libro “De la religión verdadera”, ha sido tomado de ‘religar’. Ahora bien, en sentido propio se dice que ‛está ligado’ aquello que está sujeto de tal manera a una cosa que su libertad de separarse de dirección de otras cosas queda suprimida. Pero ‛religazón’ (religatio) implica una nueva ligazón (ligatio), e indica que algo está otra vez ligado a aquello a lo que estuvo unido primeramente y de lo cual comenzó luego a separarse. Y puesto que toda criatura existía en Dios antes de existir por sí misma y de haber salido de Dios, y comenzó en cierto modo a estar separada de Él según su esencia en virtud de la creación, por eso es que la criatura racional debe ser religada a Dios mismo, para que de ese modo “los ríos reviertan al lugar de donde fluyeron” (Eccl. I 7). Y por eso dice Agustín en “De la religión verdadera”: ‛la religión nos religa al Dios omnipotente’.”
Santo Tomás de Aquino, Contra impugnantes Dei cultum et religionem, Prol. Cap. 1, 1.

jueves, 20 de noviembre de 2014

EL LATÍN, MÁS QUE ÚTIL, BELLO

Copio de una interesante carta aparecida en el Mercurio de Santiago el pasado 3 de noviembre, algunas consideraciones que un joven filósofo nos ofrece sobre el estudio de la lengua latina.

"El latín que debería estudiarse como disciplina obligatoria en las escuelas humanistas y en las universidades es, nada más ni nada menos, la lengua en la cual se plasmó el genio de épocas completas. Estudiar latín es introducirse en una gran odisea del espíritu humano, es sentarse a conversar con poetas, filósofos, oradores, concilios, teólogos, juristas, astrónomos y goliardos. Es darse cuenta de una gran verdad: sin estos personajes que pensaron y hablaron en latín, hoy estaríamos probablemente en las cavernas, comiéndonos los unos a los otros.
Sentarse a traducir, lentamente, las frases de algún vate o las sentencias de algún sabio, descubrir cómo nuestro castellano revela etimologías deliciosas, admirar la estructura y confección de frases musicales y recónditas, y darse cuenta de que somos herederos de un caudal aquilatado por muchos siglos es, entonces, como ir a un concierto de J. S. Bach o admirar una puesta de sol. Una actividad gratuita, pacífica, intensa y feliz".

sábado, 15 de noviembre de 2014

SAN ALBERTO MAGNO, EL SABER QUE SE VIERTE EN ALABANZA

Extracto de la Audiencia del miércoles 24 de marzo de 2010 que el Papa Benedicto XVI dedicó a San Alberto Magno, obispo y doctor, figura intelectual señera de la Iglesia.

"San Alberto muestra sobre todo que entre fe y ciencia no existe oposición, pese a algunos episodios de incomprensión que han tenido lugar en la historia. Un hombre de fe y de oración, como era san Alberto Magno, puede cultivar serenamente el estudio de las ciencias naturales y avanzar en el conocimiento del micro y del macrocosmos, descubriendo las leyes propias de la materia, porque todo esto concurre a alimentar la sed de Dios y el amor a él. La Biblia nos habla de la creación como del primer lenguaje a través del cual Dios —que es suma inteligencia, que es Logos— nos revela algo de sí mismo. El libro de la Sabiduría, por ejemplo, afirma que los fenómenos de la naturaleza, dotados de grandeza y belleza, son como las obras de un artista, a través de las cuales, por analogía, podemos conocer al Autor de la creación (cf. Sb 13, 5). Con una similitud clásica en la Edad Media y en el Renacimiento, el mundo natural puede compararse con un libro escrito por Dios, que nosotros leemos según los distintos enfoques de las ciencias ¡Cuántos científicos, siguiendo los pasos de san Alberto Magno, han llevado adelante sus investigaciones movidos por asombro y gratitud frente al mundo que, a sus ojos de estudiosos y creyentes, se presentaba y se presenta como la obra buena de un Creador sabio y amoroso! El estudio científico se transforma en un himno de alabanza. Lo había comprendido muy bien un gran astrofísico de nuestros tiempos, cuya causa de beatificación se ha incoado, Enrico Medi, el cual escribió: "Oh, vosotras, misteriosas galaxias..., yo os veo, os calculo, os entiendo, os estudio y os descubro, penetro en vosotras y os recojo. Tomo vuestra luz y con ella hago ciencia; tomo el movimiento y hago de él sabiduría; tomo el destello de los colores y hago de él poesía; os tomo a vosotras, estrellas, en mis manos, y temblando en la unidad de mi ser os elevo por encima de vosotras mismas, y en oración os presento al Creador, que vosotras sólo podéis adorar a través de mí" (Le opere. Inno alla creazione).
San Alberto Magno nos recuerda que entre ciencia y fe existe amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, mediante su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante camino de santidad".
Fuente:www.vatican.va

jueves, 13 de noviembre de 2014

INGENUIDAD PASTORAL

"La Iglesia, al abrir de par en par sus puertas, 
quiso facilitarles la entrada a los de fuera, 
sin pensar que más bien les facilitaba la salida a los de adentro".
(Nicolás Gómez Dávila)

miércoles, 5 de noviembre de 2014

UNA ESPINA EN EL ALMA DEL BEATO PABLO VI

Seis meses antes de su muerte el Papa Pablo VI manifestaba al clero de Roma el profundo dolor que causaba en su alma la ola creciente de las defecciones sacerdotales. Junto con alentar a los sacerdotes a ser fieles al llamado de Cristo, el Papa deploraba el afán desmedido de muchos clérigos por asimilarse a un hombre de mundo, desacralizando así su persona y su ministerio. Un texto digno de meditación y de perenne actualidad, si de verdad se busca un repunte significativo en el número de las vocaciones sacerdotales.

“…Nos abstenemos ahora de considerar las formas y las proporciones del fenómeno de las defecciones sacerdotales que estos últimos años ha afligido a la Iglesia y que está presente cada día en nuestra pena y en nuestra oración.
Las estadísticas nos abruman; la casuística nos desconcierta; las motivaciones, sí, nos imponen respeto y nos mueven a compasión, pero nos causan un dolor inmenso; la suerte de los débiles que han encontrado fuerza para desertar de su compromiso nos confunde y nos hace invocar la misericordia de Dios. Que sean justamente los predilectos de la Casa de Dios quienes impugnen su estabilidad y violen sus costumbres tiene para nosotros algo de inverosímil, qué nos pone en los labios las angustiadas palabras del Salmo: Si inimicus meus maledixisset mihi, sustinuissem utique… “Si me hubiese injuriado un enemigo, lo habría soportado; si se hubiese alzado contra mí un adversario, me habría escondido de él. ¡Pero eres tú, mi compañero, mi amigo y confidente! ¡Nos unía una dulce amistad, caminábamos jubilosos hacia la casa de Dios!" (Sal 54, 13-15).
Una táctica calculada se ha apoderado de la sicología de algunos hermanos en el sacerdocio —queremos creer que pocos— para desconsagrar su figura tradicional; un proceso de desacralización se ha apoderado de la institución sacerdotal para demoler su consistencia y cubrir sus ruinas, una manía de aseglaramiento ha arrancado las ínfulas exteriores del hábito sagrado y ha extirpado del corazón de algunos la sagrada reverencia debida a su propia persona, para sustituirla con una exhibida vanidad de lo profano y a veces incluso con la audacia de lo ilícito y de lo intemperante”. (DISCURSO DEL BEATO PABLO VI A LO SACERDOTES DE ROMA. Capilla Sixtina, viernes 10 de febrero de 1978).
Fuente: www.vatican.va

sábado, 1 de noviembre de 2014

RECORRIENDO EL JARDÍN DE DIOS

Copio esta bellísima reflexión de Benedicto XVI, sobre la fiesta de todos los Santos.


Queridos hermanos y hermanas:
Celebramos hoy con gran alegría la fiesta de Todos los Santos. Al visitar un jardín botánico, nos sorprende la variedad de plantas y flores, y resulta natural pensar en la fantasía del Creador, que ha transformado la tierra en un maravilloso jardín. Experimentamos un sentimiento análogo cuando consideramos el espectáculo de la santidad: el mundo se nos presenta como un "jardín", donde el Espíritu de Dios ha suscitado con admirable fantasía una multitud de santos y santas, de toda edad y condición social, de toda lengua, pueblo y cultura.
Cada uno es diferente del otro, con la singularidad de la propia personalidad humana y del propio carisma espiritual. Pero todos llevan grabado el "sello" de Jesús (cf. Ap 7, 3), es decir, la huella de su amor, testimoniado a través de la cruz. Todos viven felices, en una fiesta sin fin, pero, como Jesús, conquistaron esta meta pasando por fatigas y pruebas (cf. Ap 7, 14), afrontando cada uno su parte de sacrificio para participar en la gloria de la resurrección.
La solemnidad de Todos los Santos se fue consolidando durante el primer milenio cristiano como celebración colectiva de los mártires. En el año 609, en Roma, el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón, dedicándolo a la Virgen María y a todos los mártires. Por lo demás, podemos entender este martirio en sentido amplio, es decir, como amor a Cristo sin reservas, amor que se expresa en la entrega total de sí a Dios y a los hermanos. Esta meta espiritual, a la que tienden todos los bautizados, se alcanza siguiendo el camino de las "bienaventuranzas" evangélicas, que la liturgia nos indica en la solemnidad de hoy (cf. Mt 5, 1-12). Es el mismo camino trazado por Jesús y que los santos y santas se han esforzado por recorrer, aun conscientes de sus límites humanos.
En su existencia terrena han sido pobres de espíritu, han sentido dolor por los pecados, han sido mansos, han tenido hambre y sed de justicia, han sido misericordiosos, limpios de corazón, han trabajado por la paz y han sido perseguidos por causa de la justicia. Y Dios los ha hecho partícipes de su misma felicidad: la gustaron anticipadamente en este mundo y, en el más allá, gozan de ella en plenitud. Ahora han sido consolados, han heredado la tierra, han sido saciados, perdonados, ven a Dios, de quien son hijos. En una palabra: "de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5, 3.10).
En este día sentimos que se reaviva en nosotros la atracción hacia el cielo, que nos impulsa a apresurar el paso de nuestra peregrinación terrena. Sentimos que se enciende en nuestro corazón el deseo de unirnos para siempre a la familia de los santos, de la que ya ahora tenemos la gracia de formar parte. Como dice un célebre canto espiritual: "Cuando venga la multitud de tus santos, oh Señor, ¡cómo quisiera estar entre ellos!".
Que esta hermosa aspiración anime a todos los cristianos y les ayude a superar todas las dificultades, todos los temores, todas las tribulaciones. Queridos amigos, pongamos nuestra mano en la mano materna de María, Reina de todos los santos, y dejémonos guiar por ella hacia la patria celestial, en compañía de los espíritus bienaventurados "de toda nación, pueblo y lengua" (Ap 7, 9). Y unamos ya en la oración el recuerdo de nuestros queridos difuntos, a quienes mañana conmemoraremos. (Benedicto XVI, Ángelus 1° de noviembre de 2008, Solemnidad de todos los Santos)
Fuente: www.vatican.va